La frontera de la verdad en el falso documental (I)

Por   ・ México
Fotografía: Miradas Múltiples 3 diciembre, 2017

Primera entrega: ¿Qué es un falso documental?

 

Quisiera comenzar con algo que es muy polémico, pero a la vez, muy obvio si nos detenemos a pensarlo. Nada de lo que digamos es, por sí mismo, verdadero o falso. Para que algo sea verdad o mentira, tiene que ser visto como una verdad o una mentira.

En esta serie de entregas se hará un breve repaso por algunos ejemplos de ese divertido -y a veces siniestro- producto cinematográfico conocido como “falso documental”. Se suele entender por falso documental aquella película que tiene la forma de un documental pero cuenta algo que no es cierto. En breve vamos a darnos cuenta de lo problemática que es esta definición, pero sólo para que nos entendamos: la famosísima El proyecto de la bruja de Blair, que tantas malas copias y excelentes obras ha inspirado, es una película que parece un documental (una cámara al hombro que sigue a los personajes, ellos hablan con la cámara, hay entrevistas, etc.), pero que cuenta una historia que no es verdad (los muchachos que aparecen ahí y van muriendo en el bosque son todos actores, los hechos estaban planeados, etc.).

Imagen: Parte de la campaña de promoción de El proyecto de la bruja de Blair era promoverla como un documento real. La estrategia de no promover un falso documental como tal es característica del género. Fuente: http://www.cinepunx.com/Writing/in-theaters-blair-witch/

Esta serie de entregas se llevará de la siguiente manera: la primera de ellas -esta que usted está leyendo- será la que sirva como mapa para cuestionar y reconocer puntos importantes sobre los falsos documentales. A partir de la segunda -y no sé en estos momentos cuántas más habrán-, me dedicaré a hablar ya sea de un falso documental en específico, un tema recurrente en falsos documentales, o un tipo de falsos documentales con varios ejemplos. La última de las entregas -que no sé cuándo vendrá- será a modo de conclusión sobre qué nos dicen los falsos documentales del mundo que estamos viviendo.

Así que iniciemos, ¿qué es un falso documental?

El falso documental: un falso híbrido

El falso documental, con mucha frecuencia, es reducido a esta fórmula: contenido ficticio + forma documental = falso documental. Se argumenta que todo falso documental es una película que luce como un documental, pero que cuenta algo ficticio, algo que no es cierto.

¿Cuál es el problema con esta definición? Que considera que hay contenidos que por sí mismos son falsos o ficticios, y contenidos que por sí mismos son verdaderos o documentales. Pero como un examen rápido a la noción de verdad hará ver, esto no es así.

Imaginemos que es la primera vez que me presento con alguien y le digo que mi nombre es Juan (cuando mi nombre es Sergio). La otra persona no tiene porqué creer que le estoy mintiendo, pues no hay nada en mi rostro a lo que le corresponda naturalmente el nombre “Sergio”. Es tan arbitrario que me llame Sergio a que me llame Juan, o Armando, o incluso un nombre asociado con el género femenino (por ejemplo, en varios países, Andrea es un nombre usado tan frecuentemente en hombres como mujeres, mientras que en otros es un nombre exclusivo de mujeres).

Del mismo modo, cuando en un documental aparece una persona en una biblioteca, con un cintillo abajo que dice que es investigador en alguna universidad, no hay nada de natural en que lo sea o no lo sea. Y sin embargo, cuando vemos esta imagen en algo que decimos que es un documental, asumimos que si vamos a esa universidad y pedimos hablar con ese investigador, aparecerá frente a nosotros la persona que efectivamente vimos en el documental.

Esto quiere decir que nada es “naturalmente” verdadero o falso. Nada es, por sí mismo, verdad o mentira. Necesitamos estar en una posición o postura específica para decidir que algo es verdadero o falso, y además, para calificar las cosas como tal, necesitamos una ayuda extra: alguien puede decir que son las 3 de la tarde, pero sólo podemos aceptar esto como cierto si nos colocamos en la posición de que efectivamente aceptamos la medición del día en horas, y requerimos la ayuda de un reloj señalando esto, usualmente veríamos si el sol no está oculto (dependiendo de la época del año y la parte del mundo), y si conocemos la diferencia entre el 3 y el 4, etc. En resumen, para que algo sea verdad, requerimos al mismo tiempo aceptar que otras cosas son verdad también.

Entonces, esto significa que toda verdad es una verdad del discurso. Piénsese en que, la gran mayoría de cosas que sabemos, no las sabemos por los sentidos, sino porque se nos han dicho. Muy probablemente usted no negaría que la Tierra es un planeta que gira alrededor del Sol, que hay otros planetas a su alrededor, que existieron en algún momento los dinosaurios, etc. ¿Usted ha visto los planetas, ha visto los dinosaurios? Podría responderme que no, pero que existen evidencias. ¿Pero usted ha visto estas evidencias? Aún si usted se topa con un fósil de dinosaurio, probablemente ni lo reconocería como tal, o no sabría cómo declarar que es auténtico o no. Todas estas cosas las sabe por el discurso, no porque sean por sí mismas, “obviamente”, ciertas.

¿De qué sirve toda esta discusión sobre el tema de los falsos documentales? Pues para aceptar que no hay ninguna cosa que por sí misma sea cierta o falsa, sino que las cosas son ciertas o falsas gracias a que son vistas así, toda concepción de un falso documental como “contenido ficticio + forma documental” se vuelve insuficiente.

Las películas pueden lucir de tal o cual modo, y sin duda ese modo es una manera en la que nos invitan a que las entendamos y reaccionemos a ellas en consecuencia. Por ejemplo, al pasar rápidamente por los canales de televisión, podemos toparnos con la imagen de una persona siendo entrevistada por una cámara, un guepardo atacando un antílope, una animación digital de lo que le sucede al corazón durante un infarto, y sólo con esa información visual, decidir con una enorme rapidez si estamos viendo un documental o no. Acepto que existe una forma documental relativamente fácil de identificar, pero esto no es sinónimo de que las cosas sean documentales sólo por tener esa forma. En otras palabras: las películas pueden lucir de un modo u otro, pero eso no significa que sean de tal tipo necesariamente.

¿Qué hace que las películas sean de un tipo u otro? El modo en que son vistas. Si en el año 2005 producíamos un documental que dijera que en el Sistema Solar hay 9 planetas, uno de ellos Plutón, nadie diría que estamos mintiendo. Pero ese documental visto hoy, ¿sería un falso documental, ya que no hay 9 sino 8 planetas? Claro que no, porque el documental sigue siendo verdadero en sus propios términos, dentro de sí mismo. Lo que cambió fueron las verdades con las que esa proposición entra en conflicto hoy. No hay 9 u 8 planetas naturalmente, sino que es una construcción de discurso, la cual puede ser modificada -de hecho, lo fue-.


El falso documental In search of the edge planteaba, con los mismos recursos
que usa cualquier documental científico, la postura de que la Tierra es plana.
Fuera de constituir una burla ante quien piensa que la Tierra es plana,
la película constituye una burla a la supuesta “objetividad” del conocimiento científico.

 

Entonces, tan importante es la forma de las películas como el modo en que son vistas para decidir que sean verdad o sean mentira, que sean documentales o ficciones. Podemos representarnos esto en el siguiente diagrama:

Pensemos de nuevo en que si estamos cambiando rápidamente los canales y nos topamos con las imágenes de una especie de tribu aborigen, con el logo de Discovery Channel o History Channel arriba, identificamos algo que tiene forma de documental -empieza a girar el engrane de la izquierda-, y a la vez, nos ponemos en la posición de espectadores de un documental -se activa el engrane de la derecha-.

Por otro lado, si antes de empezar a ver una película alguien nos dice que vamos a ver un documental, sea un acompañante o la sinopsis en la cartelera de cine, ya se está activando en nosotros el engrane de la derecha -nos ponemos en la recepción documental-, y en consecuencia se mueve el engrane de la izquierda -empezamos a hallar la forma documental-. Así, entonces, podemos declarar que un falso documental se define como aquélla película que luce como documental, pero que activa mecanismos en nosotros que van desde la recepción documental -nos engaña- a la recepción ficcional -sabemos que esto no es cierto-.

Conclusiones

Para finalizar esta breve presentación y discusión en torno a la teoría del falso documental, habrá que recordar, una vez más, que lo “documental” es una categoría flexible. Las categorías de lo que es un documental o dónde empieza lo “falso” de un documental varían y responden a discursos más amplios que los del cine, como los límites de la representación, la verdad, la realidad y la falsedad de un momento y lugar determinados.

Con el desarrollo de nuevas tecnologías, capaces de manipular digitalmente las imágenes, y nuestra mayor ambientación a un mundo dominado por las imágenes, ¿qué papel juega el documental en la cultura contemporánea? ¿Qué ha hecho la sociedad actual con los documentales?

John Corner (2002) propone que vivimos una cultura posdocumental, en la que los documentales son un modo más de la sociedad del espectáculo y entretenimiento. Los reality shows, los comerciales documentalizados, los talk shows y demás elementos lúdicos que popularizó la televisión la primera década del siglo XXI están ahí. Para actualizar un poco, habría que sumar los nefastos clickbaits, fake news, “hechos alternativos” y “verdades históricas”.

 

 


¿Alguna vez se ha fijado que los participantes de un talk show aparecen en otra edición del programa con ropa y peinado diferente?

 

Esta cultura no nació espontáneamente, sino que juega un papel decisivo la multiplicación de pantallas y las nuevas lógicas de consumo de medios. Constantemente nos topamos con quienes creen que las posibilidades del mundo digital y el internet hace que tengamos “más y mejores” opciones como consumidores, pero ésta es una postura ingenua. Como aclara Guillermo Orozco (2011), los medios digitales no tienen una cualidad liberadora intrínseca: los medios no nos harán libres, es lo que hagamos con ellos, a través de ellos -y en muchas ocasiones, a pesar de ellos- lo que puede hacernos libres.

Esta diferencia es clave, porque creer que los medios cambiarán para nuestro bien es algo que debemos reconocer como una mentira. Más bien, se requiere un nuevo tipo de educación para los medios, para que el público sea más crítico con lo que ve.

En este texto no pretendo afirmar que no hay diferencias entre las verdades y las mentiras, que cada quien vive en una burbuja sin tener contacto con los demás, o que la existencia de la fuerza de gravedad es relativa a cada persona o cultura. Lo que estoy diciendo es que uno no puede tener elementos suficientes para siempre saber si un contenido es documental o ficcional sólo por el contenido mismo, tal como parece que nos lo quieren hacer creer las definiciones más clásicas del documental y falso documental; sino que la posición desde la que uno esté dispuesto a leer los contenidos afectará la veracidad o falsedad de los mismos.

Al tener siempre en cuenta que el modo en el que nos posicionamos ante un discurso afecta al discurso mismo, entenderemos que las cosas que creemos ciertas son ciertas más por acuerdo que por naturaleza, y en ese sentido, las cosas que hoy nos parecen imposibles son imposibles por acuerdo más que por naturaleza. Entenderemos que el mundo puede ser distinto. Sólo hay que convencerse de que lo que hoy es una mentira -un mundo distinto, mejor-, puede ser verdad.

Este texto es una versión resumida y ligeramente modificada de la ponencia presentada en el pasado Congreso de la IAMCR, en Cartagena, Colombia. La ponencia completa se puede consultar aquí:

Las fronteras de lo verdadero en los falsos documentales – Presentado en el Congreso IAMCR 2017

Referencias:
• Corner, John. (2002). Performing the Real. Documentary Diversions. En Television & New Media, Vol. 3, No. 3, Agosto 2002, Pg. 255-269.
• Orozco, Guillermo. (2011). La condición comunicacional contemporánea. Desafíos latinoamericanos de la investigación de las interacciones en la sociedad red. En Jacks, Nilda (ed.). Análisis de recepción en América Latina: un recuento histórico con perspectivas al futuro. Quito: Editorial Quipus, Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina. Pg. 377-408.

 

Recomendaciones para seguir leyendo:

 

• García Martínez, Alberto Nahum. (2006). La traición de las imágenes: mecanismos y estrategias retóricas de la falsificación audiovisual. En Revista de Estudios de Comunicación Zer, No. 22, 2007, Universidad del País Vasco. Pg. 301-322.
• Lipkin, Steven N., Paget, Derek & Roscoe, Jane. (2006). Docudrama and Mock-Documentary: Defining Terms, Proposing Canons. En Rhodes, Gary D. & Springer, John Parris (eds.). Docufictions: Essays on the Intersection of Documentary and Fictional Filmmaking. Jefferson: Mcfarland & Co. Inc. Pub. Pg. 11-26.
• López Ligero, Mar. (2015). El Falso Documental. Evolución, Estructura y Argumentos del Fake. Barcelona: Editorial UOC.
• Nichols, Bill. (2013). Introducción al documental. México: Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, Universidad Nacional Autónoma de México.
• Niney, François. (2009). La prueba de lo real en la pantalla. Ensayo sobre el principio de realidad documental. México: Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, Universidad Nacional Autónoma de México.
• Weinrichter, Antonio. [2004] (2005). Desvíos de lo real. El cine de no ficción. Madrid: T&B Editores.
• Zavala, Lauro. (2003). Elementos del discurso cinematográfico. México: Universidad Autónoma Metropolitana.

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

Comparte: La frontera de la verdad en el falso documental (I)

por

México

Maestrante en Comunicación por la UNAM (México). Ha sido profesor en cursos de teoría y análisis de cine, cine de terror, cine documental, pornografía y políticas culturales en universidades y centros especializados. Es miembro del Seminario Permanente de Análisis Cinematográfico. También le encanta la música electrónica y la cerveza oscura. Pueden seguir otros textos suyos en: https://unam.academia.edu/AguilarS
Contacto

Ver artículos relacionados

No se mata la verdad matando periodistas

 


 

#NoAlSilencio


 

Ni un periodista asesinado más

 

 


 

Agenda
#NoViolencia   #MarchaMundialporlaPaz

 

Lanzamiento de la 2ª
Marcha Mundial por la Paz y la Noviolencia