Andrew D. MacDonald, del libro Destello Fortuito, 2016

¡Todos podemos ser Daniel Blake!

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Imagen: La última y se va, 2010. Fotografía: Andrew D. MacDonald, del libro Destello Fortuito, 2016 10 abril, 2018

He pensado en esta frase una y otra vez por varios meses, después de haber visto, en un par de ocasiones, la conmovedora y desgarradora película I, Daniel Blake (Reino Unido, 2016), dirigida por el británico Ken Loach (Nuneaton, Warwickshire, 1936) quien, secuencia a secuencia, demuestra que el arte no está peleado con la responsabilidad social, la denuncia de injusticias y el realismo cinematográfico.

Sinópsis:

I, Daniel Blake aborda la historia de un carpintero de Newcastle, Inglaterra que, a sus 59 años, al enfermarse del corazón se ve obligado a salir del mundo laboral.  Es entonces que Daniel solicita la asistencia social del gobierno para desempleados; sin embargo, el sistema de subsidios británico rechaza su petición sin considerar la prescripción médica que le impide trabajar. El filme expone la serie de inconvenientes por los que deben pasar las personas que solicitan apoyo gubernamental para recibir distintos tipos de subsidio en este país. Además, en forma paralela narra la historia de Katie, una joven madre que trata de sobrevivir junto a sus dos hijos bajo el mismo sistema burocrático que, de una u otra manera, acorrala a Daniel.

Comprender que “¡Todos podemos ser Daniel Blake!” me llevó, además, a hacerme algunos cuestionamientos: ¿por qué en un país como Inglaterra, donde ha existido una gran tradición por la lucha de los derechos laborales, Ken Loach decide situar la historia de Daniel Blake? ¿cómo es que el sistema ha orillado a las personas al desempleo, la falta de oportunidades y la incertidumbre laboral en un país de «primer mundo»?

Fotografía: Andrew D. MacDonald, del libro Destello Fortuito, 2016

Imagen: 25 Taken For Granted, 2011 Fotografía: Andrew D. MacDonald, del libro Destello Fortuito, 2016

Responder a estas preguntas, en este contexto, puede llevarnos a varias tesis e interpretaciones, incluso a terrenos poco explorados por uno mismo, por lo que decidí acercarme a Pablo, un amigo de la infancia que hasta hace poco vivió en Londres y experimentó en carne propia algunas de las circunstancias que se presentan en el filme. Esta es la charla, un poco a manera de entrevista, que tuvimos al respecto:

Alfonso: El tema de la película puede aplicarse a todas las sociedades que conocemos, inclusive a las de los llamados países de «primer mundo». Desde tu experiencia ¿qué destacarías en primera instancia de I, Daniel Blake?

Pablo: El lado humano presente en todas las películas de Ken Loach, las cuales enaltecen y muestran a las personas no como objetos, sino como seres humanos con sentimientos tan reales como los de cualquiera.

A. Es verdad, en el filme Daniel Blake tiene una cualidad humana, rasgos singulares que se superponen al número o a la cifra de desempleo que también representa.

P. Podría estar exagerando, pero Daniel Blake parece que deja de ser un personaje en la pantalla y uno se identifica con él, precisamente por el realismo que Loach maneja en el largometraje.

A. A lo largo de la película se habla de distintos tipos de subsidios en Gran Bretaña: por incapacidad laboral, desempleo y movilidad, así como el método para evaluar las solicitudes de apoyo por medio de empresas privadas norteamericanas. Mientras estuviste en Inglaterra ¿qué tipo de subsidio solicitaste y qué tanto la película se acercó a tu realidad? ¿cuál es tu opinión del retrato que hace Loach del sistema?

P. Hice uso del subsidio de desempleo en diferentes etapas de mi vida. La primera vez fue durante mi juventud, porque tuve necesidad de buscar trabajo, pero obviamente no estaba en la situación de Daniel Blake. Así, el sistema me permitió tener una mejor educación, ya que pude cursar dos diplomados para acceder a la universidad. El sistema de pensiones estaba ahí y funcionaba porque la gente que paga sus impuestos construye una red de seguridad laboral ante cualquier eventualidad. Después hice uso del subsidio cuando salí de la universidad, para insertarme en el mundo profesional. Entonces acudí al Job Center. Finalmente, la tercera vez fue al salir de prisión. Un tanto complicado, porque debes presentarte y cargas con el estigma de la cárcel y las restricciones que conlleva, como ir cada semana a firmar y demostrar que no has encontrado trabajo.

Andrew D. MacDonald, del libro Destello Fortuito, 2016

Imagen: 35 Bellas Artes, 2013 Fotografía: Andrew D. MacDonald, del libro Destello Fortuito, 2016

Ahora veo que este sistema se ha hecho más duro, existen muchos impedimentos que te desgastan, por lo que no es fácil solicitar una pensión. A esto se suma el problema de que muchas personas se han acostumbrado a contar con los subsidios, entonces se vuelven improductivos y quiere obtener dinero sin trabajar. Sin embargo, es una realidad que el sistema te desgasta mentalmente para percibir ochenta libras semanales, lo cual es insuficiente. En este sentido, existen otros sistemas de pensiones que, en contraste con el británico, apoyan de mejor manera a las personas, como en Bélgica, en donde te pagan una vivienda y te brindan otros apoyos. En Inglaterra debes solicitar estos subsidios por separado. Considero que con el gobierno laborista el sistema era más generoso, pero con la llegada del partido conservador, en 2011, empezaron a complicarse las cosas para tener acceso a todos estos beneficios que son un derecho que la clase trabajadora ha ganado con el paso del tiempo. Si bien debe haber reglas para recibir los apoyos gubernamentales, este es un sistema que, a la larga, lleva a la frustración, como en el filme, que retrata un aspecto de la realidad muy cercano al de quienes lo hemos padecido.

A. Otro personaje interesante es el de Katie Morgan (Hayley Squires), a través del cual entendemos la manera en cómo una madre soltera tiene que sobrevivir y alimentar a sus hijos bajo el sistema de pensiones que, después de un tiempo, la lleva a ejercer la prostitución. En el filme, Katie proviene de Londres, pero debe trasladarse a Newcastle donde es más barato vivir. Una de las secuencias más desgarradoras es cuando acude al dispensario de comida y abre una lata porque, literalmente, se está muriendo de hambre…

P. Quizás el de Katie sea un caso extremo, pero nada alejado de la realidad. Lo que ocurre es que nunca lo observamos. Son problemáticas que desde los países de «tercer mundo» no se alcanzan a dimensionar, pero ocurren. Las condiciones de muchas personas en los «países desarrollados» son similares a las que encuentras en «tercer mundo». A pesar de que existe un exceso de dinero, también está el otro lado de la moneda. Y respecto al personaje femenino que tiene que insertarse en el mundo de la prostitución, también es una realidad para muchas mujeres.

Andrew D. MacDonald, del libro Destello Fortuito, 2016

Imagen: 32 Arrieros somos y en el camino andamos, 2009. Fotografía: Andrew D. MacDonald, del libro Destello Fortuito, 2016

También comentaste que el sistema de pensiones era muy institucional, y en verdad lo es. Es un sistema muy burocrático y blindado. Si te das cuenta, en la película no hay espacio para errores. Como empleado o burócrata, debes seguir los lineamientos y el protocolo de trabajo. No puedes apiadarte de la persona, ya que hacerlo es incidir en una falta que te puede llevar al despido. El sistema es sumamente rígido y si quieres ayudar y comportarte como un ser humano; es decir, con empatía y no ser un mero burócrata, te sancionan. Como en el filme.

A. Estoy de acuerdo. Otro aspecto relevante de Daniel Blake es la edad que tiene: cincuenta y nueve años. Él es una persona adulta que ha ejercido su oficio de carpintero durante muchos años, pero de la noche a la mañana queda desempleado por causas de fuerza mayor y se ve obligado a enfrentarse a un mundo ajeno a su situación anterior, en la cual debe hacer uso de herramientas completamente desconocidas, como la computadora o el correo electrónico, para elaborar y mandar currículos a las empresas. Ante la brecha digital, Daniel Blake no tienen muchas posibilidades de reintegrarse al mercado laboral, tan competitivo y tecnologizado.

P. Sí, el Estado y su sistema le arruinan la vida porque, bajo estas nuevas reglas del juego, no puede ejercer su oficio. Daniel termina vendiendo todos los muebles de su casa y queda desamparado.

A. Me llama la atención que Inglaterra, un país reconocido por sus luchas laborales a través de los movimientos obreros y sindicales con impacto a nivel mundial, no se vea reflejada de la misma forma, pues en el filme es evidente la ausencia de figuras que ayuden a Daniel Blake y hagan contrapeso al sistema burocrático, estandarizado y privatizador. En ninguna escena aparecen organizaciones o líderes dedicados a la defensa del trabajador, como los miembros del partido laborista o de sindicatos.

P. Pero no hay que olvidar que Daniel está sólo en la vida y no busca acercarse a alguien, al menos para recibir asesoría. También cabe mencionar que muchas de estas personas, pertenecientes a la clase trabajadora, son conservadores y que, probablemente, no buscarían la ayuda de los sindicatos porque no creen en ellos, ni en las políticas de izquierda. En algunos casos piensan que merecen lo que les está pasando porque no se esforzaron lo suficientemente. Esto me recuerda las políticas de Margaret Tatcher, que en la década de los ochenta fomentó el sistema de la «meritocracia»: tú tienes lo que mereces, de una manera sumamente individualista. Por ello, la clase trabajadora se adjudica sus fracasos y errores y se alinean con la mentalidad conservadora. Tal vez por ello se puede explicar la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Andrew D. MacDonald, del libro Destello Fortuito, 2016

Imagen: 26, Sin rostro, 2009. Fotografía: Andrew D. MacDonald, del libro Destello Fortuito, 2016

A. Entonces piensas que Daniel Blake podría ser un conservador.

P.- Es difícil saberlo porque la película no aborda abiertamente la ideología política del personaje.

A. El filme nos hace suponer que Daniel Blake tenía una vida laboral estable, hasta que su enfermedad le impide continuar. Esto sugiere que, probablemente, desconocía la situación de muchos desempleados en Inglaterra y a lo largo de la trama va adquiriendo consciencia y se vuelve una persona más sensible ante la precariedad e incertidumbre de otros en su mismo caso. Sin embargo, él no cuenta con una visión que lo lleve a buscar ayuda por la vía política o sindical. Digamos que es un ciudadano como cualquiera, sin ninguna militancia.

P. La conciencia de clase te la brinda la educación, es lo que te permite ir más lejos y buscar ayuda. Lo interesante de la película es que a él no lo pintan como alguien con una ideología en particular, sino como una persona que siempre trabajó de manera incansable para salir adelante y así se hizo de su patrimonio. Luego, cuando surgen los problemas, el sistema no se apiada de él, pues El Sistema no es humano. Así, Loach pone en evidencia lo alejadas que están las políticas públicas de servir y dignificar la condición humana.

* * *

Finalizamos nuestra charla con la misma frase que empezamos: “¡Todos podemos ser Daniel Blake!”. Sí, todos podemos llegar a la tercera edad y, después de haber ejercido sin mayor alteración la profesión que elegimos, de pronto nuestra vida cambia en un segundo: ya sea una enfermedad que nos obliga a tomar un descanso, nuestra pareja que ha muerto, el no tener hijos u otros familiares de quien apoyarnos, la insuficiencia o carencia de una pensión.  Mientras esto sucede, el Estado y su estructura burocrática lo llevan a uno por un laberinto sin salida, inviable. En las sociedades contemporáneas, sin importar geografías, cuando el desempleo no es una opción y ante la privatización (pronto robotización) de todos los servicios que, además, controlan los monopolios, es un hecho que paulatinamente desaparece la seguridad y que, cada vez, es mayor la incertidumbre sobre nuestro futuro.

Así vivimos, o lo intentamos, dentro de un sistema en el que la riqueza la acaparan unos cuantos mientras el resto subsiste miserablemente, sin derecho, siquiera, a enfermarse.

Así, “¡Todos podemos ser Daniel Blake!”.

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Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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Me muevo entre la fragilidad y la intensidad, con la hermenéutica como mi herramienta para adquirir conocimientos. Soy egresado de la Maestría en Historia por la Universidad de Guanajuato y de la Licenciatura en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialización en historia del siglo XX e historia del cine. Mis intereses: el estudio de los imaginarios, los simbólismos y las representaciones visuales en la sociedad. Mis investigaciones: «¡Órale vato!: La representación de la violencia en American Me», «Simbolismo e imaginario social en la representación cinematográfica Zoot Suit: la construcción del discurso identitario chicano» y «Proyecto Chicano: cine e identidad»
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