Yo ante los otros, ¿la justicia de un juicio crítico?

Por   ・ México
Imagen: "Me sostengo por mí mismo". Fotografía Boris X. Hevia del puerto Siliceo 7 septiembre, 2017

“No hay un Dios, los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos”
-Ignacio Ramírez

In Memoriam Carlos Hevia del Puerto. Tus compañeros y lectores siempre te recordaremos.

 

T res vivencias en los últimos días me han traído hasta esta reflexión: ¿cómo puedo ser justo con mis interlocutores? No es poca cosa ni un interés nuevo, desde hace años me parece una pregunta fundamental para la convivencia. Les platico:

Mientras comíamos, dos amigos discutían sobre las consecuencias sociales y laborales que Marcelino Perelló sufrió por sus comentarios misóginos en el programa de Radio UNAM “Sentido Contrario”1. Ella, celebraba la cancelación del programa y su despido laboral, se solidarizaba con su género y empatizaba con la indignación pública que el hecho ocasionó; él, criticaba el linchamiento mediático y la severidad del castigo laboral por una manifestación abierta de pensamientos y prácticas arraigadas en nuestra sociedad; ambos concluyeron en tildar como hipócrita la respuesta social, pero desde visiones encontradas. Divertido, escuché la discusión y atestigüé las diversas tácticas que empleaban para descalificar el argumento del otro. Mientras intentaba no perder detalle de la disertación, me pregunté: ¿se trata de una confrontación de posturas defensoras de valores contemporáneos que en este caso se contraponen, excluyen o en el que uno debe sobreponerse al otro (libertad de expresión versus derecho de las mujeres a una vida libre de violencia) o se trata de un falso dilema generado por la apasionada argumentación de mis dos amigos?

[1] Durante la emisión del pasado 28 de marzo de 2017, Perelló expresó a la audiencia su opinión sobre el caso de “Los Porkys de Veracruz” ante el micrófono abierto. Toda su argumentación fue una retahíla de comentarios provocadores en lenguaje soez, que ahondaban en el escarnio sufrido por la joven víctima de la violación tumultuaria y se extendían ofendiendo a cualquier mujer. La reacción de indignación fue virulenta e inmediata, no solo ante el programa de radio y la emisora sino hacia la institución educativa a la que usuarios de redes sociales exigieron una explicación satisfactoria. El día 7 de abril diversos medios de comunicación dieron cuenta de la cancelación del programa del polémico locutor como consecuencia de las expresiones del conductor titular de ese espacio en Radio UNAM: “atentan contra el espíritu de esta emisora y de la Universidad Autónoma de México, al normalizar la violencia y oponerse al concepto de equidad e igualdad de género”, en palabras del escritor Benito Taibo, director de Radio UNAM.

 

Mis intervenciones fueron menos confrontadas porque las ubiqué fuera de la agenda de género, pero dentro de los principios y valores que la impulsan, al tiempo en que reconocía la inviolabilidad de la libertad de expresión, como la entiendo y parafraseando a Evelyn Beatrice Hall: “Puedo no estar de acuerdo con lo que dicen, pero defenderé a muerte su derecho a decirlo”.

Días después comenté dicha discusión con nuestra querida Gloria2, centrándome en torno al compromiso ético que tenemos dentro de nuestra sociedad cuando nos comunicamos. Expresé que en todo acto de comunicación existe un deber ético ante nuestro interlocutor que posibilita la condición de justicia, autenticidad y reconocimiento del otro. Felizmente, como ocurre con frecuencia, convenimos en concluir que “no se trata de ser condescendiente, tampoco de obnubilarse en la necedad del soliloquio intransigente, sino en otorgarse y recibir, y en ello formarse mutuamente. Es la síntesis dialéctica que crea en ambos un nuevo pensamiento.”

Esto es invaluable para mí, lo busco en cada discusión que tengo, aunque no siempre lo logro. La herida más grande que sufro es por mi incapacidad para expresar adecuadamente mis ideas, por mantener mi identidad y respetar la de mi interlocutor3. No se trata de vencerlo sino de convencerlo, así que centro mi reflexión en las características de dialogar adecuadamente con los demás:

Partamos de asumir que la realidad es de suyo compleja y que al tratar de interpretarla estamos insertos en ella con nuestras condiciones cognitivas tensadas por las emotivas, no es cuestión de omnisciencia sino de existencia: nadie puede evadir esa relación humana con su entorno que es esencial no solo hacia el mundo natural, sino también al social.

En su obra La República4, Platón establece que la justicia es una condición necesaria para la vida armónica en una comunidad. Lo es porque en una sociedad justa cada quien recibirá de la colectividad lo que le corresponde: el virtuoso recibirá reconocimientos, alabanzas, riquezas y todas aquellas consideraciones sociales que por merecimiento le corresponden, así como el vicioso no puede esperar otra cosa que la reprobación y castigo por sus actos antisociales. ¡Ah! honestamente, sin desconocer la relatividad coyuntural de lo considerado en cada cultura como bueno y malo ni  las asimetrías estructurales para que cada individuo experimente la justicia, de acuerdo a sus condiciones histórico-culturales específicas, suscribo la importancia de este paradigma político. Sí, nuestra república democrática debe afianzarse en la justicia como medio armonizador de convivencia. Nosotros, cada uno de sus habitantes, sobre todo quienes ostentamos su ciudadanía, somos responsables, por el bien común, de practicar la justicia hacia los demás y nosotros mismos en cada acto.

[2] Editora de Miradas Múltiples.
[3] ¡Ah! Recuerdo las muchas relaciones personales afectadas, la mayoría terminadas por malentendidos generados por la forma en que expuse mis planteamientos más que por la confrontación de ideas. Lamento el distanciamiento con Juan Carlos, Marcos, Verónica, Daph y sobre todo con Marta, resultado, en todos los casos, por la “agresividad” con que sintieron algún comentario que hice sobre algo que dijeron.
[4] Platón. Diálogos IV La República, Editorial Gredos, S.A. de C.V., Madrid, 2000, pp.503

 

Les propongo seguir en esta reflexión revisando nuestros haberes disponibles para atender al empeño. Entre la multiplicidad de las capacidades y habilidades derivadas de nuestras facultades, centro mi atención en lo que llamo “juicio crítico”, entendiéndolo como una herramienta de carácter cognitivo que nos permite discernir la veracidad de la información que recibimos del entorno y con la que construimos explicaciones que dan sentido a la realidad, por lo que también tiene una trascendencia ética.

Lo ilustro evocando la sensación de estar ante alguien semejante al Quijote o su escudero, plasmada en el pasaje5 en que Dorotea, Cardenio, el cura y el barbero se asombran por la simpleza e ingenuidad de entendimiento de semejante par, por la que sufren periplos a través de sus deliciosas aventuras. Cito, para su deleite:

— Yo lo entendí así -dijo el cura- y por eso acudí luego a decir lo que dije, con que se acomodó todo. Pero ¿no es cosa extraña ver con cuánta facilidad cree este desventurado hidalgo todas estas invenciones y mentiras, sólo porque llevan el estilo y modo de las necedades de sus libros?

— Sí es —dijo Cardenio—, y tan rara y nunca vista, que yo no sé si queriendo inventarla y fabricarla mentirosamente hubiera tan agudo ingenio que pudiera dar con ella.

— Pues otra cosa hay en ello -dijo el cura- que, fuera de las simplicidades que este buen hidalgo dice tocantes a su locura, si le tratan de otras cosas discurre con bonísimas razones y muestra tener entendimiento claro y apacible en todo; de manera que como no le toquen en sus caballerías, no habrá nadie que le juzgue sino por de muy buen entendimiento.

Más allá de otras muchas significaciones de importancia, Cervantes nos señala el cerrojo que se cierra para encontrar comprensión entre los personajes que comparten un sentido común del acontecer y aquella pareja formada por el loco y el bruto, incapacitados para ver las cosas como son6. Pero este señalamiento no sólo es importante estéticamente, es decir, por lo que nos hace sentir, sino que es de suma importancia epistemológica ya que expone la complejidad que tenemos para encontrar un entendimiento común y unívoco de la realidad, sobre el cual podamos construir la convivencia armónica que presupone la justicia.

[5] Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha, Real Academia Española. Asociación de Academias de la Lengua Española, Edición del IV Centenario, Segunda reimpresión, México, 2004, pp. 309
[6] Dejemos para otra ocasión los detalles del episodio, para mejor observar cómo se manifiesta con claridad el problema epistemológico; es decir, de construcción significativa de la realidad, entre unos y otros por sus condiciones intrínsecas. Los adjetivos descalificativos que caracterizan a los antihéroes surgen del juicio que todos hacemos de ellos -tanto los demás personajes como los lectores-, pero ¿es un juicio que hacemos con justicia? Es mi consideración que una de las manifestaciones de la genialidad de Cervantes es crear la empatía con el hidalgo y su escudero, aún con la barrera de entendimiento sentimos simpatía por ellos.

 

Recurro a otro ejemplo literario para clarificar mi argumento. En su novela de ciencia ficción 1984 George Orwell nos deja perplejos al enfrentarnos a las antinomias:

“WAR IS PEACE (Guerra es paz)
FREEDOM IS SLAVERY (Libertad es esclavitud)
IGNORANCE IS STRENGTH (Ignorancia es fortaleza)”7

¿Sienten empatía con el desconcierto del protagonista que le impulsa a encontrar sentido en cada frase, lo que representa el hilo conductor del discurso en la utopía negativa que plantea la obra? ¿Acaso estos ejemplos que pongo a su consideración no les sugieren, como a mí, la necesidad de fortalecer nuestras facultades y ejercitar la capacidad de discernir la veracidad de la información sobre la realidad y los acontecimientos que la constituyen?, si es así, entonces quiero plantear este argumento como una condición que clama por un imperativo ético:

Porque en el acto justo convergen: verdad, belleza y bien, como causas y efectos entre sí; así como es imposible esperar felicidad, plenitud y armonía tanto en el individuo como en la comunidad, como resultado de las acciones injustas que entrañan el engaño y la mentira, éste implica que nuestra formulación de juicios debe ser crítica; es decir, que debemos emplear un método analítico, lógico, objetivo y verificable por nuestros interlocutores 8. Podremos y debemos hacer uso de todas nuestras capacidades y habilidades cognitivas y discursivas buscando descubrir la verdad sobre el asunto9, evitando en todo momento tomar partido tramposamente por nuestras filias y fobias como cuando se omiten datos o fuentes contrarias a nuestras creencias o principios, o bien, emplear recursos que impiden la verificación de cualquier paso del proceso argumentativo, como son: actos de fe, apelar al principio de autoridad o la descalificación ad hominem, entre muchas otras. También es menester reconocer en todo momento tanto los límites objetivos y subjetivos que condicionan nuestra aproximación a la verdad, así como la falsedad de alguna de nuestras aseveraciones cuando nos exhiben evidencia de nuestros errores, malinterpretaciones y fallos argumentativos.

[7] Orwell, George. 1984, Signet Classics New American Library a division of Penguin Group (USA), EE.UU., 1961, pp. 4
[8] Serían algunas de sus condiciones, aquellas características del método científico, entre otras: allegarnos la mayor cantidad que nos sea posible de información relativa al objeto de juicio, reconociendo la importancia esencial de la diversidad de fuentes, enfoques y metodologías; que habremos de ordenarla y sistematizarla; que debemos establecer con claridad la metodología de evaluación y análisis, explorar sin prejuicios las múltiples hipótesis razonables que puedan constituir una explicación lógica y coherente con premisas fundamentadas en el cuerpo de conocimiento comprobable, evitando en todo momento ocultar resultados o interpretaciones contrarias a nuestras creencias o principios morales; y mantener en todo momento la duda razonable para revisar todo el proceso analítico y de síntesis.
[9] Por ejemplo, puedo aplicar las máximas de Schopenhauer para tener siempre la razón, con la finalidad no de vencer sino de convencer a mi interlocutor, para identificar las estratagemas que utiliza para convencerme y valorar en su justa dimensión su validez (Schopenhauer, Arthur. El arte de tener siempre la razón y otros ensayos, Santillana Ediciones Generales, S.A. de C.V., México, 2009, pp. 183), o bien, hacer uso de los procesos analíticos formales del discurso mediante técnicas de lógica simbólica para evaluar la veracidad y validez de silogismos (Copi, Irving M. Lógica Simbólica CECSA Grupo Patria Cultural, México, 2000, pp.391), entre otras herramientas con las que contamos en nuestra caja.

 

En mi opinión no hay manera más justa de otorgarnos a los demás que abrazando el juramento fundacional de nuestra comunidad: procuraré nuestro bien común mediante la construcción conjunta de un entendimiento sustentado en la búsqueda irrenunciable de la verdad.

No ignoro la problemática epistemológica para encontrarla, a fin de cuentas, la subjetividad es una condición de dicha empresa que la relativiza, como también lo es la corrupción del proceso10 conforme a otros intereses ideológicos. Sin embargo, no por ello debemos claudicar sino perseverar en el continuum de la aproximación tanto del medio (verdad) como del fin (justicia). ¡Imaginemos lo terrible que resulta una sociedad civil impávida ante las declaraciones del presidente de EE.UU. Donald Trump11 que niegan el cambio climático, que ensalzan el radicalismo de la guerra contra el terrorismo o minimizan el racismo rampante en comunidades estadunidenses o europeas!

La última vivencia regresa al infame locutor, que murió el pasado 5 de agosto. Las reseñas periodísticas del deceso no solo recapitularon el último escándalo del controvertido exlíder del movimiento estudiantil de 1968, sino que plasmaron una semblanza de su trayectoria que profundizaba en las complejidades de su personalidad. Sus apologistas apelaron a su carácter irreverente y apasionado con el que defendía firmemente sus convicciones e ideas. Clamaron por un recuerdo justo en la memoria colectiva que trascienda el infortunado episodio y considere los otros ámbitos de su persona. Estoy de acuerdo.

Por lo tanto, asumiendo la postura justa durante la valoración de sus acciones hay que considerar que los dichos del locutor son claramente ofensivos hacia las mujeres, haciendo una apología de la violencia que sufren; que su libertad de expresión está acotada por la responsabilidad social que implica el nivel de influencia que alcanza una opinión personal difundida a través de un medio radiofónico en el espacio público; que la UNAM es una institución académica de alta responsabilidad social, comprometida activamente con la erradicación de vicios12 y la construcción del bienestar colectivo, por lo que la condena a nivel institucional de los dichos de Perelló dentro de un medio de comunicación universitario, resultó inevitable.

En otras palabras, concluyo que mis amigos estaban enfrascados en un falso dilema: no hay confrontación entre los derechos involucrados, tan apreciados por nuestra sociedad; tampoco se trata de privilegiar uno sobre el otro porque no hay escenario alguno en que se excluyan, es decir, no existe el caso en el que alguien pueda expresar públicamente su aprobación y, más aún, ahonde en el escarnio mediante la apología de la violencia contra las mujeres, sin esperar una respuesta social reprobatoria y la consecuencia formal correspondiente.

En cuanto a la desventura de Perelló, entiendo que ni el protagonismo ni la irreverencia son inocuas, siempre tienen efecto social y generan consecuencias. Por lo que dijo, donde lo dijo y como lo dijo, opino que se pudra en el infierno, al fin y al cabo, no creo en él. Podría haberme quedado en el exabrupto, preferí no hacerlo.

Espero, ansiosamente, sus comentarios.

 

[10] En esta época digital, las prácticas de manipulación informativa (posmentira, posverdad y poscensura) se sustentan en acciones fraudulentas de presentación informativa, como son:  la insinuación, la presuposición y el sobrentendido, la falta de contexto, la inversión de la relevancia. Grijelmo, Álex El arte de la manipulación masiva, El País, 22 de agosto de 2017.
[11] El catálogo de mentiras de Donald Trump (versión en inglés).
[13] Entendidos como defecto o exceso que como propiedad o costumbre tienen algunas personas, o que es común en una colectividad (RAE).

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

 

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En más de una ocasión me he sentido ajeno no solo a los acontecimientos -lo cual es comprensible si ocurrieron en lugares lejanos o mientras yo me ocupaba de mis asuntos- así como a las diversas narraciones que se comunican sobre ellos. Sea cual sea el motor que mueve a periodistas, reporteros y editorialistas en la fabricación de sus historias, como medio para entrar en contacto con los acontecimientos siempre se ubican entre el hecho y yo. Su labor no solo es posibilidad también es transfiguración. El acto de ver no es puramente ocular, se mira a partir de la significación. Por ello es importante hacernos de discernimiento para forjar nuestro entendimiento de la realidad. Bienvenido en Miradas Múltiples. Pensamiento horizontal.
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