Esta palabra está en todos lados

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Fotografía: Un amor de locos © Israel De Souza 22 noviembre, 2017

Es un trotamundos, un artista visual que en la mochila lleva el bagaje de dos culturas: la europea y la latinoamericana. En pleno siglo XXI, en medio de la incertidumbre que causa el cambio de siglo y la revolución digital, Pablo Allison regresa a preguntas básicas en busca de respuestas mínimas que le ayuden a hacer sentido y a encontrar esos aprendizajes mayores que se ocultan detrás de cada imagen que captura con su cámara. ¿Qué le dice este mundo, con todas sus contradicciones, a un joven fotógrafo ocupado en temáticas sociales? 

Esta vez, Pablo ha decidido quitarse la prisa cotidiana, bajar la velocidad o, mejor, hacer un alto en el camino para pensar en una palabra que intuye, a la que se acerca y de la que se aleja en cada paso. Es una palabra recurrente, casi necia, universal y sin tiempo. También desgastada, pero renovable. Infinita y única. Alain Badiou le dedicó un libro con elogios y en estrecha vinculación a la verdad, el arte y la política. Platón pensaba que primero era preciso entenderla para llegar —solo después— a la filosofía, y Arthur Rimbaud dijo, sencillamente, que habría que reinventarla. Lo cierto es que esta palabra está en todos lados.

 

Trataré de no ser objetivo con esta reflexión. Sí, leyeron bien: no ser objetivo. La objetividad es útil y necesaria cuando se trata de explicar algún hecho o circunstancia, pero en cuestión de sentimientos y emociones los impulsos se apoderan de uno sin control, para mí es inevitable…

Aclarado el punto, abro la pregunta: ¿Dónde está esa palabra?

En distintas ocasiones he tratado de encontrarla. En cada país que he visitado intento —sin suerte— atrapar su significado más profundo y al no conseguirlo me desespero, pero sigo buscando. A veces pienso que nunca llegará y pierdo la fe. Otras, escucho su eco entre canciones, en pláticas informales, a manera de susurros, observando a la gente, en una sonrisa, en las parejas tomadas de la mano, en escenas citadinas, al interior del metro…

Es una palabra que deambula sigilosamente en México, en Siria, en Afganistán, en Caracas, en Buenos Aires, en Washington, en Japón, en Corea del Norte, en Nigeria, en Australia, en Londres. Está presente —por ejemplo— en el intenso andar de un corredor que llegará a la meta cueste lo que cueste, después de haber recorrido más de 40 kilómetros.

Flota en el aire que respiramos, en el beso que nos da nuestra madre al salir de casa, en el abrazo de nuestro padre al llegar por la noche y en el aprecio que sentimos por nuestros amigos más queridos. También está presente en las vivencias que nos dejan quienes se han marchado y está acechando cuando conocemos a la siguiente persona que entra a nuestra vida. Está ausente en la violencia que hace peligrar la paz. Y se derrama en unas cuantas lagrimas mientras ensamblo estos pensamientos.

Está impregnada en la belleza de la naturaleza que los seres humanos lastimamos sin culpa ni reparo. Se aparece cuando cruzamos miradas con alguien que llama nuestra atención en la calle. La sentimos en la empatía de la gente cuando ocurren hechos devastadores… Vive en cada estación del año, en cada día, en cada frase de aliento que expresamos desinteresada y generosamente a quien la necesita.

Se hace patente en esta reflexión y en el canto de los pájaros que todavía sobrevuelan la ciudad, pero pasan desapercibidos por la mayoría. Sentirla no se puede comprar, es incorruptible e infinita, pero necesita que la alimentemos con entrega, lealtad, compromiso, confianza.

Se observa en la mujer migrante que deja a su esposo, que se despide de sus hijos y emprende una travesía larga y peligrosa —muchas veces sin retorno— tan solo para llegar a su destino y empezar de nuevo. Se percibe en una noche fría de diciembre cuando la familia se congrega para dar la bienvenida al año nuevo.

Está protegiendo a la madre obrera que se levanta de madrugada para llegar a la fábrica y trabajar doce horas sin parar. Esta palabra es la representación de una hija encarando a su padre por errores cometidos. Es una familia buscando a su hijo desaparecido. Es la lucha por la justicia y el dolor, la ira, el coraje, la confusión al no alcanzarla. También es nuestra indecisión.

Subsiste en la despedida de tus seres queridos, esperando regresar para verlos en mejores circunstancias. Esta misteriosa palabra —tan inefable— nos abraza a todos sin siquiera darnos cuenta, y se esfuma frente nuestros ojos haciéndonos sentir de nuevo vulnerables, desprovistos, indefensos.

Personalmente creo que está en todas partes, pero no la observo porque prefiero cerrar los ojos para no sentir. Por demasiado tiempo la cobardía me ha invadido y su efecto hace que me cierre por completo, que niegue mi humanidad y en esta negación escapen momentos de felicidad, difíciles de desterrar. He querido suprimirla por temor a ser herido, porque prefiero “proteger mi corazón” para evitar una puñalada.

Como verán, es una palabra que cuesta entenderla y, quizás por eso, encontrarla. He llegado a la conclusión de que es gracias a ella que avanzamos como humanidad. Solo en ese sentimiento sabremos reconocernos como personas y lograremos derribar las barreras que nos separan, que nos encierran y deshumanizan.

Mientras tanto, yo la seguiré buscando…

 

¿De qué palabra se trata?

¿En qué otras escenas de la vida diaria se manifiesta?

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Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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México - Inglaterra

Nací en Manchester, Reino Unido y fui criado en México, en el Distrito Federal o Ciudad de México, como se conoce ahora. Inicié mis estudios universitarios de fotografía documental y periodística en la Universidad de las Artes, en el London College of Communication de Londres, Inglaterra. Posteriormente, en 2009, me recibí como fotógrafo documentalista del Newport College of Art and Design, de la Universidad de Gales. Mi aprendizaje en el ámbito de los derechos humanos, trabajando en organizaciones no gubernamentales como Amnistía Internacional y ActionAid, en Londres, se convirtió más tarde en inspiración para abordar las artes visuales desde un enfoque social y humanista. Algunos de los conceptos que utilizo en mis continuas exploraciones de la realidad son la libertad, la reclusión, el control, la migración y, obviamente, los derechos humanos. Miradas Múltiples me da la posibilidad de generar contenidos cotidianos para referirme a personas comunes y corrientes, como yo, sin inmediatez y siendo subjetivo, pero a la vez balanceado, justo y sensible, desde la empatía y sin dejar de lado el rigor en la información. Encuentra más de mi trabajo en Instagram: pablondon1
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