Pako, de Ciudad Juárez

Por   ・ México - Inglaterra
Fotografía: Pablo Allison 14 agosto, 2017

Esta es una charla informal —sin edición— entre amigos y colegas. Se trata de dos fotógrafos mexicanos que conversan sobre la vida en Ciudad Juárez, en “Juaritos”. Pablo Allison nos comparte el sentir de “Pako”, un joven que ha atestiguado con su cámara el blanco y el negro de la ciudad que antes relataron escritores como Roberto Bolaño y Charles Bowden.

 

Conocí a Pako en Ciudad Juárez, hace 10 años, mientras estudiaba Ciencias de la Comunicación.

Aunque por muchos años solía llevar la cámara análoga de su madre, nunca “se dio cuenta” (nunca estuvo consciente) de que terminaría siendo fotógrafo. Fue hasta que visitó y estuvo durante 24 horas en un hospital psiquiátrico en las afueras de Ciudad Juárez, cuando supo que la fotografía era su camino para existir y sentirse libre.

Pako fue al hospital en compañía de un poeta y dos escritores a fin de charlar con los pacientes, saber de su vida, contar sus historias y sensibilizarse con la situación que enfrentan.

Después de ese episodio decisivo y buscando mejores oportunidades, se mudó a la Ciudad de México con 3000 pesos, su cámara, algo de ropa y su portátil.

Pako dejó Ciudad Juárez en el momento en que la violencia estaba en su punto más alto, cuando los asesinatos, masacres, secuestros, desapariciones forzosas se hicieron comunes.

Recuerda que cierta noche, en 2010, al ir manejando por el puente vio a la distancia algo colgando. Al principio creyó que se trataba de un maniquí que alguien había colocado como una broma, pero al acercarse se dio cuenta de que se trataba de un cuerpo humano, real. Fue una experiencia surrealista y traumática.

Mientras lo escucho, cuando me explica estas cosas, percibo una expresión fría y calmada. La forma en que comparte sus opiniones, tratando de ser lo más objetivo posible y asegurándose de no exagerar los hechos, me ayuda a entender quién es la persona con la que estoy hablando. Pako es precavido, analítico y no se atreve a dar su opinión si no sabe lo suficiente del tema.

Trágicamente, con el paso del tiempo la violencia en Ciudad Juárez se fue normalizando entre la población y la gente comenzó a referirse a la ciudad como la capital mundial del asesinato. Para el año 2016 fue clasificada en la posición 37 de las ciudades más violentas alrededor del mundo. Parece que las cosas en cuestión de violencia, “mejoraron” en los años pasados…

Pako parece no temer, me dice que la única forma de contraatacar el miedo es confrontándolo. No dejó la ciudad como resultado de la violencia que afectaba a la población, sino en búsqueda de nuevas metas y para mejorar su técnica fotográfica.

Le molesta cuando la gente habla negativamente sobre su ciudad, especialmente con aquellos que la critican, pero se benefician económicamente. Es el caso -me dice- de una familia que debido a la situación decidió trasladarse a Texas para empezar una nueva vida, pero sin reconocer las cosas buenas que obtuvieron mientras vivieron de este lado.

Cuando la situación se volvió realmente insostenible, Pako comenzó a trabajar de noche como asistente en una ambulancia. Siempre cargaba con su cámara para documentar el trabajo de los paramédicos.

Su trabajo como fotógrafo se ha centrado en temas sociales, tratando de empatizar con las vidas de los despojados, los vulnerables, y los marginados. Este interés lo llevó a iniciar una serie fotográfica sobre personas sin techo. En un principio no tenía claro por qué los fotografiaba o qué pretendía al hacerlo, hasta que sus reflexiones lo llevaron a la conclusión de que se sentía como ellos, él mismo se sentía incomprendido y no amado. El resultado final de esas fotografías es la serie llamada “Fantasmas” (Ghosts en inglés)

Este título tiene como propósito cuestionar quién es el fantasma, si el indigente, o las personas “normales” que lo miran. Por lo general, la gente tiende a ignorar a las personas en situación de calle, los tratan como fantasmas, como si no fueran parte de la sociedad.

Más tarde, le pregunté cómo es ser fotógrafo en Ciudad Juárez y esto fue lo que me respondió: “Esta ciudad no tiene mucho interés en las artes. Por ejemplo, el gobierno podría invertir en traer músicos de calidad, que nutran la mente de las personas con cosas positivas, pero en su lugar, invitan a bandas de música popular, ranchera y cantantes de pop que no generan nada positivo para la sociedad. Lamentablemente eso es lo que pasa por acá”.

Pako le agradece a la fotografía ser el medio para sumergirse en la obscuridad. Ha estado en hospitales psiquiátricos y picaderos de crack, ha caminado por el desierto con “coyotes” y migrantes que pretenden llegar a Estados Unidos. Ha entrevistado a dealers de droga, a narcotraficantes y hasta a ex policías. Pako cree que cada una de estas experiencias, lo han hecho un mejor ser humano y mucho más sensible.

Le pregunté si en Ciudad Juárez era peligroso hacer preguntas incómodas.“Por supuesto”, me contestó. Añadió que si le preguntas a la persona equivocada, te atienes a sufrir las consecuencias. Por eso, a pesar de que ha realizado reportajes sobre drogas y narcotraficantes, procura mantenerse alejado del tema por su propia seguridad y la de su familia.

No cree que los derechos humanos existan en México, ni que la libertad de expresión se ejerza completamente. Me explica que “ellos” -refiriéndose al gobierno y otros personajes- no quieren que los reporteros fotografíen ciertos acontecimientos; la mayoría de la población sufre del mal de “Pangloss” (como al personaje “Dr. Pangloss, en la novela corta de Voltaire, Cándido, quien ve pasar todo en el mejor de los mundos posibles).

Pako afirma que los derechos humanos se violan constantemente en todos los ámbitos, que puedes ser torturado, culpado de cometer algún delito, levantado (secuestrado) o, en el peor de los casos, asesinado.

Uno de sus amigos, periodista, en 2012 fue secuestrado por algunas horas. La policía municipal lo mantuvo dando vueltas en el coche. Durante este tiempo lo golpearon y cuando se aburrían de hacerlo le apuntaban con un arma, en señal de estar listos para matarlo. Su amigo pudo escapar pagando una fuerte cantidad de dinero, aunque los policías fueron contundentes y le dijeron que esa suma no garantizaba su seguridad si lo agarraban de nuevo. Después de esto encontró refugio en los Estados Unidos.

¿Ha cambiado algo en Juárez?, le pregunto. El responde: “Veo más tiendas abiertas, mayores oportunidades de trabajo”. También ha notado la apertura de restaurantes de mariscos, de comida estilo sinaloense, tal vez por la poderosa conexión que el cartel de Sinaloa tiene sobre el negocio de la droga en la ciudad.

Desde que regresó ha hecho nuevas amistades, sus amigos de antes, tristemente, murieron o migraron.

De las políticas migratorias implementadas por los Estados Unidos, me dice que son de un racismo total hacia los migrantes. Señala que “ver migrantes cruzando la frontera es una situación muy común todo el tiempo. Les gusta culpar al otro de sus propios problemas y errores. Trump no debería atreverse a señalar a los mexicanos como violadores o criminales. Ese país utiliza a los migrantes como objetos desechables”.

De las políticas del gobierno mexicano en materia de migración, me dice que son muy parecidas a las del vecino del norte. Existe mucha discriminación hacia los centroamericanos que buscan cruzar a Estados Unidos pasando por México. Si el gobierno de este país no puede garantizar el respeto a los derechos humanos de sus propios ciudadanos, ¿tú crees que le importan los derechos humanos de los centroamericanos?

¿Qué significa Ciudad Juárez para él?

Pako ve a esta ciudad como un lugar donde se debe luchar muy fuerte. Es un lugar que te moldea, en el sentido de ser más capaz para adaptarte a nuevas circunstancias. Esta ciudad también representa su familia.

Su relación con Juárez es de amor – odio, está resentido con ella.

 

Versión original en inglés (English version)

 

I met Pako around 10 years ago in Ciudad Juárez where at the time he was studying science and communications.

Even though he used to carry his Mom’s analogue camera for many years he was never aware that he would end up being a photographer. It wasn’t until he visited and stayed for 24 hours at a mental hospital in the outskirts of Ciudad Juárez that he realised that photography was the way forward for him to exist and feel free.

Pako went to the hospital alongside a poet and two writers to visit the people who lived there, to get to know what it was like and gather stories to sensitize himself to the situation that the patients experienced.

After that important episode in his life, he decided to move to Mexico City with 3000 pesos, his camera, a few clothes and a laptop in search of better opportunities.

He left at a time when the violence in the city was at an all-time high –killings, massacres, kidnapping, forced disappearances etc. were all very common.

He recalls a terrible experience in 2010 as he was driving his car at night towards the ‘al Reves’ bridge. As he drove his car he suddenly noticed something hanging off at the distance. At first he thought it was a dummy that had been placed there as a bad joke but as he got closer he saw it was a real human body. It was a pretty surreal and traumatic experience…

As I am listening to Pako speak I notice a cold and calm expression when he explains things. The way in which he shares his opinions, trying to be as objective as possible and ensuring that he doesn’t exaggerate on the facts, gives me a better understanding of who he is as a person. He is cautious and analytical and will not dare to speak when he does not have enough understanding about a specific topic.

Tragically, as time went by, violence in Ciudad Juárez became accepted as normal by the population. Having said that, what was once known as the murder capital of the world, by 2016 the city was ranked in position 37 of the most violent cities across the globe. It seems that things ‘improved’ in the last few years in terms of violence…

Pako seems fearless and says that the only way to counterattack fear is by confronting it. He did not leave his city as a result of the violence that affected the population but in search of new horizons and to develop his photographic skills.

He dislikes it when people talk negatively about his hometown, especially those that criticise it but benefited from it economically. That was the case with some family members who due to the hardship they experienced, they were lucky enough to relocate themselves in Texas and establish a new life but who at the same time, talked very negatively about Juárez and never acknowledged all the good things that they gained from living there.

When things got really unbearable Pako decided to try and help change the situation by working as an ambulance assistant at night. He would take his camera along to document the brave job that the medical assistants carried out.

His photographic work focuses on social issues to try to empathies with the lives of the dispossessed, the vulnerable and marginalised. Such interests led him to start a series on homeless people. At the beginning, he was unaware of why he was photographing these people although after reflecting on it he concluded that he felt like them, he felt misunderstood and unloved. The pictures he produced ended up in a series called ‘Ghosts’ (Fantasmas in Spanish).

He named the project that way to try to decipher who is the ghost, whether the homeless on the street or the average ‘normal’ person. There is a generalised perception around many people that tend to ignore all the negative things around like homeless people, treating them as ghosts, as if they did not exist in society.

I later asked him to tell me what it is like to be a photographer in Ciudad Juárez. He said ‘This city hasn’t got much interest in the arts… For instance, although the government could invest in bringing proper musicians that could nourish people’s minds with positive things they invite popular ranchera bands, corridos and pop musicians that do not generate anything positive for society. That is sadly the way it is over here’.

He is very grateful to photography as it has enabled him to immerse himself into the harsh. He has been to mental hospitals and crack houses, and has walked with ‘coyotes’ and migrants in the desert to reach the United States. He has interviewed drug dealers and narcos and ex police officers. All of these experiences, he believes, have made him a better human being and much more sensitive.

I then asked Pako if asking uncomfortable questions is dangerous in Juárez? ‘Of course’, he responds. He added that if you ask a question to the wrong person it could be pretty dangerous and you could suffer severe consequences. I deduct that this is one of the reasons why being a photographer or journalist here is so risky.

Although he has reported on drugs and narcos in the State, he tries to stay away from that topic for his and his family’s safety.

He doesn’t think human rights exist in Mexico and neither does he believe that freedom of expression is fully exercised. He notes, ‘they (referring to the government and other individuals) don’t want you holding a camera to report on certain events as it’s not nice to the eyes of the beholder; the majority of people in this country suffer from the ‘Pangloss’ disease’ (in reference to a character, Dr. Pangloss, who sees everything as happening in the best of all possible worlds, in Voltaire’s short novel, Candide).

Pako is of the idea that human rights are constantly violated from all angles. You can either be tortured, incriminated for something you did not do, abducted, levantado (kidnapped) or killed in the worst case scenario.

For instance, a friend of his who is a journalist was once kidnapped by the municipal police for a few hours in 2012, they drove him round in circles. In the process they kept beating him up and when they got bored they cocked the gun as a sign that they were ready to kill him.

He was lucky to escape by paying the police a large some of money and although they took the pay they told him that he was lucky this time but that the money would not a guarantee that he wouldn’t be killed next time they caught him. After that he found refuge in the USA…

Has anything changed in Juárez at all? He responds, ‘I see more shops opened hence, a few more job opportunities.’ He has also notices many Sinaloa style sea food restaurants, perhaps in connection to the power that the the Sinaloa cartel handles over the drug business in the city.

He has also made new friends since his return as his old friends have sadly either passed away or migrated.

His perception on the migration policies undertaken by the USA is of utter racism towards migrants. He points out, ‘seeing migrants crossing the border is a common situation that one can see all the time. The USA always acts as the good guys and heroes. They like blaming others for their own mistakes and problems. Trump cannot dare to pinpoint Mexicans as being rapists and criminals. That country uses migrants as disposable objects…’

I subsequently ask him what he thinks about the Mexican’s government policy on migration. He responds that it’s pretty much the same as it is up north. There is a lot of discrimination towards Central American migrants wanting to cross into Mexico to reach the United States. If the government of this country cannot guarantee a proper application of human rights to its own citizens do you think they care about Central American’s human rights?

I conclude our conversation by asking him what Ciudad Juárez means to him.

Pako sees this city as a place where one needs to struggle very hard to get by. It is a place that helps shape yourself in order to be more resilient and adapt much easier to circumstances and unknown places. His city also means family. Pako has a love/hate relationship for Juárez; he feels resentful towards it…

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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México - Inglaterra

Soy Pablo Allison. Nací en Manchester, Reino Unido y fui criado en México, en el Distrito Federal o Ciudad de México, como se conoce ahora. Inicié mis estudios universitarios de fotografía documental y periodística en la Universidad de las Artes, en el London College of Communication de Londres, Inglaterra. Posteriormente, en 2009, me recibí como fotógrafo documentalista del Newport College of Art and Design, de la Universidad de Gales. Mi aprendizaje en el ámbito de los derechos humanos, trabajando en organizaciones no gubernamentales como Amnistía Internacional y ActionAid, en Londres, se convirtió más tarde en inspiración para abordar las artes visuales desde un enfoque social y humanista. Algunos de los conceptos que utilizo en mis continuas exploraciones de la realidad son la libertad, la reclusión, el control, la migración y, obviamente, los derechos humanos. Miradas Múltiples me da la posibilidad de generar contenidos cotidianos para referirme a personas comunes y corrientes, como yo, sin inmediatez y siendo subjetivo, pero a la vez balanceado, justo y sensible, desde la empatía y sin dejar de lado el rigor en la información. Encuentra más de mi trabajo en Instagram: pablondon1
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