“Macario Muuch” y los saberes que encierra el teatro

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Fotografía: Sarai Kuyoc 21 noviembre, 2017
Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas. Anoche, mientras estábamos cenando, comenzaron a armar el gran alboroto y no pararon de cantar hasta que amaneció. Mi madrina también dice eso: que la gritería de las ranas le espantó el sueño. Y ahora ella bien quisiera dormir. Por eso me mandó a que me sentara aquí, junto a la alcantarilla, y me pusiera con una tabla en la mano para que cuanta rana saliera a pegar de brincos afuera, la apalcuachara a tablazos…

Fragmento de “Macario”, un cuento de Juan Rulfo.

 

Sebastián y Malky. Malky y Sebastián. Dos presencias teatrales que ahora comparten una probadita de la mística que envuelve a las artes escénicas. “Macario Muuch” ocurre en Mérida, Yucatán, pero esta podría ser cualquier representación, cualquier montaje en cualquier lugar del mundo; eso no importa porque el hecho, el acto es el mismo, es uno solo: actores y espectadores siendo parte de un momento en el que la vida les revela un trozo de esa sabiduría que traspasa las butacas, que abandona la función para habitar los corazones de quienes han decidido exponerse, correr el riesgo de sentir, pensar y aprender. Decía García Lorca que “el teatro es poesía que se sale del libro para volverse humana”. Veamos si esto es cierto:

 

Poco a poco las y los espectadores vamos llegando; unas veces al Centro Cultural Olimpo; otras, a Tapanco Centro Cultural. En ambos casos la taquilla parece no importar y una a una, uno a uno, pasamos, ora a un recibidor algo frío y bastante luminoso, en el caso del Olimpo; ora a una galería donde se exponen unos exvotos cuyo tema es la interrupción voluntaria del embarazo, en el de Tapanco. Sin embargo, los dos espacios se asemejan en algo: el aroma de café recién preparado que flota en el aire y que Malky y Sebastián, quienes uno esperaría que estuvieran preparándose, nos dan la bienvenida personalmente.

Quien lleva la voz cantante es Sebastián. Habla a modo de un comediante de stand up comedy, de lo que él llama las reglas del juego y nos hace una no muy breve introducción del viaje, un tanto genealógico, que emprendió el proyecto de Macario Muuch hasta este, dice, “Tiempo Uno”. Celebra, afirma el centenario del natalicio de Juan Rulfo, pero también confiesa el 40 aniversario del Grupo Cultural Zero, con sede en Cuernavaca, Morelos.

Ya en el foro, si estamos en el Olimpo; aún en la galería de los exvotos, si estamos en Tapanco, los rostros de las y los espectadores pasan del desconcierto inicial al asombro cuando Sebastián va trazando lo que parece ser la historia de su madre y su padre hasta llegar a él mismo para pasar del asombro a la curiosidad por saber cómo —a decir de él también— el Sistema Río Abierto con la guía de Malky, su hijo Adis, el teatro y la política le han salvado la vida. De pronto, las fotos y los libros puestos en unos cojines tapizados con paliacates de colores amarillo, rosa y morado van adquiriendo sentido: “Cuando uno vive en el autoexilio son pocos los libros y las fotos que nos acompañan durante nuestras mudanzas.”

Algo nos ha pasado. Aún no sabemos bien a bien qué es. No tenemos tiempo de averiguarlo, Sebastián nos pide que nos descalcemos y sigamos a Malky: “No hagan nada que no se sientan a gusto hacer”, dice ella. “De lo que se trata —dice él— es de que conecten, primero, con ustedes mismas, con ustedes mismos; después, que conecten con las y los demás y, finalmente, que conecten, más que conmigo, con Macario.” Y viene, entonces, una fiesta de sensaciones y rostros sonrientes bajo la conducción de Malky.

Cuando nos damos cuenta, todas, todos, estamos sentados en el piso y al frente tenemos un candelero con una vela encendida. Si estamos en el Olimpo, Sebastián hace una señal hacia la cabina y la luz de un cenital cae al centro del escenario mientras él apaga la luz que llaman “de trabajo”; si estamos en Tapanco, Sebastián simplemente apagará las luces de la habitación. Allí es donde comienza el monólogo de Macario. Aquí es donde descubrimos qué es lo que nos ha pasado: primero aparece Sebastián con su historia personal y después Malky, con el movimiento, ambos nos han abatido todas las resistencias; de esta suerte, el texto de Rulfo aparece revestido de la belleza que le caracteriza, pero que no siempre sabemos apreciar porque hemos perdido el encanto por la sencillez y lo simple.

Cuando el monólogo termina, volvemos al movimiento, pero lo hacemos para llegar, más bien, a una caricia colectiva. “Macario —había dicho Sebastián— es en buena medida como este país: inocente; pero su inocencia es por alienación, por estar ajenas y ajenos de nosotros mismos. Macario es inocente porque es el tonto del pueblo; su inocencia es, pues, a veces, una inocencia infantil, pero otras veces es una inocencia idiota. Sólo con una inocencia así, idiota, se puede entender que tengamos los gobernantes que tenemos y que permitamos que el país se nos siga cayendo a pedazos.” Así que la caricia colectiva llega ni mandada a hacer: necesitábamos ese apapacho: este Macario Sapo no ha hecho otra cosa sino apalcuacharnos pero, no a tablazos, sino con la palabra, a las ranas-público que lo hemos venido a ver.

Las luces, las “de trabajo” o las de la habitación, según sea el caso, se encienden. Malky nos agradece estar presentes desde la presencia. Sebastián, cierra: “En la película Vuelven, de Issa López, la protagonista dice, palabras más, palabras menos, que había una vez un tigre que quería ser un príncipe, pero resulta que el tigre no podía ser un príncipe porque había olvidado cómo ser un tigre; a mí, Macario me recuerda que existimos aún muchos sapos que queremos ser príncipes, pero que no podemos serlo porque hemos olvidado cómo ser hombres.”

Macario Muuch [Tiempo Uno].
Dirección escénica: Eduardo López Martínez.
Concepto y juego escénico: Sebastián Liera.
Movimiento: Malky Castro Zavala.
Producción: Fondo Municipal para las Artes Escénicas y la Música 2017.
CooProducción: Kaaxankilil / Grupo Cultural Zero / Tapanco Centro Cultural.
Fotografías: Cortesía de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Mérida (Yucatán) 2015-2018.

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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