El tic tac de la vida

Por   ・ México
Fotografía: Miradas Múltiples 14 diciembre, 2017

Edgar Elías es poeta, su padre relojero. De contar el tiempo y juntar palabras surgen estos poemas; uno sobre el Movimiento Estudiantil de 1968 en México, del que su padre fue testigo. El otro, su homenaje personal al hombre que dedicó su vida a reparar ese mecanismo con el que medimos las horas de los días, pero no lo que sucede en el lapso. Para eso, para registrar el auténtico tic tac de la existencia tenemos la poesía. Antes lo hicieron Borges —“La arena de los ciclos es la misma / E infinita es la historia de la arena” — y Cortázar ­—“Cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido”—, entre tantos otros.

“La vergüenza es ira / vuelta contra uno mismo”, escribió Octavio Paz sobre la fecha que cimbró las estructuras mexicanas del poder. José Emilio Pacheco: “El llanto se extiende / gotean lágrimas / allí en Tlatelolco”. Y Gabriel Zaid: “Asqueado de todo eso, preferiría morir / de no ser por tus ojos, María, / y por la patria que me piden”. Ahora es Edgar Elías quien recupera en estos versos los minutos que transcurrieron aquel 2 de octubre, cuando la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas. No es memoria archivada ni una efeméride de calendario, sino el contraerse y dilatarse de un país que se busca y no se encuentra, y en el camino va escribiendo un relato colectivo que nunca expira, siempre continúa.



Tlatelolco / Edgar Elías

A la infancia de mi padre

68 minutos de silencio
atravesaron su cadáver
y la sombra de una niñez en cautiverio.
La manecilla de sus ojos deambulaba
en el terror de las hélices retumbando en sus tímpanos.
De su lengua soldados bajaban por su esófago y salía del vientre la adrenalina del nervio
y un olor a sangre comulgaba en el cráter de la pesadilla.
Las almas amontonadas le sostenían las lágrimas a la flor podrida del balero, abriendo ya cadáveres y midiendo el tiempo.
Cavando su tumba en la caricatura cruel del miedo.
y esconder el plástico derretido por sus manos.
Aquella ancla adulta caída al abismo en la niñez de la muerte.
Carne pisada de sus pies donde
se ungía la necrofilia del paso.
Más hoy estalló la manecilla y un baldío de tortugas muertas
riega el camino del péndulo.

Y una mirada punzo cortante
del pasado suele hundir el parpado de los que nacieron en el canibalismo humano.
La herida nunca se estrangula, solo sucede la Pangea
pero solo basta buscar una aguja en el mar para fruncir la
cavidad de un silencio y una lágrima derretirse cuando cae
en el recuerdo.

Aún con canas el canario nunca olvida como aparearse en la mórbida selva.
68 minutos de silencio se riegan aún bajo tierra
donde una vez hubo paz y cacería humana.
Siempre envuelta de un segundo.
Siempre expuesta a convalecer.
Siempre un segundo detona la negrura de un psicópata
y mueren los débiles…


En una época en la que nos encaminamos hacia la automatización o robotización del trabajo, Edgar Elías vuelve —con el poder de la palabra— a otro periodo de México en el que los oficios representaban el palpitar de cada barrio en cada urbe. Oficios que se han ido transformando o perdiendo, y que en ocasiones dejan a la gente sin una actividad con la que subsistir en un mundo acelerado hasta el vértigo. Sin pretender estigmatizar el avance ineludible de la humanidad, este México de ayer que el poeta nos recuerda también es una invitación a repensar el modelo de ciudad actual y el futuro del empleo en las sociedades contemporáneas, determinado por la constante innovación tecnológica.



“Aquí el tiempo fue un hoyo negro que perforó la vejez deteniendo el péndulo de mis ojos”.


A mi padre, Luis Elías Díaz
El relojero

Observas la muerte de un
mundo con una lente;
y tu cabeza revolucionando las
desgastantes ilusiones ópticas
de los cristales. Un preludio
analógico desmenuzando las
ruedas. Las cuerdas, las
manecillas apuntan las 5:00.
El cucú de tu corazón entre sale
marcando el deterioro del
tiempo.
Un preámbulo de silencio
diagnosticando las bobinas del
recuerdo.

Reconstruyes heridas de los
relojes que marcaron soledades
mas no el tiempo. Puedes
regresar las manecillas, brillarlas,
pero el tiempo es relativo.
Abres al cadáver,
recopilando las maquinas heridas
cambiándolas por deseos.

El aroma a tabaco, bencina y a viejo.
La radio del fonógrafo parte de
tu trabajo.
Escurren los minutos muertos.
Eres el recuerdo del México antiguo.

En calles del centro, en Palma o en Madero
Vieja sabiduría entre cuerdas,
Jugabas entre cadenas
entre pivotes y pernos.
Un gran enigma del tiempo.
Aquel misticismo perdió fuego,
tu solo los arreglas a cambio de pesos.
La niñez de tus dedos pulía ya
los huesos de un Cartier.

Dejaste el universo que rebota
la inocencia por masticar la
noche de una Miyota.
Todos te conocen por tu sabia
manipulación de aquellos cadáveres.
Grandes sabios, científicos,
inventores, intentaron definirlo,
pero solo
lograron medir el tiempo.
Egipcios, chinos, asirios, mayas
y los mismos griegos
Por mencionar unos
Galileo, Da Vinci, Huygens, Hooke.

Construyendo el primero hace
3000 a.C. aquel reloj solar.
El caos de la edad media en el
siglo VIII.
Los virreyes solo podían
alcanzar aquellas clepsidras
mientras
Suiza era la catedral del reloj.

Tan inalcanzables por las ciudadelas;
Pero los tiempos han
revolucionado.
El mercado ha sido devastado
Por la entrada del mercado
chino.
Grandes compañías has visto
derrumbar.

Pelletier,
Cartier,
Todos esos muertos.
Aquellos Relojes de Pared,
de bolsillo
Swatch, Citizen, Rolex, etc.
Cual sea has hecho del cadáver
que
Vuelva a caminar.



“Tiempo sin tiempo” precisaba, necesitaba Mario Benedetti. Tiempo sin tiempo “para estar al día / para estar a la noche / tiempo sin recato y sin reloj”. Tiempo para apreciar el valor de la poesía. Y el tic tac de cada uno, de la vida.

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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Edgar Elías, Pedro Nostalgias (Ciudad de México, 1988). Además de narrador y poeta, pianista autodidacta. Ha participado en las publicaciones colectivas: Colectivo Entrópico, Tocan a la puerta , Un claro en la ciudad, La llave de los secretos, Hostal Entrópico y Sobre la brecha. Algo más sobre mi trabajo: Editorial Dunken. Buenos Aires Argentina Radio (Palabras Urgentes) CDMX NVR (Nuestra voz radio) La banda eriza. Sistolee Editorial Objetum Radio Aragua Mágica "Las voces Románticas de Aragua" Conducido por mi gran Amiga Cantante Internacional Maigualida Ramírez "Lluvia" Caracas, Venezuela. Festival Atlántico de Poesía "De Canarias al Mundo" Invitación al Festival Internacional de la Poésie de Trois-Riviéres, Québec Canadá Alquimia MX (Proceso de Publicación) Editorial Porrúa. (Proceso de Publicación)
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