Cruz de Palabrxs

Por   ・ Inglaterra
Fotografía: Edgar M. Caamaño 30 noviembre, 2017

Se contó en los periódicos:

Asociaciones no gubernamentales catalanas e Iniciativa per Catalunya (IC) han remitido un escrito al fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, para que considere si debe emprender acciones legales a fin de impedir, por su contenido “homofóbico”, la canción Puto, del grupo mexicano Molotov.

 Octubre de 1998 1


Porque de eso se trata, de una broma, de una coreografía, de una fulminante puesta teatral,  y es en este contexto lúdico en el que se grita la palabra “puto”.

Lo que ha hecho la FIFA para lanzar su acusación de agresión homofóbica es aislar esa palabra de su contexto, de la escenografía colectiva con la cual, al igual que con la célebre ola, la multitud estelariza su propio espectáculo.

Junio del 2014 2


 

No recuerdo exactamente el primer momento en el que escuché la palabra de aquella canción, de aquellas porras, solo sé que fue durante la niñez. Quizás en algún lugar de la costa este de México, tal vez un chico en la escuela a quien su primo o hermano mayor le otorgó la palabra, a manera de cuete de contrabando, para después reventarla en nuestros oídos. Uno aprende de usos y costumbres, y se acostumbra a reincidir con aquello que retumba.

En la infancia del vocabulario, las groserías parecen tener un valor de misterioso poder y, sin ciencia cierta, las repetimos y con ellas vamos sesgando nuestra interpretación del mundo; dividimos la vida entre la defensa y el ataque, los buenos y los malos, el cielo y el infierno, cuando es día y cuando es noche y a quienes amamos u odiamos. Nos engañamos y forzamos una ilusión del mundo que únicamente entiende de binarios – o somos o no somos. ¿Qué somos? Yo no sé. Recuerdo que en México suele hacerse uso constante de la abundancia de insultos específicos para quien no acepta o defiende la categoría oficial de hombre y heterosexual, cuya mejor ilustración es la imagen popular del tradicional Jesucristo mexicano – el güero de cabello largo, barba y ojos azules.

En este artículo, quizás mundano, no nos enfocaremos en dicha representación, más bien partiremos de la palabra previamente introducida, que llega a los treinta y nueve millones de resultados según cierto buscador en-línea, para cuestionar y extrovertir palabras que llegan a habitar nuestros cuerpos, y que pretenden clavarnos lejos de mundos de posibilidades, de vidas. Recuerdo que en mi camino a la escuela alguien rayó en una pared, en un mensaje no más grande que un camote: “Puto el que lo lea”.

Fotografía: Edgar M. Caamaño

Julia Álvarez nos cuenta la historia de la tía Lola, caribeña de República Dominicana que visita a su familia en Vermont, E.U. La tía trata de enseñar a sus jóvenes sobrinos, versados en espanglish más que en español, que las palabras en este idioma están ideadas con género. Como dicen por ahí, es como si a las cosas les hubieran crecido genitales3:

 


“¿Y eso qué quiere decir? – pregunta Juanita – ¿Que algunas palabras son bonitas y femeninas mientras que otras – mira a su hermano de reojo – son feas y malas? Tía Lola trata de explicarles… Las palabras masculinas terminan por lo general en o y las femeninas en a. Como la palabra sky o cielo, es masculina, mientras la palabra para earth, la tierra, es femenina. – ¡El cielo es de nosotros! ¡El cielo es de nosotros! Miguel no puede evitar provocar a su hermana… – Pues, ¡nosotras tenemos la tierra! Termina en a. ¡La tierra! Y todo lo que está en el cielo: ¡la luna, la lluvia, las estrellas!” 4


 

El hablar y el escribir pueden hacer transparentes las ideologías tras los lenguajes, tanto desde las fuentes oficiales y reales academias, como en el uso diario de casa y de calle. Hay idiomas donde las divisiones que profesan las ideologías son más definitivas que en otros; en el español existe poco, si no es que casi nada, de espacio para la neutralidad. Usamos de vez en cuando lo, aquello o esto, pero aún esta por verse a dónde nos llevaría enseñar en la infancia que lo cielo y lo tierra no es ni de nosotros ni de nosotras, es de nadie. En otros idiomas la situación es distinta.

En español tenemos la taza de café o el café, pero Gaston Dorren nos explica como en holandés, idioma con más facilidad para hacer misceláneas de los géneros, tenemos el kop koffie, lo neutro kopje koffie y la tas koffie, más popular en Bélgica.5 Aún así, el autor comenta la manera en que el holandés, como cualquier otro idioma humano, al estar en constante estado de mutación, es víctima de lo que llama ‘un desvergonzado acto de sexismo lingüístico’6. La categoría masculina limita objetos singulares como átomo, avión o planeta a este género, sin importar si son o pueden ser también femeninos.

Idiomas como el inglés o el alemán igualmente abren la posibilidad de neutralidad, pues ahí el niña y la niño pueden ser the kid o das Kind. Hélène Cixous, en su experiencia hablando y viviendo en varias lenguas, nos explica la importancia de dicha posibilidad:

 


“Yo era “das Kind”…En otros idiomas te es permitido divagar, y en la niñez permanece un tipo de neutralidad que aplaza las decisiones sexuales. Esto no significa que la represión de la feminidad sea menos importante donde se habla alemán o inglés. Es diferente, interviene en otras áreas. Aún así, en estos lenguajes algo permanece sin decisión, un espacio de duda acerca de la subjetividad”.7


 

Aún vivimos con los problemas callados u ocultos de la jerarquía y dominación masculina que prevalecen, entre muchos ámbitos, en el lenguaje hablado, escrito, heredado y aceptado. Es por eso que una de las tantas acciones importantes es acercarse a nuestras prácticas del idioma desde varias posiciones, tomando múltiples decisiones de diálogo – donde quepa la duda y la pregunta – y así poder ver desde distintas perspectivas la problemática de los actos sexistas, que suceden con su mayor intensidad fuera del lenguaje. A pesar de esto, el lenguaje es uno de los espacios de acción más inmediatos donde podemos actuar alrededor de problemáticas de sexo.

Puto, y su forma femenina, son palabras cuya complejidad las hace bastante intraducibles a diferentes idiomas con mayor neutralidad. Como muchas otras palabras seminales, se utiliza como insulto, en ocasiones de manera amigable, pero generalmente agresiva. No siempre atrae o apunta hacia uno, dos o más cuerpos con pene entreteniéndose en placenteras actividades sexuales. Puto, además de referir a la homosexualidad, es un insulto bastante común en México, más no así en otros países de habla hispana.

Un amigo boliviano me comentaba que de donde él viene, hablar ese tipo de groserías es bastante severo, y uno no escucharía a la juventud hablando por las calles de ese modo. La palabra, como los cuetes de la niñez, truena más duro en otras comunidades, pero también se le adorna de distintas formas. Alguien me explicó alguna vez que en Coatepec, Xalapa, donde te hablan de primo y todos son parientes, los géneros se rolan con libertad: puta cabrón, puta vatillo y puta naco.

Fotografía: Edgar M. Caamaño

Esta palabra es igualmente utilizada para condenar la cobardía de alguien, y es en este sentido que es dirigida a homosexuales y heterosexuales por igual; no siempre hay que ser un hombre que disfruta del sexo con otros hombres para ser llamado puto. Buena prueba de esto es la histórica y pertinente tradición de llamar a los personajes de la esfera política mexicana de esta forma – que otros líderes mundiales puedan ser acreedores y acreedoras de este específico uso de la palabra es charla para otra noche -. Cobarde es un adjetivo que no cambia con el género.

La forma femenina de puto es puta. Una lógica simple, y quizás foránea al contexto mexicano, podría pensar que una puta es una mujer cobarde o una lesbiana, lo cual no sería muy riguroso. Bajo el tedio y la violencia del lenguaje dominante, esta palabra no es necesaria para referirse o insultar a la mujer lesbiana o cobarde. Si la palabra es hablada, gritada o susurrada, es probable que quiera hacerse referencia a que una mujer es una trabajadora sexual, o que tiene una gran cantidad de parejas sexuales. Ambas actividades son limitadas a lo negativo o – al insulto – tanto una profesión compleja, antigua y en constante demanda mundial, como la decisión personal de distribución de gozo.

Una mujer que engaña es una puta, pero un hombre que engaña no es puto; a menos que engañe a su esposa con otro hombre, hay menos insultos en español para referirse al hombre infiel que a la mujer infiel, situación agresiva y desigual. Más aún, la común variante, ‘puta madre’, nos regresa a la constante separación mental donde seguimos contradiciendo ideas de lo sagrado y lo maldito (y de paso la percepción lingüística de la mujer) con el objetivo de hacer violencia. ¿Sería ideal volver una ilegalidad no escrita el uso de esta expresión? ¿Nos expandiremos, para equilibrar, hacia ‘putos padres’? ¿Apuntaremos hacia otros personajes de la familia? ¿Por qué no hacer como en otros países, y tomar prestados objetos? Ostia puta.

Fotografía: Edgar M. Caamaño

Ya sea que venga de los padres de la patria o los padres de la iglesia, de las ciencias o de las poesías, estas palabras, como muchas otras, pueden servir de termómetros y ejemplos para ubicar que tipo de violencia existe en dichas sociedades, y muestran a quien va dirigida con más frecuencia; los insultos son palabras que nos hablan sobre desigualdades. Para que exista la desigualdad, tienen que construirse las categorías, no sólo con las palabras, también con la acción.

 


“…yo supe desde muy temprana edad que había un vínculo carnal entre nombre y cuerpo. Y que ello tiene un poder formidable, pues se manifiesta en los puntos más cercanos a la vida humana, a través de las letras… ¿No haber entendido que el cuerpo es siempre una substancia donde se inscribe? La carne escribe y es entregada para ser leída; y para ser escrita.” 8


 

Hélène Cixous nos recuerda que los nombres no sólo nos fijan en nuestras identificaciones, actas y documentos oficiales. También son marcas sobre nuestro cuerpo. ¿Qué acciones podemos escribir sobre el cuerpo para estar, acaso brevemente, más lejos de la violencia?

 


“Esto es lo que me enseña mi cuerpo: primero que nada, hay que irse con cuidado con los nombres; no son más que herramientas sociales, conceptos rígidos, pequeñas jaulas de significados asignados… que nos impiden mezclarnos…Pero, mis amistades, tomemos el tiempo de desnombrarnos por un momento.” 9


 

Es en la piel y los órganos desde donde Cixous nos recomienda retomar las posibilidades de ser, donde podemos saber y sentir sin necesidad de nombrar. Pero ¿qué tanto han de durar esos momentos? ¿Una noche o una vida? ¿Quizás varias vidas? Lo importante es hacerlo, partiendo de todos y cada uno de los nombres que nos han sido impuestos, y después de desarmar las palabras que ha aprendido nuestro cuerpo, verle desnudo, y marcarle como mejor nos parezca, o no marcarlo en absoluto.

No olvidemos que este largo proceso se da en una época donde es posible conectar experiencias y saberes que son parte de un antes y un después del internet. Esto no significa que antes no existieran, y existan, ideas y modos de vida fuera del binario hombre y mujer. Simplemente resulta fácil observar, y experimentar, con la multiplicación de nombres y cuerpos desde los diferentes espacios y formatos de las tecnologías de este siglo, condición que hace al lenguaje más dúctil y flexible. Las posibilidades del lenguaje siempre han estado en expansión, con o sin redes sociales, mas dicha expansión es ahora más sencilla, veloz y dinámica, como así también su conocimiento. Las comunidades que diversifican ideas de género, o que las desechan y deshacen, son accesibles desde casi todos los puntos de acceso al internet.

Por fortuna para los idiomas, y más importante aún, para las personas (y la expansión de nuestras conciencias), podemos explorar de manera más inmediata dichos conocimientos, grupos y experimentos. El lugar singular masculino del lenguaje está ahora en continua diversificación, abandono o metamorfosis. Surgen fuertes entramados de otras formas de lenguajes y acciones, que utilizan y transitan a través de las grietas de la identidad y sus monolitos, de lo oficial y su ilusión de lo absoluto. Todo esto ha mejorado en la más mínima de las sensaciones la manera en la que ciertas personas perciben la idea de género y determinación. Aun así, en un mundo donde la minoría se vuelve cada vez más eficiente en generar sufrimiento a la mayoría, cualquier mejora es vital.

Fotografía: Edgar M. Caamaño

Ya mencionamos la compleja situación de género que se da en el idioma español, lugar habitado por el lenguaje y la lengua, pero uno de los ejemplos más contemporáneos que propone alternativas es el uso de “x” y “@“ en lugar de “a” y “o”, para incluir ambos géneros, para excluir a ambos. Desde hace varios años es normal leer en las posibilidades en-línea el uso de “x” y “@“ para incluir o diluir la división de géneros: lxs lenguajxs y l@s lengu@s.

Quizás más que homosexuales o heterosexuales, somos homogénexs o heterogénexs – o construimos la ilusión – de que todo en nosotrxs es igual o que todo es diferente.

¿Es posible la neutralidad? ¿Es necesaria? La humanidad se pierde y se encuentra cada que se maldice en alabanzas y se celebra en insultos, estelarizando espectáculos de pocos segundos, vistos por millones, recordados por quien sabe quién. En esta discusión interminable, las palabras seguirán fluctuando más allá de este y cualquier otro texto, por eso es importante que los cambios sean de actitud, no tanto de lenguaje. No sería seguro ni oportuno proclamar que hemos liberado el lenguaje, sin que primero nos hayamos liberado de la violencia.

Fotografía: Edgar M. Caamaño

¿Desde dónde estoy escribiendo esto? ¿Qué está inscrito en mi cuerpo y qué puedo leer y escribir sobre y fuera del mismo? Se escribe y se lee desde el hecho de que nunca he menstruado por una vagina ausente entre mis piernas, desde la voluntad de conversar y entender, buscar articulaciones vitales de convivencia. La realidad biológica desde la cual no tengo ovarios no descarta que pueda experimentar una de tantas formas de embarazo.

Ejercicios de vuelo sobre los asentamientos de las definiciones. ¿No es que acaso la manera en que vivimos el mundo sucede al mismo tiempo en nuestra mente y en nuestro cuerpo, dentro y fuera a la vez, con y sin nosotrxs? “El planeta es mi subconsciente, el planeta es mi cuerpo…estoy embarazada de comienzos.” 10. Así como Cixous incluye en esta experiencia los personajes y las identidades que puede crear, todo aquello que ella puede ser y re-ser, tanto en su escritura como en su realidad, Eduardo Galeano nos recuerda que igualmente el embarazo es parte íntima y parte pública de la tradición oral de los pueblos:

 


“Ese hombre, o mujer, está embarazado de mucha gente. La gente se le sale por los poros. Así lo muestran, en figuras de barro, los indios de Nuevo México: el narrador, el que cuenta la memoria colectiva, está todo brotado de personitas.” 11


 

Sigamos expandiendo y diluyendo el lenguaje, residuos del día que hay que reciclar, figuras de barro o de plástico o de palabras. Estar embarazadxs, narrar historias e histerias en formas más fecundas de posibilidad, más allá de treinta y nueve millones, donde no es tan necesario el número como sí usar el tiempo para encontrar y entendernos con todas las personitas que van brotando.

Mas no olvidemos, en esta abundancia, que las acciones del respeto a la vida de lxs personxs han de ser la energía diaria y básica de la cual gotean otros actos como las modificaciones a las palabras. Quizás lo importante es compartir, dar, darse. Compartir todo aquello que al final no es de nadie; tú me das, yo te doy, das tierra, das cielo, das átomos y das planeta.

Referencias:
1 – UNA CANCIÓN DE MOLOTOV
2 – El grito homofóbico
3 – P.175 LINGO. A language spotter’s guide to Europe. Gaston Dorren. Profile Books. 2014. Traducciones EMC
4 – P.59-60 Cuando Tía Lola Vino De Visita A Quedarse. Julia Alvarez. Yearling. 2004. Traducción al inglés por Liliana Valenzuela.
5 – Ibid. 175
6 – Ibid. 178
7 – P.26-27 Coming to Writing and Other Essays. Hélène Cixous. Harvard University Press. 1991. Traducciones EMC
8 – Ibid. 26
9 – Ibid. 49
10 – Ibid.48
11- P.6 El Libro De Los Abrazos. Eduardo Galeano. Siglo XXI. 2006.

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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