Exhalar en tus aras su aliento

Por   ・ México
Fotografía: Redes 22 septiembre, 2017

Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…

César Vallejo

 

Mérida, Yucatán, México.

Un día después del terremoto que azotó Puebla, Morelos, Ciudad y Estado de México, y a más de una semana del que tuvo lugar en Oaxaca, Chiapas y Tabasco, me dirijo a la escuela de formación artística donde imparto clases: El Claustro, en Campeche. Me siento aliviado porque mis personas queridas que se hallaban en la zona afectada, se encuentran bien; sin embargo, como al resto del país, la incertidumbre y la tristeza me corroen, la impresión de la catástrofe repercute en mi cabeza: imágenes de la destrucción, los gritos, los textos de auxilio y confusión, la desinformación, las notas preliminares, la sapiencia de que muchos no corren con mi suerte y lo han perdido todo.

Ese día no alcanzo a explicar el tema como es debido. Lo improviso, lo encuentro inútil ante la situación presente. Trato de unirlo a nuestra materia. Y encuentro el hilo de Ariadne al recordar la imagen que se viralizó en redes sociales hace unos días, originaria de Juchitán, Oaxaca: la bandera nacional ondeando en lo alto de los escombros del palacio municipal. Había sido colocada por Ángel Sánchez, un herrero de la localidad, quien motivado por un sentir de impotencia, compasión y también de esperanza ante la tragedia, resolvió a realizar una acción poética que le daría la vuelta al mundo. Analizo con mis alumnos la dimensión estética de la imagen: lo sublime.

Adolfo Sánchez Vázquez recoge un estudio sobre lo sublime en el texto introductorio: “Invitación a la Estética” (1992), en el cual, revisando a Edmund Burke –entre otros filósofos y artistas–, resuelve que lo sublime parte de la contemplación de un hecho cuya gigantesca fuerza nos eleva espiritualmente, en la distancia adecuada; proviene del terror, aunque nos causa “delicia” al afianzar nuestra humanidad ante ese evento incomprensible. ¿Qué quería decir ese hombre?, pregunto a los futuros artistas. Una alumna me responde: llevar un mensaje de esperanza, elevar nuestro espíritu más allá de la destrucción.

Ese día no duermo, como casi todos los mexicanos. No duermo porque hay niños que se durmieron para siempre, enterrados bajo las ruinas del colegio Enrique Rébsamen, en Coapa. No duermo porque hay rescatistas que no duermen, doctores y víctimas que no pegan ojo, batallando contra las heridas o el abandono.

Hay poco que yo pueda decir sobre lo que sucede. Como a la mayoría de mis coetáneos, me abruman las imágenes y el ruido en mi propia imaginación. Hay tanto dolor, tantas manos rescatando cadáveres y cuerpos vivos, tanta respuesta en son de hermandad, tanta acción humanitaria, que las palabras no dignifican: serán un mero y endeble reflejo de lo que se vive hoy.

Lo único que alcanzo a decir es: gracias.

Este texto es un extenso dar gracias a todos los que se han movilizado contra la acción implacable de la naturaleza.

Podría hablar de la polémica viva con el reto y la demanda del pueblo hacia los partidos políticos y la aportación del dinero destinado a las campañas electorales como inversión para la reconstrucción, del terrible reality show en el que los medios convirtieron la falsa noticia de Frida, de la ausencia de los políticos, de la enorme labor que la asociación de “Topos” realiza junto a miles de voluntarios que con corazón, palas, casco y linternas han dado sus fuerzas para el rescate. Pero no. Todo esto se dice, y se dice mejor de lo que yo lo haría.

Sólo escribo estos párrafos para dar gracias. Porque en cada uno de los voluntarios, ya sea en las zonas de desastre o desde otros Estados, late el futuro de mi hija y de los hijos de este país. Porque el pueblo mexicano ha demostrado una vez más su afán de levantarse, de elevarse, sublime, ante la desgracia. Porque he visto con alegría y asombro cómo las redes sociales se incendiaron con mensajes de ayuda, de búsqueda, de socorro y también de consuelo. Gracias a los que han donado, a los que escribieron palabras de aliento en latas de atún, a las mujeres y hombres que se organizaron y se pusieron de cara contra la sombra de la muerte. Tal vez son alegatos cursis, impropios de alguien que ha decidido ser escritor, pero desde mi honestidad, es lo único que quiero decir.

Gracias a mis compañeros artistas que han donado su trabajo, a las empresas que abrieron sus servicios para auxiliar a los afectados, a los centros de acopio, a los que nos recuerdan que en Oaxaca, Chiapas y Tabasco todavía está sangrando la herida. Gracias a los medios de comunicación que se han preocupado verdaderamente por llevar las noticias actualizadas, por los reporteros que se han lanzado a los puntos afectados para informar sobre las necesidades en cada uno, por los psicólogos y médicos que están prestos a atender a la población. Gracias a las maestras y maestros que aplicaron el reglamento e hicieron alarde de paciencia, tragándose el propio miedo para dirigir a los estudiantes a un lugar seguro. Gracias a las autoridades que han socorrido a los damnificados.

Gracias por recordarnos que nada humano nos es ajeno. Gracias por hacernos ver que todo tema y división social son mínimos cuando se trata de salvaguardar una vida humana.

Gracias a los que comparten información puntual sobre lo que sucede y llaman a guardar la calma, exhortando a no difundir “noticias” sin fundamento.

Gracias a ti, que has ayudado a tus hermanos. Gracias a ti que no eres indiferente.

La labor será ardua. Aún seguirá el dolor impregnado en nuestro andar cotidiano. Las siguientes semanas no sueltes el dedo de la llaga, que se hará más propensa a infectarse. Hay que curar a las poblaciones que lo necesitan, proteger a los que se quedaron sin techo.

Es momento de disolver las divisiones y accionar. Hablar de lo necesario. Lo único necesario que yo encuentro, esta noche, a días de que la tierra se estremeciera y nos arrancara vidas cercanas, es decir gracias, honrar a quien honor merece.

Termino con unos versos de Nezahualcóyotl:

In kan ajmikoa,
in kan on tepetiua,
in ma onkan niau…

Allá donde no hay muerte
allá donde ella es conquistada,
que allá vaya yo…


Que allá vayamos todos.

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

Comparte: Exhalar en tus aras su aliento

por

México

Trabajo con la palabra, desde el sentimiento de ser extranjero en todas partes, desde la ausencia, el erotismo y la violencia, desde la poesía. He viajado -viajo aún- por varias disciplinas artísticas con el afán de encontrar un lenguaje que conecte con los otros a nivel aurático. Soy un ser de la escena, del verbo que se encarna. Creo fervientemente en el arte que destroza los huesos y la mente, que hace mirar hacia nuestras guerras internas y nos permite estudiarlas, para construirnos como individuos activos, intelectivos, transformadores.  No hay separación, considero, entre géneros y miradas: cuando uno MIRA, siempre es actante principal de su realidad: desde el cuento o el reportaje, el canto o la crónica, el ensayo o la dramaturgia, estamos comprometidos con nuestra sociedad inmediata y con la aldea global, contrapuestos a la falsedad y desinformación de gran cantidad de medios. Como artista y ser de la palabra, tengo la obligación de esgrimir una mirada aguda, crítica, mutable y honesta para el mundo. Miradas Múltiples es para mí una plataforma de seres que están al tanto de la realidad, desde la periferia y el arrojo, no desde centros herméticos ni conformistas, que dicen, dirán, diremos lo necesario y lo incómodo, lo políticamente incorrecto para quien ostenta la censura como principal discurso. 
Contacto

Ver artículos relacionados