Fotorreportaje: Manjar para los dioses a cambio de lluvias para las siembras

Por   ・ México
Texto y fotografías por Martín Zetina Gijón 14 agosto, 2017

Manjar para los dioses a cambio de lluvias para las siembras
Jaanlil Kool Tu Kajíl o Comida de milpa en Hecelchakán”


San Francisco de Campeche, México.

Iniciaba el mes de mayo en la ciudad capital de San Francisco de Campeche y como pocas veces en mi vida desperté con la sensación de aroma a tierra mojada del mecanizado, justo después de que los campesinos realizaran la quema del monte para preparar la tierra y, posteriormente, comenzar las siembras. Con esta motivación, alisté mi equipo fotográfico y me dirigí a tomar el colectivo que me llevaría al municipio de Hecelchakán en dónde llevarían a cabo el tradicional ritual maya del Jaanlil Kool.

El ritual del Jaanlil Kool (Comida de Milpa) es una ceremonia ancestral que los campesinos mayas, acompañados de un J Meen (sacerdote), ofrecen a los dioses del monte para agradecer las bendiciones recibidas durante el año, pedir por la salud de los campesinos y sus familias y por la protección de los montes, las milpas, las lluvias y las buenas cosechas.

Durante el trayecto supe por la radio de la entrada del frente frío número 45 y de la sorpresiva tromba que azotó al Estado la tarde anterior. El saldo de los fuertes vientos fueron una persona muerta, la caída de árboles, postes de luz, techos de lámina, daños en vehículos y edificios públicos. Al llegar al poblado abordé un triciclo que a vuelta de rueda me trasladó al lugar del encuentro. Luego de presentarme y entablar conversación con algunos campesinos, noté su preocupación, pues hacía semanas que no llovía y la temperatura promedio estaba por encima de los 38 grados. En palabras de Don José, “la tierra casi echaba humo, si no caen las lluvias, las plantas no crecen, se mueren”.

La curiosidad hizo que pidiera entrevistarme con J Meen para hacerle unas preguntas. Enseguida, uno de los campesinos señaló con su dedo índice a una mujer de baja estatura que vestía el traje típico de los mayas, un vistoso huipil con hermosos decorados, bordado en punto de cruz y en varios colores. Ana Coreto Cahuich Canúl, J Meen, del poblado de San Vicente Cumpich, cuenta con 75 años de edad y se dedica a este noble oficio desde hace más de cincuenta años. “He nacido con el don, también se debe a la influencia de mi padre. Él fue un hierbatero reconocido que durante muchos años se dedicó a realizar todo tipo de rituales mayas, ayudando y sanando a mucha gente del campo hasta que falleció a los 105 años”, me comentó. Su hija Elaida Concepción Tun Cahuich, que se encargaba de supervisar la elaboración de los alimentos, agregó que “con mayor frecuencia son los Dzules (gente de dinero) los que realizan estas ceremonias, ya que pueden costear los gastos”.

Ya era casi medio día y la J Meen empezó a dar instrucciones a los participantes para acomodar las ofrendas principales sobre la mesa del altar. Debía iniciar el ritual con la ofrenda del saká. Cuando todo estuvo dispuesto sobre la mesa, la rezadora encendió cuatro veladoras, colocó el mismo número de jícaras con la bebida del saká y atizó el incienso. Caminó alrededor del altar pronunció las oraciones para la ofrenda, invocando y bendiciendo a los cuatro vientos: Norte “Xaman”, Sur “Nojol”, Este (Oriente) “Lakíin”, Oeste (Poniente) “Chikíin”. La mezcla del humo del incienso al contacto con las brasas de leña ardiendo se mezclaba con el viento que, de forma mágica, provenía de diferentes lugares, dando un toque de misterio al ritual. Después enunció una oración en maya mientras bendijo el saká, lo revolvió para beber una pequeña porción e invitó a los asistentes a tomar de ella. De esta manera iniciaba formalmente la ceremonia del Jaanlil Kool.

El lugar en dónde se llevó a cabo el ritual era perfecto. La sombra que ofrecían las ramas de los árboles nos cubría del intenso sol de mediodía. La mezcla de olores y el bullicio de la gente comunicándose en maya empataba perfecto con el guajoloteo de las aves de corral y el cantar de los pájaros armonizaba la escena.

Conforme fueron llegando más campesinos, se organizaron para elaborar los deliciosos pibes, conocidos como T´uuti Waaj y  Pibill Waaj. Mientras los elaboraban, otro grupo de campesinos cavó dos hoyos en la tierra para fabricar el tradicional Pib (horno en tierra).

Una vez depositados los 39 pibes los cubrieron con las ramas de un árbol llamado Pixoy, encima colocaron varias láminas y, sobre estas, bastante tierra cuidando de que no se escapara el humo por ninguna parte. Así quedó todo sepultado. Después de una hora con cuarenta y cinco minutos, los campesinos sacaron los pibes del horno. Para eso sólo utilizaron un par de palas y una carretilla. La molestia en los ojos y los pulmones después de exponerse ante el humo espeso e intenso que emanaba del horno, era notoria en los campesinos.

“¿A qué hora van por el alcohol?”, escuché preguntar a uno de los asistentes y sin pensarlo dos veces metí la mano en mi bolsillo para sacar la cartera. Con el fuerte calor que hacía yo también quería refrescarme, pero mi sorpresa fue grande cuando me explicaron que se referían a la preparación de la bebida del balché. Para prepararla agregaron miel al agua purificada, un galón de licor y mucho hielo, mientras Concepción Tun utilizó una rama del árbol de balché para revolver la bebida, por cierto, refrescante y deliciosa. 

Antes de iniciar con la última fase del ritual, los participantes terminaron de preparar los alimentos que ofrendarían a los dioses y, posteriormente, repartirían entre los asistentes. En el altar dispusieron los alimentos, las bebidas, el incienso, cigarros, agua bendita, ramas de sipché, flores, licor, cacao y sal. También pusieron la imagen de la Virgen de Guadalupe., aunque en algunos casos utilizan una cruz verde de madera.

El rezo final duró unos 20 minutos y durante su desarrollo aconsejaron no pasar por el frente del altar, ya que cualquiera podía enfermar, “agarrar el mal viento”. Sobre todo las mujeres, que durante toda la ceremonia deben permanecer en la cocina o alejadas del altar. Tampoco es recomendable que asistan mujeres embarazadas y mucho menos que participen en el ritual, pues, según la tradición popular, eso disgustaría a los dioses.

Para culminar con el rito, la J Meen derramó saká de las cuatro jícaras con dirección a los cuatro puntos cardinales mientras enunciaba las plegarias en maya. Enseguida roció tizne y carbón del horno donde se prepararon los alimentos sagrados.

La ceremonia estuvo a cargo de la Sociedad de Producción Rural (SPR), conformada por 125 productores de los poblados de Kakaxnuc, Homluum, Xtunkuy, Xkombek, Xunan Yaa e Xcacal.

Desde hace cinco años, realizan este ritual entre los meses de abril a mayo. De no hacerlo, creen que los dioses podrían castigarlos, ocasionando que las cosechas no levanten como esperaban o que algún familiar enferme.

 “Es una ofrenda para dar gracias a Yum Kaax, Yum Chaak y a los Aluxes. Es como un regalo que te piden antes que se enferme un familiar o se desquiten con las cosechas, por eso lo haces voluntariamente”, me indicó Ángel Gabriel Chablé Ceh, de la SPR.

Al finalizar los rezos y una vez convidados los dioses ancestrales, se llevó a cabo el tradicional Máatan, que en términos mayas significa “regalar”, para lo cual los invitados formaron dos largas filas a fin de recibir un plato de comida. Es muy importante que el encargado de repartir los alimentos sea el dueño de la milpa o, en su caso, que sea Chablé Ceh como presidente de la SPR.

A pesar de su valor ancestral, esta larga tradición del Jaanlil Kool podría llegar a desaparecer. “La presencia de las religiones protestantes en las comunidades mayas va en aumento y son estas las que prohíben a los pobladores locales que continúen con las prácticas que nos heredaron nuestros ancestros”, advirtió la J Meen.

Mientras tanto, los campesinos seguirán sembrado sus parcelas con la confianza de obtener buenas cosechas y llevar así prosperidad a sus hogares con la protección y el respaldo de los dioses del campo. Desde mediados de mayo, las lluvias no han cesado en San Francisco de Campeche y eso ya es un buen augurio.

Ana Coreto Cahuich Canúl, J Meen, del poblado de San Vicente Cumpich. Fotografía: Martín Zetina.

Ofrenda del saká. Fotografía: Martín Zetina.

Sak significa maíz. Esta bebida se utiliza para ofrendar a los dioses del monte durante las fases de la milpa (medición del terreno, tumba, siembra, deshierbe y recolección). Fotografía: Martín Zetina.

Para los mayas, el Saká es una bebida sagrada, se elabora a base de nixtamal medio cocido, luego se muelen los granos hasta formar una masa, se diluye con agua, se le agrega miel o azúcar, cacao y mucho hielo. Fotografía: Martín Zetina.

Para la cultura maya, el hombre y su maíz son uno. Fotografía: Martín Zetina.

El hombre cuida de su maíz como cuida de su vida, pide por el maíz en las ceremonias sagradas, ofrenda a los chacs para que caiga la lluvia, espanta a los animales selváticos, erradica las malas hierbas y, sobre todo, le da vida al sembrarlo. En correspondencia, el maíz provee de alimento para él y su familia. Fotografía: Martín Zetina.

La elaboración del T´uuti Waaj. Los campesinos elaboran bolas de masa de maíz para después hacer la tortilla a mano. Fotografía: Martín Zetina.

El T´uuti Waaj se conforma de 13 tortillas encimadas. Las primeras 12 capas representan a los 12 apóstoles y la última a Jesucristo. Fotografía: Martín Zetina.

A cada tortilla se le agrega una porción de pepita de calabaza molida. Fotografía: Martín Zetina.

Utilizan las palmas de guano para envolver los pibes y los amarran con hilos de henequén. El guano evita que los pibes mantengan contacto directo con el calor del horno en tierra. Fotografía: Martín Zetina.

Por último, se realiza el Pibill Waaj. Es más grande que los anteriores y le dan la forma de un niño. Fotografía: Martín Zetina.

Los mayas designaron como Túup al último hijo menor de la familia. Según la creencia popular de los pueblos tradicionales, es quien posee un gran poder. El suyo será el último pibe que entierren en el pib y servirá como materia prima para elaborar el chocó (sopa). Fotografía: Martín Zetina.

El Pib consiste en cavar un hoyo en la tierra donde se escora la leña y encima se acomodan las piedras. Fotografía: Martín Zetina.

Cuando la leña está bien encendida, se quiebran y se acomodan las piedras calientes que luego servirán como la base del horno. Para esta ocasión se realizaron dos hoyos. Fotografía: Martín Zetina.

La cocción se logra mediante el calor que desprende la cama de piedra caliza. Fotografía: Martín Zetina.

Una vez que los 39 pibes son depositados en el horno, se cubren con las ramas del Pixoy, encima colocan láminas y, sobre estas, bastante tierra, cuidando que no escape el humo por ningún lado. Así queda todo sepultado. Fotografía: Martín Zetina.

Después de una hora y cuarenta y cinco minutos de cocción, los campesinos se organizan para sacar los pibes del horno. Fotografía: Martín Zetina.

Para sacar los pibes utilizan palas y una carretilla. Fotografía: Martín Zetina.

Elaboración de la bebida del balché. Fotografía: Martín Zetina.

Entre los mayas eran utilizadas sustancias psicotrópicas o bebidas alcohólicas, como el balché, para estimular la conciencia o lograr un estado de trance con ellas. Fotografía: Martín Zetina.

Para los Mayas el balché permitía estar en el mundo sagrado, trascender, vincularse con lo que no podemos ver o tocar en el mundo profano. Permitía estar en lo real, tratar de descifrar el misterio que encierra la naturaleza. Fotografía: Martín Zetina.

Para preparar los alimentos los campesinos improvisan tres grandes fogones en los que cocinan los pavos. Fotografía: Martín Zetina.

Cuando el pavo está listo, los campesinos suspenden la olla del fuego para sacar la carne y utilizar el caldo para preparar el Kol. Fotografía: Martín Zetina.

El Kol se elabora con el caldo de pavo, al que se le agrega masa de maíz, manteca, recado rojo, sal, tomate, cebolla, chile dulce, yerbabuena, epazote y especias. Se mueve durante varios minutos hasta quedar espeso. Fotografía: Martín Zetina.

En esta ocasión, para poder proveer de alimentos a todos los asistentes fue necesario cocinar 3 pavos de doble pechuga, con un peso aproximado de 18 kilos cada uno. Fotografía: Martín Zetina.

Antiguamente se utilizaban animales del monte, pero conforme fueron escaseando comenzaron a utilizar aves domésticas, entre ellas pavos y gallinas. Fotografía: Martín Zetina.

Cuando los 38 T´uuti Waaj salen del Pib, los llevan a la mesa del altar para ofrendarlos a los dioses. Fotografía: Martín Zetina.

El Pibill Waaj (Túupil) es triturado por las manos de los campesinos y revuelto con el caldo de pavo. A este guiso se le conoce como Chocó. Fotografía: Martín Zetina.

El Chocó (sopa) se elabora combinando el caldo del pavo con el Pibill Waaj (Túupil) triturado. Fotografía: Martín Zetina.

Ceremonia, entrega de las ofrendas a los dioses del monte. Durante los meses de abril a mayo, los campesinos mayas tienen la costumbre de celebrar la ceremonia del Jaanlil Kool para pedir a los dioses de los montes y de la milpa -Yum kaax, Yum Chaak- y a los Aluxes, que los milperos sean favorecidos en sus próximas siembras. Fotografía: Martín Zetina.

Esta ceremonia maya del Jaanlil Kool estuvo a cargo de la Sociedad de Producción Rural (SPR) que encabeza Ángel Gabriel Chable Ceh. Fotografía: Martín Zetina.

En el altar colocaron los alimentos, las bebidas, el incienso, cigarros, agua bendita, ramas de sipché, flores, licor, cacao y sal. También pusieron la imagen de la Virgen de Guadalupe. En otros casos, utilizan una cruz de verde de madera. Fotografía: Martín Zetina.

Para culminar con el rito, la J Meen derrama saká de las cuatro jícaras con dirección a los cuatro puntos cardinales, mientras dice algunas plegarias en maya y esparce tizne y carbón del horno donde se prepararon los alimentos sagrados. Fotografía: Martín Zetina.

Al finalizar los rezos y una vez convidados los dioses ancestrales, se lleva a cabo el tradicional Máatan, que en maya significa “regalar”. Fotografía: Martín Zetina.

“Es una ofrenda para dar gracias a Yum Kaax, Yum Chaak y a los Aluxes. Es como un regalo que te piden antes que se enferme un familiar o se desquiten con las cosechas, por eso lo haces voluntariamente”, Ángel Gabriel Chablé Ceh, de la SPR. Fotografía: Martín Zetina.

Glosario maya – español

Jaanlil Kool Comida de Milpa, es una ofrenda que realizan los campesinos mayas a los dioses que cuidan el monte.
J Meen Sacerdote maya.
Dzules – Gente de dinero.
Cuatro vientos: Norte “Xaman”; Sur “Nojol”; Este (Oriente) “Lakíin”; Oeste (Poniente) “Chikíin”.
Sak- Maíz
Nixtamal – Granos de maíz que se mezclan con agua y cal, y se muelen para preparar tortillas.
Ixmucané Dueña del maiz ixim, maíz; xtan, dueña, mujer’. Es una de las diosas del Popol Vuh.
T´uuti Waaj – Se conforma de 13 tortillas encimadas.  Las primeras 12 capas representan a los 12 apóstoles y la última a Jesucristo
Pibill Waaj – Los mayas le designaron Túup al último hijo menor de la familia. Según la creencia popular de los pueblos tradicionales este posee un gran poder.
Túup – Hijo menor de la familia
Pib – Horno en Tierra.
Chocó – Sopa. Se elabora combinando el caldo del pavo con el Pibill Waaj (Túupil) triturado.
Pixoy – Guazuma ulmifolia Lam. Árbol que crece por la región.
Balché – Bebida sagrada para los mayas.
Kol – Caldo espeso de pavo con masa de maíz, manteca, recado rojo y especias.
Yum kaax También conocido como Ah Mun Káax o Yum Uil, controla el alimento sagrado de los mayas: el maíz.
Yum Chaak El dios de la lluviaChaac está representado en los códices con una larga nariz.
Alux Pequeños seres del monte. Equivalente al elfo, el duende germánico, y como él se dedica a robar niños, ganado y a hacer todo tipo de diabluras.
Máatan – En términos mayas significa “regalar”.

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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Colaboro en Miradas Múltiples porque creo en el periodismo libre e independiente, aquel que se compromete con informar sin obedecer intereses particulares que estén por encima del bien común. Nací en Yucatán, México. En 2011 me gradué de la Licenciatura en Historia e inicié los estudios de fotografía digital. Resultado de combinar ambas disciplinas comencé a contar historias a través de las imágenes. He colaborado para diferentes medios impresos y digitales. Me interesa abordar los temas de migración, equidad y género, indigenismo, medio ambiente y movimientos sociales. Para esto, considero que la fotografía documental es fundamental en la elaboración de discursos visuales reflejados en ensayos fotográficos que nos acerquen a las realidades sociales de los protagonistas. Miradas Múltiples nos lleva a repensar la forma de hacer periodismo con el compromiso de documentar y mostrar la transformación política, social y cultural de los pueblos de México y del mundo.
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