Grafiti, arte urbano Ciudad de México

El grafiti es para gente ‘normal’…

Por   ・ México - Inglaterra
Fotografía y grafiti: Pablo Allison 22 febrero, 2018

Ya han pasado más de dos décadas desde que me percaté de la primera firma en una pared cerca de mi casa, cuando prácticamente no había rastro de pintura en los muros de la ciudad. De hecho, recuerdo que en las calles lo que imperaba (hasta la fecha), eran los anuncios de marcas y partidos políticos como el PRI, PAN, PRD etc., promocionando mentiras.

No comprendía por qué o con qué afán podría alguien pintar su firma o ‘tag’ como se le conoce en inglés, en un muro. Sin referencia alguna del grafiti neoyorquino, y sin saber que aquello que llamaba mi atención se trataba de grafiti, me fascinaba verlo. Observar la existencia en las paredes de nombres pintados con aerosoles de colores, se antepuso a mi anhelo de llegar a ser un futbolista profesional de la Liga Premier de Inglaterra.

Como fotógrafo, hoy día analizo el grafiti desde dentro y fuera.

Es muy curioso ver cómo esta práctica mueve a personas que se dedican en cuerpo y alma a hacer cosas inimaginables con el fin de plasmar sus nombres en superficies de todo tipo y en diversos espacios, dando lugar a afirmar su existencia en este mundo.

La pasión que motiva a cada individuo a promover su nombre, en ocasiones por el mundo entero, sabiendo el riesgo que implica es algo único que caracteriza a esta manifestación artística. Muchas veces estigmatizada y vinculada al crimen, al vandalismo, o a jóvenes sin oficio, los grafitis se le atribuyen a personas de un nivel socioeconómico bajo.

Contrario a otras expresiones artísticas, el grafiti es diverso e incluyente. Lo mismo lo puede hacer una persona proveniente de una familia aristocrática en París o una joven de cualquiera de los barrios más pobres y violentos de Caracas.

He conocido personas dedicadas al grafiti (de forma ilegal en su mayoría) que sus vidas profesionales van de profesiones como ejecutivos de banco, funcionarios de gobierno, académicos, empresarios, artistas con trascendencia internacional, hijos de directores de cine, hasta gente vinculada con las altas esferas de la realeza británica. También policías, militares, doctores, etc. Otros que laboran en trabajos de menor rango, pero con un perfil muy alto dentro del grafiti a nivel mundial y se convierten en ‘alguien’ para otros; y, por supuesto, los que se dedican a actividades ilícitas solamente para financiar su pasión por el grafiti.

La vida de un escritor de grafiti no es tan sencilla como parece. Por ejemplo, cuando un transeúnte observa algún muro pintado en la calle, es probable que no tenga conocimiento de todo lo que implicó hacerlo.

Las complicaciones van desde planear la salida a pintar, el costo de los materiales, la responsabilidad de priorizar el tiempo invertido en el grafiti frente al trabajo profesional, la familia o los amigos, hasta las noches caminando por las calles, etc. Los desvelos. Casi siempre se vive de noche y de día al mismo tiempo, solo durmiendo un par de horas para empezar la mañana de manera ‘normal’.

Otro aspecto a destacar es que en los países donde el estado de derecho sí se cumple a cabalidad, es aceptado por muchos escritores de grafiti que en algún momento se enfrentarán a una investigación judicial por parte de las autoridades y, subsecuentemente, serán detenidos. Después del arresto, serán puesto a disposición de las autoridades correspondientes y finalmente correrán un alto riesgo de ir a la cárcel para purgar sentencias condenatorias de hasta 5 o más años.

En síntesis, el grafiti es una expresión urbana que conlleva implicaciones legales y  riesgos físicos muy altos. Las y los escritores de grafiti, además de ser arrestados como ya dije, pueden ser heridos o asesinados por la policía o civiles (como ha sucedido) al involucrarse en pleitos con otros escritores de grafiti.

Un aspecto fascinante, es que hay escritores de grafiti que harán todo lo posible para generar recursos económicos para viajar por el mundo con el fin de pintar sistemas de transporte colectivo o las calles de ciudades importantes.

Posiblemente el Museo del Louvre no esté entre sus prioridades cuando viajen a París, o pasará desapercibida la Estatua de la Libertad en Nueva York, iqué más da! Lo que importa es visitar ese túnel de Brooklyn donde guardan el metro y que ha sido pintado por casi 50 años. Caminar por los túneles de París y observar los tags que llevan años plasmados en las paredes. O bien, dejar el hotel una noche para pintar las calles de la capital italiana y al día siguiente regresar a la normalidad como si nada hubiera pasado la noche anterior.

Así transitan las vidas de personas que funcionan de día y realmente viven de noche.

Su pasión por el grafiti los llevará a lugares insospechados, a conocer gente y culturas ajenas a la suya, a caminar las calles frías y obscuras de la Ciudad de México a las 3 de la mañana… El grafiti es para gente normal que va por el mundo creando amistades de por vida, para personas que les gusta explorar lugares prohibidos, para aquel joven que viaja de Guatemala a Colombia con 100 dólares en la bolsa y se las arregla para sobrevivir ahí 3 meses. Para el que viaja de Finlandia hasta el continente Americano sin hablar español, a fin de pintar todos los metros posibles de las principales metrópolis, y que en su trayectoria como artista decide quitarse la vida en el lugar más sagrado para él, las vías del tren.

El grafiti también es para personas normales que viven bajo el temor de ser asesinadas por pintar un muro en alguna zona de Guatemala, El Salvador u Honduras, dominada por la MS13 o M-18. El grafiti está inventado para la chica que, por su género, es discriminada o acosada por hombres que la ven inferior y no valoran su trabajo.

En suma, diría que es una expresión diseñada por y para dos amigos que, imaginemos, salen de su zona de confort en algún lugar tranquilo y bello de Suiza para, en vez de ello, pintar el metro de Singapur, ser arrestados y uno de ellos lograr escapar y ser buscado por la Interpol mientras que su compañero es condenado a un par de años de cárcel y golpeado con un palo todas las mañanas.

Estas personas aprenden a existir y a borrar sus problemas cuando se trata de plasmar sus ideas en alguna superficie. Todo, para dejar la monotonía y por un rato ser libres otra vez…

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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México - Inglaterra

Nací en Manchester, Reino Unido y fui criado en México, en el Distrito Federal o Ciudad de México, como se conoce ahora. Inicié mis estudios universitarios de fotografía documental y periodística en la Universidad de las Artes, en el London College of Communication de Londres, Inglaterra. Posteriormente, en 2009, me recibí como fotógrafo documentalista del Newport College of Art and Design, de la Universidad de Gales. Mi aprendizaje en el ámbito de los derechos humanos, trabajando en organizaciones no gubernamentales como Amnistía Internacional y ActionAid, en Londres, se convirtió más tarde en inspiración para abordar las artes visuales desde un enfoque social y humanista. Algunos de los conceptos que utilizo en mis continuas exploraciones de la realidad son la libertad, la reclusión, el control, la migración y, obviamente, los derechos humanos. Miradas Múltiples me da la posibilidad de generar contenidos cotidianos para referirme a personas comunes y corrientes, como yo, sin inmediatez y siendo subjetivo, pero a la vez balanceado, justo y sensible, desde la empatía y sin dejar de lado el rigor en la información. Encuentra más de mi trabajo en Instagram: pablondon1
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