Editorial Año 2 Número 7

Por  
Fotografías: Miradas Múltiples 10 mayo, 2018

Por Edgar M. Caamaño

 

“El cirio consume nuestra fiesta,
cuando la cera termina por derretirse,
el tambor y la flauta cesan,
contamos el dinero para la fiesta del próximo año” Natalia Toledo

 

No sé donde estés mientras leas esto. Hay océanos, desiertos y montañas duros de cruzar en bicicleta. Mira que me gustaría poder hacerlo diario para visitar, sentarnos a platicar. No sé cuál es tu primera lengua ni tu jerga de preferencia, pero si al enterarte de como sigue tumbando este mundo tú dices chale, yo tambor. Dale duro, compartimos que la cosa va difícil, en eso nos seguimos el paso. Tucún tucún tacán tacán.

Arrecia mucho muro y mucho insulto. Hablan con odio, y su saliva de aceite hirviendo salpica todo. De la sartén al fuego, nuestra piel y nuestros labios se hacen asbestos. Mientras se dedican a darse placer, sin medir ninguna consecuencia, esperan que nos ahoguemos en sus excesos. Masturban su impunidad hasta el entumecimiento. Creen que su palabra es ley y que nuestras memorias olvidan fácilmente injurias, mentiras, matanzas y abusos. Creen que con sus grandes y largas cadenas de nuestros datos pueden arrastrar la voluntad y la sabiduría de las personas. Creen que la gente es pendeja.

Por otra parte, afirmar que el acceso a los medios digitales de información expande inmediatamente nuestras conciencias requiere una delicada deconstrucción de lo que entendemos por conciencia. Hay conciencias que saben de la complejidad del sufrimiento, sus causas y efectos, y las maneras de aliviarlo. Comprenden que, en los lugares más pobres y violentos, se necesita de muchísimo más que un teléfono con internet para mejorar los estándares de vida. Fabricamos sólidas ideas donde asumimos que a más tecnología y más conexión, mejor vida en el planeta. Fuera de la envoltura, ese mito pasa raspando la garganta y cae mal al estómago, la publicidad lo vende eterno, brillante y placentero, pero la realidad del cuerpo y la mente no lo computa.

Hay quienes bien aceptan, o mal se les obliga, a pagar la porcelana rota, aunque no hayan podido consumir los alimentos que contenía. Entre las rupturas vemos que todo el crecimiento tecnológico no ha impedido que nos sigamos matando, quizás nos va ayudado a matarnos más rápido, pues tanto las órdenes como los misiles reaccionan ante un dedo humano que toca y señala ataques, un robot que obedece. Ojos que no ven personas, corazón que sí ve objetivos. Tan cortas son las mechas de algunxs líderes. ¿Cuánta violencia lleva este siglo? Lleva un rastro que no distingue fronteras políticas ni separaciones de clase social; va desde la mujer que muere por bomba o bala hasta la mujer que muere por los golpes del esposo, desde el joven que muere por bomba o bala y el joven que muere por los golpes de la policía, del ejército, de los grupos radicales.

Desde tu localidad, desde donde te sientas o te paras, piensa en un conflicto, de este siglo o de antes de Cristo. Investiga las causas, lee los textos, reflexiona sobre los efectos y ve los vídeos. Si tienes la paciencia, lee los comentarios. Discútelo con otras personas ¿Qué ha cambiado? En parpadeos y de reojo, del fuego a la rueda al lenguaje a la electricidad al internet ¿cuánto nos hemos dejado de matar? Ahí está una medida de progreso humano, si es que tanto nos queremos seguir creyendo superiores a las demás especies del planeta.

¿Qué ojos miran enemigxs y qué ojos miran personas con quienes estamos en acuerdo, sencillamente en desacuerdo, que están presentes, o quizás se les hizo tarde pero ya vienen en camino? Igual y ya no están. Ahora es fácil enterarse de todo, todo el tiempo. Todos los chismes del mundo gritándote al oído. ¿Qué verdad es la más importante, la que necesita ser repetida por más voces? ¿Cómo son sus ciclos? ¿A qué círculo de información le crees? ¿Qué tan creyentes somos? Tengo fe en estos servicios digitales, porque como la oración, me dedico a ellos una, dos, cinco o más veces al día. Aun así, siempre quedan espacios vacíos donde se sabe que cuestionar creencias es saludable, espacios por donde moverse o quedarse.

¿Dónde estás cuando nos lees? ¿En qué estado, en qué nación? ¿Por qué te quedas y por qué te vas? ¿Por qué puedes estar ahí o porqué te tienes que ir? ¿Caminas con tranquilidad o siempre cargas tus papeles? ¿Tienes que esconderte de la autoridad, estando sin estar? Hay que circular las curvas de la burocracia local, nacional y global, llevando las buenas maletas o únicamente los papeles requeridos. Lo que fuera pulpa de árbol, ahora rectángulos blancos con tintas de colores, determina nuestra suerte. La nacionalidad es un privilegio construido que no hemos logrado organizar, o deconstruir, para beneficio de toda persona. Se es ilegal si no se tienen los papeles necesarios, o si no se tiene el poder de no tener que necesitar los papeles necesarios. En la precariedad de la movilización global, es el papel o la vida.

Pasar aduanas sin problema o pedir asilo. Irse solx o en grupo. Andar hacia las líneas divisorias, con las marcas de los vehículos que van en caravana o que vigilan los otros lados, por el calor del desierto o la profundidad del mar, a la merced de polleros, coyotes y tiburones. Y más allá de la frontera, espera la familia y una vida diferente. Espera también el riesgo de alimentar el hambre de las cuotas de deportación y las ganancias internacionales del trabajo en clandestinidad.

¿Cuántos recursos y ganancias transitan por el Libre Mercado? ¿Cuántas personas contribuyen a dicho tránsito? Los frutos del trabajo no necesariamente son recogidos localmente. ¿Cuántas empresas multinacionales pueden abrir un call-center en donde les sean más baratos los salarios? Si los negocios pueden estar más allá de las fronteras políticas, también lo pueden estar las personas. Cada mina, cada selva, cada zona del mar, cada maquila, fábrica o taller que produce en condiciones de esclavitud indican un nodo vital de libre tránsito de capital, contribuyendo significativamente a las economías mundiales y su desarrollo. Pero, ¿cuántas de las personas en esos trabajos pueden transitar libremente por el mundo? Transitar igual que los productos que fabrican o los servicios que ofrecen. Aprovechando el desconcierto y la incertidumbre de estos inicios del milenio, preguntemos:  

¿Por qué no es legal en todo el planeta el libre tránsito de todas las personas que lo habitan?

Esta es una pregunta sobre la libertad de irse o quedarse, no la necesidad de tener que irse. No es una propuesta de invasión ni de libertinaje. Tampoco trata de evocar la ingenua parálisis que piensa que a más extranjerxs más problemas. La realidad es más compleja, revelando que hay negociaciones y balances más allá del miedo al cambio y a lo diferente o desconocido. ¿Porqué el miedo a que cambie una localidad? La colonia, el barrio, el pueblo, la ciudad, los cuerpos y las mentes de familiares y desconocidxs están cambiando todo el tiempo. A veces el cambio es brusco, a veces es muy sutil. Ciudad que visito, ciudad que está levantándose en grúas, que construyen muchos espacios en los que pocas personas van a poder vivir. Tal vez no es la civilización, si no la civilidad la que decae.

No hay senda perfecta, todas están llenas de hoyos, todas parchadas. Son herencias agrietadas, y en esas grietas crecen plantas y hongos; vida. Todavía hay quienes siguen andando. ¿Qué ritmos traen los nuevos pasos? Traen sabidurías que enseñan que a más armas más muertes, sentido común ausente en muchos países. Se levantan, hablan y denuncian antiguos órdenes de superioridad cuyas raíces son fuertes y duras en la historia. En su longevidad, y su ingenuidad de ser eternos e impenetrables, está la naturaleza de sus finales. Siempre habrá pequeñas hachas que cortarán los árboles enfermos, pues ya no es tan fácil que hombres necios, y sus manadas, violen personas cuando quieran, donde quieran. Las bases de esos ídolos están mostrando desgaste. Ya hay suficientes personas jalando las cuerdas, empujando al unísono. Sólo queda esperar a escucharlos caer.

¿Y de lo que sigue en pie? El enfoque de la política y sus personajes parece ser el polarizar opiniones y dividir a las personas que comparten un mismo país. Nadie escucha, pues tienen mucho que decir, pero no son capaces de unirse con todxs, para trabajar hacia el bien común, viendo más allá de sus partidos. Predicar intolerancia es más fácil que colaborar. La esfera política sigue colgando como una circunferencia aislada, donde la mayoría de lxs hablantes de su centro no conviven, no visitan, no conocen y no entienden de la vida en la tierra, pues saben que una vez terminado su mandato, se pueden agazapar en la copa.

Las divisiones generan control, no convivencia. Quizás es tiempo de pensar nuevas formas de seleccionar empleadxs de prácticas gubernamentales, dejando atrás el espectáculo de los procesos electorales, sin caras por todas partes, sin invasiones y bombardeos de las pantallas y las calles. Formas de negociación donde el desacuerdo y la inclusión constructiva sean materiales útiles de los procesos de decisión de las comunidades.

Quizás. Por mucho o poco que escriba sobre el futuro, este está más allá de nuestras palabras e imágenes, más allá de nuestros algoritmos. El futuro es un vacío y una posibilidad, no le pertenece a nadie y aún así para allá vamos todxs. Un gran hoyo negro que como se vuelve sol se vuelve luna, ciclos de luz y ciclos de sombra. Entre tanta confusión es recomendable imaginar cambios y convivir cambios, respaldándonos del pasado, conscientes de cada pequeño segundo donde respiramos, apreciando aquellos gestos microbios, indetectables por la vigilancia, que infectan los cuerpos sociales que se creen eternos, ídolos, genios y caricaturas.

Observemos atentamente los nuevos desafíos de la existencia. Vivir es un problema existencial. La verdad es que en la historia conocida de la humanidad nunca había habido tanta riqueza y recursos distribuidos tan desigualmente. En billones está la humanidad, y tenemos hambre y tenemos sed. La mayoría comparte de su mesa, pero no faltan las pocas bocas que quieren y desean, más que comida y bebida, poder y control. Imitando esas voluntades, no nos la vamos a acabar. ¿Y cómo le vamos a hacer? Si se nos da tan naturalmente causar sufrimiento y sufrir, respondamos a nuestros orígenes. Cuestionemos lo dado por hecho, inalienable e inamovible. Poco es lo que es eterno. El presente se muere, se sana y se continua. Ahí viene el futuro de quienes un buen orgasmo, o un desliz, no ha empujado a la difícil tarea de nacer en este planeta.

En temporada de carnaval hay quien se enamora, quien se lastima y quien se queda en casa. Pero nadie se escapa de sus sonidos y sus luces, del barullo y la loquera. ¿Ah sí? ¿Qué este mundo, redondo como una guanábana, ya perdió su sentido? ¿Ya no orbitamos alrededor del Sol, alborotando por la galaxia? Lamentan por ahí que ya se perdió el ritmo. ¡Que loca vida, este riesgo de vida! Como marea esta gran barca, este gran regalo. Las calaveras ya no lloran serenatas de amor, las calaveras no lloran, les cocinamos el corazón. Te invito un descanso, un taco, un tabaco. Te invito a leer o a olvidar toda palabra, te invito a San (Juan) Diego, que quiero ir y no puedo.

Bienvenimos locales, borrachales y toda visita extranjera; invádeme con un abrazo y canciones de tu tierra, de noche a la mañana, sopita con corazón. Acá limamos los huesos, y los secamos al calor. Trabajamos la artesanía para anunciar en las carreteras: se venden collares, se venden recuerditos. Tequila, sexo y mariguana; chocho, chemo, churro y garnachas. La estampita para el coche de Jesucristo, Krishna, ángeles y santos, panteones de diosecillos de yeso colorido, un holograma de la Mecca y un Buda en la oreja.

Las palabras no pueden tocar ni construir el futuro, sólo sugerirlo. Mayo del 3018. ¿Existirán aún las antiguas naciones, con su trapos de colores que marcan sus territorios, como orines en las esquinas? ¿Serán las personas más libres que el software y el hardware? ¿Seguiremos sobreviviendo arriba de los mares? ¿Nos habrá calcinado el calor? ¿Nos estaremos matando menos? ¿Podremos seguir andando en bicicleta? ¿Muchas preguntas, muchas preguntas? ¿Qué te pasa, atleta? Corre que el mundo estalla ¿A dónde? Ahí viene el volcán y las olas del mar.

Se consume nuestro tiempo, ahí vienen brillando los cometas. Todo será sombra, todo será ceniza. ¡Mare! ¡Se cebó!

 

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