Esperanza en el cine

Por   ・ México
Imagen: Miradas Múltiples 27 diciembre, 2017
La casa no es nuestra, pero las flores sí lo son.
Esperanza Quintero
La Sal de la Tierra, 1954

 

Al sur de la Ciudad de México, Abril, Pablo y yo nos encontramos en la sala de un cine. Al parecer, nuestro entusiasmo está en sintonía con el filme que vamos a presenciar. La publicidad, por fortuna, la perdimos y el ocaso del día viene acompañado del reencuentro con una de las películas que han marcado nuestra existencia: Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Y ahora nuestra expectativa se dirige hacia la secuela de esta obra maestra de la cinematografía mundial. Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017) es el núcleo de nuestra atención: todos esperamos que de nuevo nuestra alma se vea tocada, como lo hizo hace más de 10 años su predecesora.

Sin embargo, pasados los primeros diez minutos nuestro castillo se derrumba poco a poco. Al parecer, el crítico de cine Carlos Boyero no estaba equivocado: lo que se observa y escucha es sólo monotonía, planitud y una sucesión tediosa de personajes y situaciones sin alma ni magnetismo, incapaces de enganchar, de crear sentimiento. Es verdad: ¡Ni una pizca de identificación emocional!

Ante esto, preciso engancharme de algo para generar una identificación emocional. Así que me pregunto si lo que estamos presenciando es requisito para que la industria, en este caso Hollywood, ante las acusaciones de violencia hacia las mujeres por parte de una de sus más grandes estrellas, de Harvey Wenstein, legitime sus discursos cinematográficos frente al público. Mi respuesta inmediata es un rotundo no, así que inicio una retrospectiva mental con la finalidad de encontrar alguna película digna y capaz de hacernos ver que en la industria hay excepciones con discursos honestos. En esta regresión me encuentro, por fortuna, con el entrañable filme La Sal de la Tierra (Salt of the Earth), de Herbert J. Biberman.

Imagen: Cartel The Salt of the Earth, Herbert J. Biberman, 1954. Fuente: www.rarefilm.net

De acuerdo con el historiador Georges Sadoul, La Sal de la Tierra, proyectada en el año de 1954, es producto de «tres desterrados de Hollywood»: Herbert J. Biberman, Paul Jarrico y Michel Wilson. También, para Sadoul, el arte de este filme «se enlazaba por su noble sencillez al clasismo norteamericano de lo mejor de Griffith y de Thomas Ince, pero también con la Escuela de Nueva York.»1

David R. Maciel consideraba que esta película es pionera de la cinematografía chicana, ya que se encarga de hacer una representación de la experiencia del méxico-norteamericano más apegada a la realidad que el cine comercial de Hollywood o la cinematografía mexicana del siglo XX: «como ninguna película de largo-metraje hasta el momento, se convirtió en un reflejo palpable de la existencia cotidiana de la clase obrera chicana.»2

De este modo, el filme, ocupando las técnicas de la escuela documental de Nueva York de la primera mitad del siglo XX, mezcla la ficción y la realidad para remitirnos, por medio de actores profesionales y no profesionales, a la historia real de una huelga de mineros.

La Sal de la Tierra nos sitúa en Silver City (o Zinctown), el poblado de Nuevo México donde los colonizadores anglosajones y las compañías estadounidenses arrebataron las tierras a cientos de mexicanos para establecer una mina de extracción de zinc. En este contexto de despojo es que se presenta, como ya mencionamos, la historia real de una huelga de mineros en su mayoría mexicanos y méxico-norteamericanos que, acompañados de algunos anglosajones, buscaron durante quince meses mejorar las condiciones laborales y lograr la igualdad en el pago salarial con respecto a los mineros de otro origen étnico. La Sal de la Tierra nos envuelve en un planteamiento poco común para la época y necesario para estos tiempos de desprestigio de la industria cinematográfica: la importancia de las mujeres para la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

Imagen: Manifestación en protesta por las acciones gubernamentales, Ciudad de México, Abril, 2017. Fotografía: Pablo Allison

El filme focaliza su atención en torno a la figura de los personajes femeninos y principalmente en el de Esperanza Quintero, interpretado por la mítica actriz mexicana Rosaura Revueltas (1910-1996). Esperanza es esposa del líder sindical Ramón Quintero, personaje protagonizado por el más importante líder minero del movimiento de huelga, Juan Chacón.

Esperanza es la representación de la lucha de la mujer por tratar de liberarse del yugo masculino en el hogar y el trabajo. A Esperanza, la podemos considerar como una materialización de los mejores elementos del feminismo actual: conciencia de clase, conciencia social y participación activa en la vida política de una comunidad. Así, como la heroína del filme, «con sus bellas facciones casi indias, encarnaba las mejores tradiciones norteamericanas (luchas obreras y los combates por la igualdad de las razas y los sexos).»3

Por otro lado, esta película nos muestra también el menosprecio del hombre hacia la mujer al considerarla incapaz de ayudar durante la huelga. Ramón, por ejemplo, le enfatiza a Esperanza: «Eres una mujer y no sabes nada de este mundo»; ante lo cual ella, a lo largo de toda la trama, demuestra lo contrario. Igualmente se destaca que el machismo se vive no sólo en la cultura mexicana, sino entre las figuras masculinas de origen anglosajón.

Lo mismo se deja ver que la organización, la unión y la inteligencia de las mujeres, todas ellas esposas de los mineros, es la que logra el control de la huelga, por lo que los hombres asumen las labores del hogar y entonces se dan cuenta de la condición femenina en un mundo masculinizado y, así, reconocen tres tipos de igualdad entre el hombre y la mujer: «igualdad en el trabajo, igualdad en el hogar e igualdad sexual.»

Por estos motivos, de acuerdo a David Maciel, se deja en claro que «sólo cuando haya un verdadero respeto y un trato igualitario para la mujer chicana, el hombre del mismo grupo se liberará genuinamente de la explotación.»4

Se debe destacar que este filme se realizó en los años del macartismo, por lo que durante la filmación sufrieron el hostigamiento por parte del gobierno. Rosaura Revueltas fue deportada a México cuando el Servicio de Inmigración y Naturalización la acusó de ser simpatizante del comunismo, antes de que el filme fuera terminado. Otro caso ocurrió en torno al director, el productor, el guionista, el compositor y el actor Will Geer, cuyos nombres fueron incluidos en la «lista negra» del Comité de Actividades Antiamericanas del senador McCarthy. Por ello, los especialistas consideran que esta es una de las películas más censuradas en la historia de los Estados Unidos. Pero la historia le hizo justicia y actualmente es una de las que resguarda, desde el año de 1999, la Librería del Congreso de los Estados Unidos por su valor histórico, cultural y estético.

En conclusión, podemos decir que el filme es una lección sobre la importancia de reconocer a la mujer como un actor social del cambio y la mejora. La historia de estas mujeres nos habla de la búsqueda de mejores condiciones de vida y de que este no es un asunto de un género, sino que nos concierne a todos. Al presenciar el filme, asistimos a una reflexión sobre la historia del despojo de las tierras que pertenecían a los pobladores mexicanos en los Estados Unidos y la lucha por recuperar parte de su dignidad humana.

Y «esa obra habría bastado para demostrar que, si en ciertos momentos pudo perderse la esperanza en Hollywood, no se tuvo razón nunca para perder la confianza en el cine norteamericano.»5 En definitiva una película que, junto con su protagonista Esperanza, tiene alma y magnetismo y que es capaz de enganchar al espectador, de crear sentimiento e ¡identificación emocional! Sin duda, La Sal de la Tierra es una muestra de que en la industria cinematográfica aún podemos encontrar estos espacios de esperanza, honestidad y de dignidad humana.

* * *

Los tres abandonamos la sala de cine. La experiencia, al parecer, ha tenido algunos frutos interesantes. Uno de ellos, el anhelo de que el cine siga siendo pretexto para pensar la condición humana.

Referencias:
1. Georges Sadoul, Historia del Cine Mundial, México, Siglo XXI Editores, 2010, pp. 237-238.
2. David R. Maciel, El bandolero, el pocho y la raza. Imágenes cinematográficas del chicano, México, Conaculta-Siglo XXI Editores, 2000, p. 136.
3. Georges Sadoul, op. cit., p. 238.
4. David R. Maciel, op. cit., p. 137.
5. Georges Sadoul, op. cit., p. 238.

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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México

Me muevo entre la fragilidad y la intensidad, con la hermenéutica como mi herramienta para adquirir conocimientos. Soy egresado de la Maestría en Historia por la Universidad de Guanajuato y de la Licenciatura en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialización en historia del siglo XX e historia del cine. Mis intereses: el estudio de los imaginarios, los simbólismos y las representaciones visuales en la sociedad. Mis investigaciones: «¡Órale vato!: La representación de la violencia en American Me», «Simbolismo e imaginario social en la representación cinematográfica Zoot Suit: la construcción del discurso identitario chicano» y «Proyecto Chicano: cine e identidad»
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