Alexander, un migrante deportado

Por   ・ México - Inglaterra
Imagen: Pablo Allison 17 diciembre, 2017

La migración es una constante, un fenómeno inherente al ser humano. Sin embargo, como sabemos, el sistema económico, político y social que prevalece hace que el tránsito de personas en todo el mundo sea, la mayoría de las veces, bajo las condiciones más adversas y peligrosas, y en clara violación a los derechos fundamentales de cualquier individuo. La Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó el 18 de diciembre como el Día Internacional del Migrante. Para esta fecha y con el objetivo de insistir en que NINGÚN SER HUMANO ES ILEGAL, Pablo Allison comparte la charla que sostuvo con Alexander, un joven salvadoreño que narra su experiencia como migrante.

Se trata de un testimonio que pone el foco en la incapacidad de los países de origen para brindar los elementos necesarios que permitan a sus habitantes permanecer y tener una vida digna. También en los anhelos de quienes se aventuran en un viaje riesgoso, a fin de encontrar, en el país de destino, las oportunidades que nunca han tenido. Son centroamericanos que llegan a Estados Unidos, pero también refugiados en Europa que huyen de la guerra en Siria o del hambre en África. El relato de Alexander es solo uno, de todos los que representan el gran fracaso del modelo capitalista que rige la vida en el planeta.

The story in English at the bottom of the text.


Las causas de la migración, la migración y el arribo

Al igual que otros migrantes, Alexander tomó la decisión de salir de San Salvador, El Salvador en busca de una vida mejor para él y su familia. Su padre lo abandonó cuando era más joven y esto hizo que se viera en la necesidad de trabajar para ayudar a su madre y llevar comida a su casa. Por esta razón dejó la escuela, para hacer lo que conocemos como “salir adelante”.

En 1994 su madre migró a los Estados Unidos y, debido a la pobreza en la que vivían, Alexander la alcanzó tiempo después.

Tenía 20 años cuando aquel viaje. Hizo el trayecto viajando durante horas: en autobús, en auto y en la llamada “Bestia” (el tren que conduce a cientos de migrantes ilegales que años tras año viajan del sur al norte de México). Todo el recorrido fue deplorable, hasta que llegó al muro fronterizo.

La primera ocasión fue en 1996 y viajó de San Salvador a Brownsville, Texas. Una vez que cruzó la frontera, hizo otro largo trayecto hacia su destino final en California, donde su familia lo esperaba.

En esta ocasión trabajó como granjero. Alexander comenta que se puede ahorrar una buena cantidad de dinero si trabajas fuerte, pero mucha gente se equivoca y termina consumiendo drogas y haciendo lo que no debe.

Tristemente, Alexander acabó así. En su país no consumía drogas, comenzó a hacerlo cuando perdió su trabajo y se involucró en actos ilícitos. Al final desistió de todos sus propósitos y las metas que tenía.

No obstante que Alexander entró a los EEUU en la clandestinidad, tuvo la fortuna de lograr un status legal que perdió cuando lo arrestaron y encarcelaron. Debido al expediente delictivo que le abrieron, en 2002 fue deportado a El Salvador. Además, el juez dictó un acta de libertad condicional en caso de que regresara a los Estados Unidos. Esta sentencia le permitía a la policía arrestarlo si lo descubrían y deportarlo definitivamente.

En El Salvador estuvo por dos meses, hasta que en 2012 volvió a intentarlo y la historia se repitió. De nuevo, viajando en autobuses y autos hasta alcanzar, una vez más, la frontera donde caminó por el desierto durante tres días para llegar, ahora, a la ciudad de Phoenix, en Arizona.

A lo largo de esos tres días de caminata, recuerda que lo acompañaron un grupo de mexicanos originarios de Oaxaca que no mostraban mucha solidaridad entre ellos. Por ejemplo, cuando tenían que brincar alambrados no se ayudaban. Alexander, por el contrario, ayudó a varios para que pudieran sortear los obstáculos durante el camino.

Imagen: Campaña en Madrid para visibilizar la migración de personas que llegan a Europa huyendo de la guerra en sus países. Fotografía: Miradas Múltiples

A pesar de todas las complicaciones que significa viajar como migrante, lo que motiva a personas como Alexander, me dice, es su entusiasmo y el deseo de encontrar un trabajo decente y bien remunerado, cosa que no sucede en su país.

En su tercer cruce viajó en el tren con un migrante hondureño que lo acompañó hasta San Luis Potosí, en México.

Le llevó casi dos meses viajar de El Salvador a San Luis Potosí. El viaje en tren fue arriesgado. Recuerda haber visto asaltantes acosando a otros migrantes y en algunas ocasiones observó cómo los criminales secuestraban y asesinaban con machetes a otras personas.

Finalmente, un coyote (traficante de personas) logró cruzarlo hacia El Paso, Texas por un pago de tres mil dólares. Una vez en Estados Unidos, llegó en coche a Los Ángeles, California, su último destino.

De nueva cuenta tuvo suerte en encontrar trabajo y, esta vez, estaba decidido a llevar una vida tranquila para no correr riesgos y evitar meterse en problemas y, en consecuencia, ser deportado. Desafortunadamente, cierto día, cuando visitaba a un familiar en prisión, lo arrestaron y fue deportado por tercera ocasión.

No obstante todas estas experiencias, Alexander insiste en migrar hacia Estados Unidos, dice que lo hará en 3 o 4 años porque las dificultades económicas persisten en su tierra.

Me explica que en El Salvador tener tatuajes en el cuerpo es un problema, porque la policía tiende a vincular a quien los lleva con la pertenencia a pandillas. En una ocasión lo detuvieron por su apariencia y lo acusaron de portar substancias ilegales. Después de eso, lo encarcelaron por un tiempo hasta que sus familiares encontraron a un abogado que logró que lo absolvieran de cualquier delito.

La vida en el Barrio

Actualmente, Alexander es lavador de coches en su barrio. Despierta a las cuatro de la mañana y termina su trabajo a las dos de la tarde. Dice que se dedica a esta actividad porque con sus tatuajes nadie lo contrata.

Sus tres hijas y su esposa batallan para que les alcance el poco dinero que gana. Por suerte, sus padres lo apoyan con remesas que le envían desde los Estados Unidos, así es como puede comprar las cosas que necesitan: pañales, leche, incluso la comida de todos los días. Sus familiares están conscientes de la pobreza en la que vive y por eso lo ayudan.

“Aquí es difícil, difícil sobrevivir”, dice Alexander. “Si no te cuidas a ti mismo, te pueden matar fácilmente. Con frecuencia, solo por verte involucrado en rumores puedes perder la vida. Siempre tienes que observar por dónde vas. Si te equivocas de barrio, puedes salir muy mal herido o terminar muerto”.

Los Estados Unidos y las diferencias con El Salvador

Alexander piensa que la principal razón por la que migra es que los Estados Unidos le ofrecen la estabilidad económica que aquí no encuentra. Dice que nunca tuvo que aprender a hablar en inglés porque la mayor parte del tiempo estuvo rodeado de gente latina, de Honduras, Guatemala, El Salvador. Personas que solo hablan español y hacen que se sienta a gusto trabajando con ellos. En general, dice que los Estados Unidos es un país con muchas oportunidades y si sabes sacarles provecho, ¡la vida puede ser buena!

Sus aspiraciones, dice, nunca fueron viajar fuera de su país buscando mejores oportunidades. Su objetivo era quedarse en El Salvador, titularse y encontrar un buen trabajo. Una vez soñó con ser alguien en la vida, pero desafortunadamente no todos tienen esa oportunidad.

Menciona que se siente muy libre en los Estados Unidos a diferencia de su país. Libertad que viene con el costo que hay otras reglas que tienes que seguir. “Si caes en la trampa, eso es todo, estás acabado, se acabó”.

Las autoridades mexicanas

Al viajar por México nunca sufrió represión, solo recuerda cuando la policía federal lo detuvo y arrestó sin razón, pero 72 horas después lo liberaron y quedó libre de cargos.

Por otro lado, me comenta que la extorsión es una amenaza constante durante el viaje a la frontera. “Todos están buscando tu dinero, ya sea la policía o las pandillas que controlan el negocio ilegal de la migración”.

En contraste, también se topó con personas muy amables que le ofrecieron comida y agua, y lo guiaron a lo largo del camino. Alexander tiene la idea de regresar a los Estados Unidos en unos años, trabajar muy fuerte y así enviar dinero a su familia para construir una casa en la que puedan crecer sus hijas.



Texto original, en su versión en inglés.

Alexander – Migrant deportee

 

Migration is a constant, a phenomenon inherent to the human being. However, as we know, the prevailing economic, political and social system makes most of the time, the transit of people throughout the world, under the most adverse and dangerous conditions, and in clear violation of the fundamental rights of any type. The General Assembly of United Nations instituted December 18 as the International Migrants Day. For this date and with the aim of insisting that NO HUMAN BEING IS ILLEGAL, Pablo Allison shares his talk with Alexander, a young Salvadoran who recounts his experience as a migrant.

It is a testimony that focuses on the inability of the countries of origin to provide the necessary elements so that their inhabitants remain  there and have a decent life. Also, on the expectations of those who venture on a risky trip in order to find, in the destination country, the opportunities they have never had. They are Central Americans who arrive to the United States, but also refugees in Europe who flee from the war in Syria or from the hunger in Africa. The story of Alexander is just one, of all those who represent the great failure of the capitalist model that rules on the planet.


 

Like many migrants, Alexander took the decision to leave San Salvador in search of a better life for himself and his family. His dad abandoned them when Alexander was still young, which forced him to help his mum to bring the food to the table. Given the situation, he was forced to drop out of school and work very hard to make ends meet.

In 1994, his mum took the tough decision to migrate to the USA; Alexander joined her some time after because of the poverty he was living in.

He was 20 years old when he left his country. He made the trip travelling many hours by bus, in deplorable conditions by car and by train, on the Beast (the freight train that carries hundreds of migrants illegally from the south to the north year after year), until he reached the border wall.

The first journey he made took place in 1996 from San Salvador to Brownsville, Texas. Once he crossed the border he made another long journey to his final destination in California where his family were waiting for him.

During his first time in the United States he found a job as farm-worker. Alexander explains that you can earn very good money if you work hard, but many people take the wrong path and end up doing drugs and what not.

That was sadly Alexander’s case. He didn’t have a drug habit back in his home country. He started with drugs and from there he lost his job and started to commit other illegal acts. In the end, he lost his way altogether and the targets he had once set for himself came apart.

Although Alexander entered the country illegally, he was fortunate to gain legal status. After his arrest and imprisonment, he lost his documents, due to his criminal activities. Subsequently, he was deported back to El Salvador in 2002.

Years later, the story repeated itself. He jumped on buses and cars, and once at the border, he walked for three days in the desert to reach the city of Phoenix, Arizona.

During the three-day walk, he remembers being accompanied by many Mexicans from the state of Oaxaca who did not show much solidarity towards each other. For instance, when they had to jump fences, many just helped themselves. Alexander, on the other hand, supported many who were having trouble dodging obstacles along the way.

Image: Campaign in Madrid to make visible the migration of people who arrive in Europe fleeing the war in their countries. Photography: Miradas Múltiples

Besides all the harsh complications that travelling as a migrant involves, what mainly motivates people like Alexander is their enthusiasm and their wish to find a decent job that will pay good money, unlike back home.

He did not have much luck the first time he got arrested as the judge who sent him to prison issued a formal parole in case he came back to the United States. This parole would give the police the authority to arrest him if he was detected anywhere and deport him for life.

After his return to El Salvador he stayed there for 2 months until he took off again in 2012. On his third crossing, he travelled in company with a Honduran migrant by train all the way to San Luis Potosi in Mexico.

It took them almost 2 months to travel from El Salvador to San Luis Potosi. The train journey was highly risky. He remembers seeing robbers harassing other migrants and on some occasions, he observed how criminals kidnapped and killed people with machetes.

Eventually a coyote managed to smuggle him into El Paso, Texas for USD 3000.00. Once in the United States, he was driven to Los Angeles and then reached his final destination.

He was fortunate to find a job again and decided to live a life whereby he would travel from home to work only in order not to take any risks that could lead him back into trouble, hence be deported again.

One day he visit a relative in prison but unluckily he was stopped and arrested. Alexander ended up being deported for a third time.

After all those experiences, he is still determined to migrate back to the United States, perhaps in 3 or 4 years, as the living conditions in El Salvador are very tough.

Having tattoos, he explains, is a problem in El Salvador as the police tend to link them with gangs though his tattoo’s, he says, have nothing to do with that. Based on his appearance, the police detained him once and incriminated him for carrying illegal substances. After that, he was sent to prison for a short period until his relatives managed to find a lawyer who got him absolved from any wrongdoing.

Alexander’s job is cleaning cars in his local neighbourhood. He wakes up at 4am to start work and finishes at 2pm. He started this job on his own as nobody wanted to employ him due to all the tattoos he has.

His three daughters, his wife and he manage to survive on the little money he earns. Fortunately, his parents have supported him with the remittances they send from the United States, so he can buy the household needs, such as nappies and milk and sometimes even food. His parents are aware of the poverty his family is enduring and they empathise with him.

Life in his neighbourhood

 ‘It’s tough here, tough to survive’, Alexander says. If you don’t take care of yourself you could be killed easily. It’s often the case that just by being involved in rumours one can lose one’s life. The other hardship is that living in places like this one you have to watch where you go. If you turn up in the wrong neighbourhood by mistake, you could be severely injured or killed.

The USA as opposed to El Salvador

Alexander thinks that the main reason he migrated and why he would migrate again is because the United States offered him economic stability. He says that he never had to learn English as he was surrounded by many other hard-working Latin Americans from Honduras, Guatemala, El Salvador etc. who only spoke Spanish but he was comfortable working with them. Overall, he says that the United States is a country with many opportunities and if you know how to take advantage of them life can be great!

His aspirations, he says, were never to travel outside his country to seek better opportunities. His aim was to remain in El Salvador, graduate and find a good job. He once had a dream to be someone in life but unfortunately not everyone gets that chance.

He says that he felt pretty free in the United States as opposed to his country. Freedom comes with a price as there are many other rules that have to be followed. ‘If you fall into the trap, that’s it, you are done for’, he says.

The Mexican authorities

He never really encountered any repressive situations in his experience of travelling through Mexico. All he remembers was on one occasion where he was stopped and arrested by the federal police for no reason. After 72 hours in detention, he was released without further charges.

On the other hand, extortion is a constant threat during the journey to the border. Everyone is after you for money, whether that be the police or the gangs that control the migration business, etc.

At the same time, he bumped into very friendly people who were extremely helpful to him. They offered him food and water and guided him throughout the journey.

He hopes to travel back to the United States in a few years and to work very hard so that he can send money home to build a house of his own and for his daughters.

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.
 
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México - Inglaterra

Nací en Manchester, Reino Unido y fui criado en México, en el Distrito Federal o Ciudad de México, como se conoce ahora. Inicié mis estudios universitarios de fotografía documental y periodística en la Universidad de las Artes, en el London College of Communication de Londres, Inglaterra. Posteriormente, en 2009, me recibí como fotógrafo documentalista del Newport College of Art and Design, de la Universidad de Gales. Mi aprendizaje en el ámbito de los derechos humanos, trabajando en organizaciones no gubernamentales como Amnistía Internacional y ActionAid, en Londres, se convirtió más tarde en inspiración para abordar las artes visuales desde un enfoque social y humanista. Algunos de los conceptos que utilizo en mis continuas exploraciones de la realidad son la libertad, la reclusión, el control, la migración y, obviamente, los derechos humanos. Miradas Múltiples me da la posibilidad de generar contenidos cotidianos para referirme a personas comunes y corrientes, como yo, sin inmediatez y siendo subjetivo, pero a la vez balanceado, justo y sensible, desde la empatía y sin dejar de lado el rigor en la información. Encuentra más de mi trabajo en Instagram: pablondon1
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