Pomuch, lugar donde los mayas asean a sus muertos

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Texto y fotografías: Martín Zetina Gijón 2 noviembre, 2017

Fotoreportaje especial

Pomuch, que en maya significa, “lugar en donde se asolean los sapos”, se encuentra a 40 minutos de la capital del estado de Campeche, en el municipio de Hecelchakán. En este sitio se realiza la tradicional “limpieza de los santos restos”.

El Día de Muertos en la villa de Pomuch se celebra el 31 de octubre, 1 y 2 de Noviembre, pero días antes los pobladores acuden al cementerio para asear a sus muertos.  Los familiares llevan cubetas, escobas y brochas para hacer la limpieza de los osarios, de todos colores y tamaños.

Inician sacando la caja en donde se encuentran los restos óseos del difunto, con el mantel antiguo, y los trasladan a un lugar despejado para iniciar con la limpieza.

Es curioso y atractivo observar los nichos pintados de diferentes colores que en su interior resaltan los cráneos colocados encima de pequeñas cajas de madera.

José Emilio Tuz Chan falleció a la edad de 120 años. Sus hijas, Jacinta y Concepción, cuentan que en vida prometieron a su padre acudir año con año al camposanto para “asearlo y cambiarle su ropita” (manta blanca).

Venancio Tuz Chí es sepulturero del cementerio, se dedica desde hace 18 años a cambiar los paños y hacer la limpieza de los restos por 20 pesos.

Cada uno de los restos se limpia con esmero y cuidado. Se comienza por los huesos de las extremidades inferiores: pies, piernas, cóxis. Se termina limpiando la parte más importante para el ser humano, la cabeza o cráneo, que luego se coloca encima de los demás huesos, de forma tal que quede frente a la pequeña entrada del osario.

María Caamal Balam, limpia los restos de su madre fallecida hace unos años.

Mientras los difuntos son aseados, los familiares platican con ellos para mantenerlos al tanto de lo que sucede en el pueblo y en su familia.

Después de la limpieza, los restos se acomodan cuidadosamente en sus cajas adornadas con telas nuevas y bordadas. Los familiares procuran hacer el bordado a mano, con decorados de flores, palomas, pavorreales y el nombre de su familiar.

Tres o cuatro años después del entierro, el cadáver es exhumado para recibir su primera limpia.

Según Tuz Chí, el aumento de las religiones protestantes y el desinterés de las nuevas generaciones, ponen en riesgo la continuidad de este místico rito funerario.

Una vez depositadas las cajas adentro del nicho con los restos, los familiares les colocan flores y encienden veladoras para alumbrar el camino de regreso a las ánimas.

Las cajas deben permanecer abiertas con los cráneos expuestos al exterior, pues es parte de la tradición que reciban los rayos del sol y el aire fresco en estos días de festejos.

 

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Colaboro en Miradas Múltiples porque creo en el periodismo libre e independiente, aquel que se compromete con informar sin obedecer intereses particulares que estén por encima del bien común. Nací en Yucatán, México. En 2011 me gradué de la Licenciatura en Historia e inicié los estudios de fotografía digital. Resultado de combinar ambas disciplinas comencé a contar historias a través de las imágenes. He colaborado para diferentes medios impresos y digitales. Me interesa abordar los temas de migración, equidad y género, indigenismo, medio ambiente y movimientos sociales. Para esto, considero que la fotografía documental es fundamental en la elaboración de discursos visuales reflejados en ensayos fotográficos que nos acerquen a las realidades sociales de los protagonistas. Miradas Múltiples nos lleva a repensar la forma de hacer periodismo con el compromiso de documentar y mostrar la transformación política, social y cultural de los pueblos de México y del mundo.
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