Crónica: enseñanzas de la caravana migrante (III)

Por   ・ México - Inglaterra
Fotografía: Pablo Allison 17 mayo, 2018

“El paisaje de la bestia”

 

“Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios,
la intolerancia y la estrechez de mente”.

 Mark Twain

Después de permanecer algunos días en la Ciudad de México, recibí la llamada de Juancho, un compañero con el que viajé en el tren, en La Bestia, desde Matías Romero, Oaxaca y del que me separé al llegar a los túneles de las cumbres en Orizaba, Veracruz. Ahora nos reencontramos para subir de nuevo al tren a partir de Tultitlán, en el Estado de México.

Para hablarles del paisaje me remontaré un poco hacia la parte de Veracruz, donde los escenarios naturales en la zona de Orizaba son espectaculares, al igual que los de Oaxaca y Chiapas, pero también de clima frío por debido a la altura.

Durante nuestra espera en Orizaba, antes de que me separara del grupo cada vez más reducido de migrantes, nos indicaron que para subir al tren tendríamos que caminar varios kilómetros hasta toparnos con los túneles que atraviesan las cumbres de Acultzingo, una zona montañosa ubicada en la Sierra Madre Oriental. Así lo hicimos y a nuestro paso cruzamos por varias zonas suburbanas, siempre con el temor de que representaran un peligro, aunque, en realidad, prefería no averiguarlo.


“Aquel que no viaja no conoce el valor de los hombres”.
 – Proverbio moro


Todavía estando en Tierra Blanca, nos adentramos en el municipio en busca del albergue migrante. Durante nuestro transitar por las calles y de madrugada, era evidente la escasez de recursos, de lo más básico, eso me indicó que no era muy seguro andar por ahí, además por ser una de las centrales del cártel del narcotráfico que domina en el estado. Por cierto, después de caminar unos veinte minutos, pasamos por una casa de un lujo inigualable que contrastaba con el resto: sencillas y sin terminados. Esta es de dos pisos, bien pintada, con cámaras de seguridad en los portones frontales, dos o tres camionetas del año y tapizada de azulejos en el piso. Enseguida le pregunté a Juancho, quién pensaba que era el propietario. Solo nos volteamos a ver y pasamos de largo.

De regreso en Orizaba, Veracruz, llegamos a un punto donde decidimos descansar y en el que noté una inmensa estructura vertical en medio de una zona de chocitas de gente muy humilde. Lo interesante fue que esta torre blanca estaba muy bien cuidada, parecía surrealista, fuera de lugar. Tomé unas cuantas fotos por la lateral y después unas frontales, justo a la entrada de la zona. En su parte más alta tenía una especie de pico color oro. Quizás se trata de un templo religioso, fue lo que pensé mientras continuábamos con nuestro camino.

Al momento de partir, ya en el Estado de México, el paisaje urbano se veía desigual. Pasamos por Lechería, Cuautitlán Izcalli y Teoloyucan hasta que perdí la noción de nuestra ubicación geográfica. Después de algunas horas, únicamente se veían poblados pequeños rodeados de algunas viviendas y campos de cosecha. Tardamos un rato en salir del Estado de México pues esa parte del país es demasiado extensa, se dice que dentro de la ruta del tren es donde hay más saqueos a los vagones que generalmente cargan electrodomésticos, productos químicos, maíz, frijol, arroz, sorgo, productos de supermercado, automóviles, acero y chatarra.

La noche nos llegó en el estado de Querétaro, antecedida por un atardecer sublime.  Recuerdo haberle comentado al chico que tenía a mi lado que la dicha de poder observar un paisaje escondido, solo la tienen aquellas personas que viajan en el tren, pues la mayoría de los mexicanos permanecemos aislados de ese México profundo. Fue en ese momento cuando recordé una de las tantas razones por las que emprendí este viaje.

El sueño estaba por vencerme, pero el frío y los fuertes jaloneos del tren me recordaban que no debía dormir. Por momentos era imposible seguir despierto, en particular por el agotamiento físico que implica viajar en la misma posición durante horas y horas. A veces cerraba los ojos por cinco o diez minutos, pero no lograba dormir más tiempo como lo hacían otros compañeros.


“Viajar es una brutalidad. Te obliga a confiar en extraños y a perder de vista todo lo que te resulta familiar y confortable de tus amigos y tu casa. Estás todo el tiempo en desequilibrio. Nada es tuyo excepto lo más esencial: el aire, las horas de descanso, los sueños, el mar, el cielo; todas aquellas cosas que tienden hacia lo eterno o hacia lo que imaginamos como tal”. – Cesare Pavese


Observar el amanecer montado sobre el tren fue igual de conmovedor. Tanto como el saludo que las personas nos hacían desde abajo, animándonos a seguir adelante. Atravesar el desierto de Sonora, donde no se ve una sola alma; las cañadas en Guanajuato, los túneles de cientos de metros de largo, las vías al lado del mar en Mazatlán o la infraestructura de la refinería de Tula, en Hidalgo, fue realmente impresionante.

Los ingenios azucareros y la quema de caña en los campos veracruzanos, en la oscuridad de la noche, representan una memoria de este viaje que tendré grabada por mucho tiempo, las grandes extensiones de tierra incendiándose a la distancia. Y las fábricas situadas a ambos lados de las vías, con sus estructuras imponentes y de chimeneas enormes por las que salían grandes cantidades de humo.

Todo el escenario me parecía tan ficticio:  el calor, el frio, el humo, el ruido del tren en marcha y la neblina se mezclaban con la tensión que sentíamos los que estábamos ahí de paso, en caravana, observando el paisaje que rodea a La Bestia, que acompaña a los migrantes.

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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México - Inglaterra

Nací en Manchester, Reino Unido y fui criado en México, en el Distrito Federal o Ciudad de México, como se conoce ahora. Inicié mis estudios universitarios de fotografía documental y periodística en la Universidad de las Artes, en el London College of Communication de Londres, Inglaterra. Posteriormente, en 2009, me recibí como fotógrafo documentalista del Newport College of Art and Design, de la Universidad de Gales. Mi aprendizaje en el ámbito de los derechos humanos, trabajando en organizaciones no gubernamentales como Amnistía Internacional y ActionAid, en Londres, se convirtió más tarde en inspiración para abordar las artes visuales desde un enfoque social y humanista. Algunos de los conceptos que utilizo en mis continuas exploraciones de la realidad son la libertad, la reclusión, el control, la migración y, obviamente, los derechos humanos. Miradas Múltiples me da la posibilidad de generar contenidos cotidianos para referirme a personas comunes y corrientes, como yo, sin inmediatez y siendo subjetivo, pero a la vez balanceado, justo y sensible, desde la empatía y sin dejar de lado el rigor en la información. Encuentra más de mi trabajo en Instagram: pablondon1
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