La frontera de la verdad en el falso documental (VI)

Por   ・ México
Imagen: Fotograma del documental "American Vandal". 8 mayo, 2018

Sexta entrega: La ética a conveniencia

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Siempre han sido comunes los documentales sobre casos criminales. Sin embargo, en los últimos años hemos visto una particular explosión en Netflix de casos de personas erróneamente sentenciadas a tiempo en prisión, o cuyo proceso fue terriblemente amañado por todas las dimensiones del aparato de justicia. Ante esta construcción de hechos y de buenas intenciones, se oculta la construcción del lenguaje del cine documental.

A continuación se revisará un falso documental en formato de serie televisiva, producido por el propio Netflix y que no sólo pretende usar este tipo de documentales como su base, sino que procura siempre voltear hacia el cineasta, regresarle la mirada de la cámara, para ver cómo el trabajo de los realizadores termina influyendo o se ve influenciado por el  desarrollo del crimen y sus consecuencias. Usando la lógica del documental de detectives y casos criminales para montar una historia de comedia, no se deja de lado las serias consecuencias que se pueden tener sobre los sujetos del documenta, a pesar de tener las mejores de las intenciones por parte de los realizadores; y sobre todo, cómo el hallazgo de la “verdad” puede no tener un final feliz.

De pelos en las pelotas
En la primera escena del primer episodio, Peter Maldonado, el director del documental, le pide al sujeto que aparece frente a cámara que diga su nombre y quién es. El joven es Dylan Maxwell, pero no sabe qué decir ante la interrogante de “quién es”: “Soy Dylan, ¿qué clase de pregunta estúpida es esa?”. Peter le pide que en su lugar diga porqué está siendo entrevistado, así que Dylan le responde que es porque todos creen que él dibujó los penes.

Un montaje que combina videos de Youtube y Snapchat, lives en Facebook y fotos en Instagram, así como reportajes de noticieros, narra la noticia de todo un grupo de profesores que encontraron sus autos vandalizados con dibujos de penes hechos con pintura roja en aerosol. Breves comentarios de estudiantes señalan a Dylan, el payaso de la escuela, como culpable de los hechos, mientras vemos grabaciones de sus múltiples bromas de mal gusto. Regresamos a Dylan, quien dice que no entiende porqué alguien iría al extremo de permitir que le expulsen por algo que él no hizo.

Fotogramas del documental “American Vandal”.

Inicia la secuencia de créditos –o intro– de la serie, con música solemne y sombría, una edición pausada con múltiples disolvencias a objetos y lugares que serán recurrentes a lo largo de la narración. Pero entre la seriedad con la que esta secuencia se presenta, destaca la risa que invitan los propios créditos: una de las casas productoras es el Departamento de Televisión de la Preparatoria Hanover, uno de los productores ejecutivos es Mr. Baxter, Gabi Granger es productora y también “Transpo Captain”. Aparece el título de la serie: American Vandal.

Producida por Netflix, American Vandal sostiene una intensa relación intertextual con productos audiovisuales hechos también por la plataforma: las series y documentales sobre personas acusadas injustamente de un crimen. Entre ellos, los documentales Amanda Knox (Rod Blackhurst & Brian McGinn, 2016) y Long Shot (Jacob LaMendola, 2017), así como las series documentales Shadow of Truth, The Confession Tapes (2017), Time. The Kalief Browder Story (2017), y Making a Murderer. Esta última es particularmente importante para la secuencia de créditos de American Vandal: ambas tienen música similar, una edición sostenida sobre múltiples disolvencias, imágenes de evidencias del crimen, videos caseros del culpable y tomas genéricas de paisajes. A continuación se comparan imágenes de ambas intros, donde se detectan referencias:

Fotogramas de los documentales “American Vandal” y “Making a Murderer”.

Tras la intro, la voz en off de Peter nos pide imaginar cómo luce alguien que incurriría en tal grado de vandalismo. Mientras tanto, fotos del anuario van desfilando, con estudiantes sonrientes que son descartados por Peter por lucir como “buenos estudiantes”. Se detiene en la extraña sonrisa de Dylan, una que parece tratar de ocultar la última travesura o crimen –como nos daremos cuenta al final de la serie, la sonrisa sólo nos parece extraña porque Peter ya nos está llevando al camino para elegirlo, con prejuicios, como el villano de la historia–.

En un principio, el caso parece justificar la creencia de que Dylan Maxwell es un estudiante capaz de semejante atrocidad. Con las opiniones de entrevistados y múltiples videos del salón de clases que apoyan esta postura, no se trata sólo de un joven problemático: como dice la carta donde la escuela notifica su expulsión, está más allá de toda rehabilitación. Por su parte, Dylan dice que estaba con su novia en el momento del acto vandálico, pero no tiene pruebas de ello.

El primer capítulo de la serie expone los 4 puntos sobre los que la escuela creó su caso contra Dylan, “demostrando” su culpabilidad. Tras presentarlos, Peter muestra argumentos que rebaten uno por uno estos puntos. Vale la pena detenerse en ellos, pues la lógica con la que funcionan para demostrar la inocencia o culpabilidad es la que dirige toda la serie:

Testimonios en conflicto
Alex Trimboli, otro estudiante de la preparatoria, dice haber visto a Dylan pintar los autos. Su explicación es acompañada de animaciones digitales que señalan el hipotético camino del vándalo pintando vehículos, uno por uno, en el estacionamiento. Dramatizaciones muestran cómo se ve, desde el interior de un auto, cuando el aerosol pinta el parabrisas. Además del testimonio de Trimboli, los amigos de Dylan son personas de poca confianza, partícipes con él en sus bromas pesadas que difunden en un canal de Youtube, y cuyas coartadas y recuentos personales de lo sucedido ese día no cuadran.

Cuando Peter les cuestiona esto a los amigos, ellos admiten que sí mentirían para salvar a Dylan (a lo que el propio acusado les reclama la poca ayuda que esto significa). Mapas digitales de la ciudad discuten si Dylan tendría tiempo de ir de la casa de uno de ellos –donde dice estar al momento de los hechos– hasta la escuela para vandalizar todos los autos. Para comenzar a darle sentido a todo esto, Peter y Sam, director y productor del documental, usan una pizarra para ir anotando sus teorías y descubrimientos, como detectives.

Acceso
Dylan es parte (junto con el director y productor del documental) del programa de televisión de la preparatoria, y tienen llaves para acceder a las salas de control de las cámaras de seguridad, las cuales fueron alteradas para no grabar exactamente en el tiempo en el que se ejecutó el acto en el estacionamiento.

Objetivo
La profesora Shapiro, con quien Dylan ha tenido repetidos e intensos encuentros desafortunados por su mala conducta, no sólo encontró su auto vandalizado con pintura, sino también una llanta ponchada. Ante eso, argumentó que ella era a quien iba dirigido especialmente el crimen.

Historial como dibujante de penes
Con numerosas fotografías y videos de archivo, Peter nos cuenta que la escuela se dirigió enseguida a Dylan por su larga historia como dibujante de penes en pizarrones.

Claramente, toda esta evidencia es circunstancial. Si bien se sabe que Dylan es un estudiante que causa muchos problemas en la escuela, nada de todo esto prueba que él haya sido el que dibujó 27 penes en autos del profesorado. Peter y Sam descubren algo que, si bien causa risa, es bastante claro para proceder en la defensa del acusado: la apariencia de los penes que dibuja Dylan –que tienen vello púbico en los testículos y un glande con forma diferente– no es la misma que la de los penes en los autos vandalizados.

Esto hace que Peter empiece a cuestionar toda la evidencia que la escuela armó, encontrando que el supuesto vándalo no tiene idea de cómo acceder y configurar la grabación de las cámaras de seguridad, dice no saber cuál es el auto de la profesora Shapiro, sus amigos admiten haber mentido porque no les agrada McKenzie, la novia de Dylan. Para rematar, la falta de credibilidad en el testigo estrella se cae cuando Sara Pearson niega haber tenido ese encuentro sexual que tanto presume Trimboli.

Fotograma del documental “American Vandal”.

American Vandal consta de 8 capítulos cuya duración varía entre los 26 y los 42 minutos. Esta dispersión a través de episodios es aprovechada por la serie no sólo para su sentido paródico de series documentales de crímenes sin resolver o de inocentes sentenciados por un crimen que no cometieron, sino que también la divide en dos partes: la primera de ellas incluye los primeros 4 capítulos, y son el caso contra Dylan y la evidencia que logra reunir Peter para mostrar lo endeble de esos argumentos acusatorios; mientras que la segunda parte son los 4 últimos capítulos que transcurren cuando, dentro de la diégesis de la serie, los primeros episodios han sido publicados en internet y se han convertido en un fenómeno mediático.

Para armar el caso, la serie recurre a muchos de los recursos habituales de los documentales: tomas de protección de Dylan en la calle dan un sentido poético cuando expresa sus sentimientos de traición y abandono, material de archivo en fotos y videos dan un vistazo a la dinámica de adolescentes, páginas web y posts en redes sociales muestran nuevas relaciones interpersonales a partir de esas herramientas, animaciones digitales ponen a sujetos en función del espacio a modo de reconstruir sus acciones paso a paso, entrevistas explícitas a cada uno de los involucrados –ya sea en casas o en estudio– son realizadas para tener una panorámica de todos los puntos de vista. Mientras tanto, una cámara observacional sigue de cerca el propio trabajo de Peter y Sam, con sus altibajos y problemas, en su “búsqueda por la verdad”.

Fotogramas del documental “American Vandal”.

En un primer acercamiento, parece que American Vandal es una parodia que reemplaza huellas dactilares de armas por discusiones sobre dibujos de penes con vello, reportes forenses por averiguar qué diferencias hay entre “hey” y “heyy” en mensajes de coqueteo, y policías corruptos o abogados comprometidos por profesoras insoportables y cineastas amateurs. Habría que recordar que estas sustituciones y su importancia son enormes cuando los propios jóvenes reconocen que está en juego su futuro profesional y académico, así como su reputación y la opinión que en un futuro tendrán sobre la justicia y la honradez. 

De acusaciones y pruebas
Durante la primera mitad de la serie, Peter dirige sus esfuerzos en demostrar lo frágil que son los argumentos de la escuela contra Dylan, enfocándose en desacreditar a Trimboli como una fuente confiable o hacer experimentos sobre si es físicamente posible ir de un punto a otro de la ciudad, dibujar 27 penes en autos y borrar cámaras de seguridad. Líneas de tiempo y más animaciones digitales son sus aliados para probar lo equivocada que está la escuela, y en ese proceso, comienza a no sólo armar un caso para contradecir a las autoridades, sino también para defender a Dylan.

Fotograma del documental “American Vandal”.

Esta diferencia es clave, porque Peter no reconoce, en un primer momento, que no está “buscando la verdad”, sino que está actuando activamente para defender a su sujeto: participa en las discusiones familiares con el abogado, se enfrenta a los profesores que acusaron a Dylan, tiene problemas con el director por la filmación del documental y con sus propios amigos.

Tras percatarse que tal vez está siendo manipulado por su propio protagonista, Peter confronta a Dylan por haberle mentido sobre la broma hecha a la profesora Shapiro meses antes. Dylan dice que no le habló de esa broma porque sólo lo hace ver culpable. Peter le recuerda que no le interesa liberarlo, sino “buscar la verdad”.

Van desfilando otros personajes de la escuela: el admirado entrenador Rafferty y el poco ortodoxo profesor de historia Kraz. Es a través de éste último que nos enteramos de los planes de Shapiro para manipular el castigo a los estudiantes por no denunciar al culpable de los dibujos, y tras el cual Trimboli quedó como el salvador por acusar a Dylan.

Peter comete los mismos errores que cometió el cuerpo académico en la expulsión. Acusa a Shapiro sin pruebas más que la palabra de una persona contra ella, y no logra probar que Dylan no hizo los dibujos, sólo que los argumentos en su contra no son lo suficientemente sólidos. En su desesperación por llegar al final del asunto, hacia el final de la primera mitad de la serie, Peter termina cayendo en la lógica de que en vez de demostrar la inocencia de Dylan, quizá sea mejor demostrar la culpabilidad de alguien más, por lo que inicia una cacería contra todos los miembros del equipo de televisión, incluidos Sam y él mismo.

Llega la investigación a un callejón sin salida. Dylan está molesto porque el documental no ha ayudado en nada a probar su inocencia, Peter se ha quedado sin productor tras una riña y con la duda sobre si no funcionó como marioneta del acusado todo este tiempo, percatándose de lo peligrosa que era la lógica que estaba siguiendo: admite que sugerir la culpa siempre es más fácil que probar la inocencia.

De las malas consecuencias tras las buenas intenciones
Inicia la segunda parte de la serie. A partir del quinto episodio, se continúa la investigación una vez que los primeros cuatro episodios han tenido gran aceptación en internet dentro de la diégesis de la serie, trayendo gran fama y creando opinión pública hacia el caso (además de teorías de conspiración y comentarios sobre lo atractivos que son algunos personajes).

Esto eleva la forma documental de la serie a un acercamiento con su propia recepción, similar a lo sucedido en CSA, donde vemos el “documental” y nos aproximamos a su modo de recepción diegético: aquí vemos el “documental” primero, y luego vemos su impacto, positivo o negativo, en los propios sujetos retratados.

Las consecuencias que ha tenido el documental en la diégesis son muy variadas: algunos se han visto muy perjudicados (Kraz perdió su trabajo por comentarios que dijo frente a cámara) mientras que otros han ganado reconocimiento (la campaña Free Dylan se ha vuelto una sensación para pedir el reconocimiento de su inocencia).

El caso continúa evolucionando. Tienen especial consideración los videos de una fiesta. Se construye un argumento sobre los hechos ahí ocurridos con animaciones, material de archivo y tomas de protección. El objetivo es reconocer el camino de la lata de pintura durante de la reunión usando diferentes técnicas para ver un mismo espacio.

Fotogramas del documental “American Vandal”.

Peter empieza a indagar sobre cosas que la administración escolar quiere barrer bajo la alfombra, y es aquí donde empieza a enfrentarse a amenazas de expulsión y mecanismos de censura sobre su trabajo. Sin embargo, es ayudado por fuentes anónimas, que con un distorsionador de voz le entregan material que daría pistas sobre algunos sospechosos.

Finalmente, Peter no logra dar con quien haya dibujado los penes, pero sí consigue demostrar que Dylan se encontraba con su novia McKenzie al momento de que los hechos tuvieran lugar. El precio que se paga es que Dylan descubre que su novia le engaña, y terminan su relación. Si bien su abogado logra salvarlo de la demanda en su contra, y se reinserta a la vida en la preparatoria, aún deben los personajes enfrentarse con la caja de Pandora que se abrió.

Peter termina por entender, hacia el final de la serie, que a diferencia de los personajes de sus filmes amateur de ficción, aquí sí pesarán las consecuencias de lo que se diga, muestre o insinúe, ayude o no en la resolución del conflicto principal (¿quién dibujó los penes?). McKenzie le reclama al cineasta que se haya puesto en una posición muy cómoda, juzgando a los demás a través de su cámara mientras les arruina sus planes de vida. En la fiesta de graduación, durante el capítulo 8, Sara Pearson le pregunta de qué servía exponer esos mensajes de texto privados que no probaban la inocencia o culpa de Dylan.

En la misma fiesta, cuando los personajes empiezan a ver el documental, Dylan se percata de que es visto por sus compañeros como un payaso que no tiene ningún futuro. El joven entiende que su liberación a través de un trabajo audiovisual tuvo un precio: haber sido reducido a dos dimensiones, tanto literal como metafóricamente. Ahora no es más que una caricatura, una copia incompleta de sí mismo.

No sólo la verdad al final del camino puede ser incómoda, dolorosa o peligrosa, sino que las incomodidades, dolores y peligros a lo largo del camino hacen que los sujetos se cuestionen si todo vale la pena. Dylan termina incurriendo en actos vandálicos –ahora sí, lo graban con una cámara de seguridad–, por lo que finalmente se enfrenta a un juicio sin posibilidad de ser salvado por Peter.

Este vandalismo de Dylan al final no es argumento de “Shapiro tenía razón, Dylan está más allá de la rehabilitación”, sino que debe servir para demostrar la distinción entre el sujeto del enunciado y el sujeto de la enunciación cuando se hace una acusación muy grave –sea pintar penes en autos o haber violado a alguien–: aunque se pruebe que los hechos ocurrieron tal cual se dice, este decir puede estar bajo una lógica de malas intenciones, por lo que uno puede estar mintiendo al decir la verdad.

El juicio de la escuela debía ser desechado no porque Dylan haya dibujado o no los penes: aún si genuinamente lo hubiera hecho, eso no justificaba la lógica perversa de acusar a partir de escuchar sólo a una de las partes o basarse en prejuicios.

Por su parte, Peter entiende que detrás de las buenas intenciones pueden llegar malas consecuencias para todos. La lección final para él, con la que cierra la serie, es que los documentales tienen una gran capacidad para hacernos creer en lo que dicen y en su honestidad y compromiso (mismos que pueden ser muy genuinos) tras su búsqueda por la verdad (a la que pueden incluso llegar); sin embargo, el precio que se paga por esto es el encuentro con los límites de la representación documental: el sujeto siempre será reducido a su significación dentro del sistema de la narración documental, y esta reducción no siempre será favorable para ellos o consciente por los propios realizadores.

La última escena del último capítulo es la repetición de la escena que abrió la serie, sólo que con un comentario agregado. Cuando Dylan le pregunta a Peter qué clase de pregunta estúpida es ésa de decir “quién es”, Peter confiesa que tiene razón, que sí es una pregunta estúpida.

Sobre esto, hay que reconocer que quizá la pregunta no es en sí misma estúpida, sino que sólo se vuelve estúpida cuando el documentalista cree que hay una respuesta correcta o completa para ella, una que dé garantía suficiente de lo que el sujeto verdaderamente “es”.

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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Maestrante en Comunicación por la UNAM (México). Ha sido profesor en cursos de teoría y análisis de cine, cine de terror, cine documental, pornografía y políticas culturales en universidades y centros especializados. Es miembro del Seminario Permanente de Análisis Cinematográfico. También le encanta la música electrónica y la cerveza oscura. Pueden seguir otros textos suyos en: https://unam.academia.edu/AguilarS
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