FITI, Encuentro Internacional Huellas (Cuaderno de bitácora I)

Por   ・ México
Julia Giletta, en “Panfletarias” de Fulanas y Menganas. Foto: Jenni Moreno / Sprocket. 26 mayo, 2018

El artivista (artista + activista)
usa su talento para luchar
contra la injusticia y la opresión
por cualquier medio que sea necesario
y fusiona su compromiso
con la libertad y la justicia,
con la pluma, la lente, el pincel,
la voz, el cuerpo; con la imaginación.

—M.K. Asante

 

«Un viaje son muchos viajes a la vez –escribe el poeta, dramaturgo, músico y politólogo Gabriel Penner en la parcela virtual que alimenta con su palabra y su mirada en el Feudo Zuckerberg–, y nunca finalizan porque se siguen multiplicando las experiencias, porque todo parece fresco en el territorio de los recuerdos vivos y todo se vuelve semilla de otro hacer.» Y, es verdad. El viaje que, por ejemplo, a mí me llevó a la edición más reciente del Festival Independiente de Teatro Íntimo – Encuentro Internacional, ha sido, acaso sigue siéndolo, largo en el tiempo y múltiple en sus caminos.

Si trazara una ruta en retrospectiva hasta mi llegada a aquí, ¿cuáles serían sus estaciones? ¿La tarde del sábado 14 de abril pasado, 87 aniversario de la Segunda República española, en que la mayoría de los grupos que participarían en el 16º FITI estaban reunidos en el patio de la casa que abriga al Centro de Investigación Escénica El Teatrito, poniéndose de acuerdo sobre cómo sería la ceremonia de arranque del Encuentro? ¿La presentación del libro El Teatro. Evocaciones / Obras / Ensayos, del maestro Mario Ficachi, junto a él, mi querido y admirado Édgar Castelán, director de El Teatro del Fantasma, y Ricardo Andrade Jardí, co-director con Amanda Quezadas de El Teatrito? ¿El momento en que comencé a retocar los no-telones pintados en la fachada de El Teatrito y el mapa-huella del continente americano (tarea que aún no termino)?

O, un poco más atrás en el calendario, ¿el taller en gestión cultural para proyectos sociales impartido por Castelán, también en El Teatrito; la charla-entrevista que les hice a Ricardo y Amanda; una de las reuniones de trabajo de la Red en Apoyo al Consejo Indígena del Gobierno del Congreso Nacional Indígena en Jo’ (Mérida) o la celebración por los 18 años de El Teatrito? No, ninguna de éstas; acaso, estas estaciones podrían ser las más próximas en el tiempo, pero no las que marcan, o no del todo, la ruta de mi llegada a aquí.

«Un viaje son muchos viajes a la vez», dice Penner, y yo quiero compartirles algunas de mis notas al caminar el viaje más reciente hacia El Teatrito y el 16º FITI – Encuentro Internacional «Huellas» 2018, celebrado del 14 al 22 de abril en su sede nodal, en Mérida, Yucatán, y del 24 al 29 del mismo mes en su extensión en Coyoacán, Ciudad de México. Se trata, por supuesto, de un viaje lleno, relleno, envuelto, aderezado, cubierto, acompañado y maridado de muchos otros viajes. Se trata, desde luego, de una especie de cuaderno de bitácora.

Está incompleto. Además de algunas notas que decidí no publicar, muchas, y uno que otro día que se ha quedado fuera, no agrego algunos dibujos y planos que hice, ni mis apuntes en los márgenes de las hojas de los libretos técnicos, ni las dos o tres piedras que recogí de algunos sitios, ni los post-it® que me sirvieron para ir conservando algunas cosas que no quería olvidar, ni las fotos… bueno, sí, agrego unas cuantas fotos; ninguna, desde luego, mía. Dicho lo cual, va la primera entrega.

* * *

Día 1. (Re) descubriendo a Asdrúbal Huracán y Estrellita Pocaluz.

Las luces se han apagado, o casi. Estoy en el foro, recostado sobre una colchoneta de esas que en algunas escuelas de actuación, danza o circo se usan para las clases de acrobacia buscando amortiguar el impacto de la caída de alguno de esos cuerpos que suelen entrenarse en esas clases de esas escuelas. La colchoneta me cubre a lo ancho, aunque ustedes, quienes me conocen físicamente, no lo crean; pero, no a lo largo. No es un problema, pero creo que preferiré dormir directamente sobre la madera del escenario… cuando duerma.

He esperado a que todo mundo se duerma o, por lo menos, se acuesten a dormir, para escribir estas notas que, si me organizo bien, publicaré en Miradas Múltiples o, en el peor de los casos, en mi bitácora personal. Estoy nervioso. Estoy excitado. No sexualmente excitado; la sensación es parecida: siento la sangre bombeando en mi cabeza, las pupilas dilatadas, la respiración y el pulso acelerados, no quiero dormir… pero, no me siento sexualmente excitado; no tengo una erección, por ejemplo.

He salido a la recepción. Junto a mí está la mesa de libros que montaron los compas de CON/TEXTO tipea y funda/mental ediciones; está el libro de que se presenta mañana: Con/Texto en Obra. Hacia una cartografía de dramaturgias resistentes (2018). He visto que han regalado entre las y los demás participantes del festival-encuentro un ejemplar; no sé si uno por persona o uno por colectivo o proyecto, pero a mí no me ha tocado ninguno… supongo que eso, de algún modo, me hace ser parte del equipo de El Teatrito: me gusta.

Me gusta también eso de que el libro que se presentará en este Encuentro, marcado por los viajes temporales y espaciales que cada colectivo ha realizado para llegar hasta aquí y, sobre todo, por las huellas de esos viajes, se mire a sí mismo como una suerte de cartografía; me gusta, mucho.

María Paula Compañy, Amanda Quezadas y Violeta Pugliese, en la presentación del libro “CON/TEXTO en OBRA. Hacia una cartografía de dramaturgias resistentes”. E.C.A. El Teatrito. Foto: Archivo El Teatrito / Facebook

Hoy que arrancó todo, la ceremonia fue, para decirlo en latín puro, un desmadre; creo que nos salió mucho mejor el ensayo. Sin embargo, creo que no es importante. Me gusta pensar en que la materia prima con la que trabajamos en la escena es el accidente, la incertidumbre, y que la experiencia y el manejo de nuestros recursos hacen que el accidente se incorpore al hecho escénico: allí está la magia… Tomo el libro, no puedo evitarlo… He intentado no hacerle demasiado caso a este impulso y no tomar lo que no es mío, algún resabio de un súper yo accionado por las buenas costumbres aprendidas en casa, pero ya no puedo seguir evitándolo, y lo tomo… Pienso devolverlo, desde luego: “Manifiesto”… “Prólogo”…

¿A dónde van las palabras? ¿Acaso quedan alojadas en algún lado? ¿O tal vez nos quedan, nos pertenecen? El teatro ha resuelto esto a su manera: las palabras quedan en los cuerpos que conviven en cada función, en los cuerpos en obra. Las palabras y los cuerpos son una obra viva. En el acontecimiento teatral la palabra se hace carne. ¿Y qué sucede si la palabra teatral se queda sin escena? CON/TEXTO tipea lo ha resuelto a su manera: un libro en donde la palabra sigue latiendo, y llega a todxs lxs lectorxs, sean público o hacedorxs, espectadorxs o autorxs, un libro vivo como obra, listo para hacerse carne, para la acción (…)

Este libro es la posibilidad de dibujar un mapa de praxis escénicas que están sostenidas en escrituras dramáticas diversas, divergentes e insumisas, un recorrido por dramaturgxs y grupos dedicados a trazar caminos alternativos. Se puede pensar a este conjunto de voces como un ejercicio dinámico, un devenir entre la desterritorialización y reterritorialización o, para decirlo de otro modo, una operación colectiva productora de un nuevo territorio, estamos frente a una perspectiva geoteatral y geohistórica, geocultural y por qué no, geofilosófica.

Este territorio-teatro es una acción, una relación que se va configurando, va estableciendo sus puntos, sus zonas, sus fronteras, sus accidentes, al mismo tiempo que va generando un movimiento, un tránsito de modalidades poéticas que se cruzan, se contaminan y se transforman. (CON/TEXTO tipea, 2018: 9).

El primer texto en el libro es el que escribieron a cuatro manos Amanda Quezadas Llanes y Ricardo Andrade Jardí: “La fuga de Asdrúbal Huracán y Estrellita Pocaluz. Acercamiento testimonial a la Trama íntima del Gran Circo”… Pausa, pausa, pausa: estoy leyéndolo.

Del Gran Circo

VOZ 1: De entrada la ocurrencia parecía ya una locura, a quién cuernos se le ocurría un circo sin animales, en los tiempos en que aún no era una política seudo verde…

VOZ 2: Era la era de la transición democrática, todo estaba en armonía en aquella comarca al sur del norte, el partido único dejaba de ser único y la aparente madurez política nos obligaba a ver un exitoso porvenir; sólo los renegados se negaban a creer en el futuro inequívoco. Infinidad de organismos de la sociedad civil vivían de los millonarios recursos que bajaban en nombre de la educación, la ecología, los derechos humanos, el arte y los derechos animales.

VOZ 1: Un circo sin animales era una necedad condenable por todos los cirqueros de la ciudad. Pero necios enamorados, Estrellita y Asdrúbal, siguieron adelante con su necedad… Con su Gran Circo Nuevo. Donde los únicos animales que tendría el circo serían los mismos “sujetos” que lo transitaran, los mismos que compartieran su fuego porque lo creyeron posible. (Quezadas y Andrade, 2018: 16).

Omar Peraza, Elina Martinelli y Julia Giletta, en la presentación del libro “CON/TEXTO en OBRA. Hacia una cartografía de dramaturgias resistentes”. E.C.A. El Teatrito. Foto: Sebastián Liera.

Estoy cansado. La sonrisa no se me borra del rostro. Creo reconocer a casi todos los personajes de este Gran Circo que es El Teatrito y los circos que lo circundan: el Circo Nacional, el Circo Polaco, el Bosque de los Circos, la Compañía Nacional del Circo; ¿cómo llamarían al CUT: el Centro Universitario del Circo, el Circo Universitario, el Circo Jesuita?… no, el Circo Jesuita sería Casa del Teatro, supongo; San Cayetano, antes.

Creo reconocer, también, a algunos de sus personajes: la Mujer Serpiente, el maestro Ilusionista Kiskiristín y sus efebos; ¿cómo me llamarían a mí?, no era uno de esos efebos, pero, teniendo más un cuerpo de sátiro, lo sería a mi llegada a los trópicos… aunque eso de efebos… Juan Luis decía que éramos el criadero… algún día se los preguntaré; pero, si me dieran a escoger, elegiría algún nombre que tuviera que ver con destierros o transtierros; autoexilios… algo que suene a los nombres que Amanda y Ricardo se dieron a sí misma, a sí mismo: ¿Diásporo? ¿Diásporo Sintierra?

Me gusta: Diásporo Sintierra; pero, no lo sé… Estoy cansado… En mi cabeza dan vueltas aún la puesta de los telones de fondo aforando el escenario para la presentación del libro de CON/TEXTO tipea y de Panfletarias; estoy emocionado: acaba de comenzar el 16º FITI-Encuentro Internacional de Pulgas Circenses y ya mañana me llevaré la técnica de mi primera obra: Panfletarias, de Fulanas y Menganas. Las veo preocupadas, intentaré que no se den cuenta de mis nervios; de lo contrario no les seré de mucha ayuda… Estoy cansado y excitado… Me voy a (intentar) dormir.

* * *

Día 2. Panfletarias y la modernidad capitalista.

Julia Giletta, en “Panfletarias” de Fulanas y Menganas. Foto: Jenni Moreno / Sprocket.

Llegamos al final del segundo día del FITI. Me siento como niño con juguete nuevo. La función de Panfletarias salió muy bien y me pone harto feliz haber aportado mi granito de arena para que así fuera. Eli y Julia son adorables, entrañables; grandes compañeras, grandes camaradas. ¡Qué manera la suya de adueñarse del espacio escénico! ¡Qué deliciosa irreverencia para no dejar títere con cabeza con su puesta en escena!

No nos salvamos nadie; ni las transnacionales, por supuesto; ni el Estado y sus aparatos de represión, desde luego; ni las izquierdas cuando para desmontar el poder del Estado caemos en simplificaciones: Panfletarias bien podría ser un montaje a estudiar en una cátedra de varias sesiones. Y, ¡qué valioso definir su práctica teatral como una praxis, en el sentido marxista de la palabra, escénica!; es decir: una militancia que, en tanto es política es estética, acción de la teoría y teoría de la acción revolucionarias.

No puedo evitar pensar en Bolívar Echeverría (2008) y en sus cuatro ethe de naturalización de la modernidad capitalista: el ethos realista, el ethos romántico, el ethos clásico y el ethos barroco; punto exacto donde me quedé en mi anterior entrega a Miradas Múltiples. El ser humano, decíamos junto con él hace meses, se ha convertido, en el seno de la modernidad capitalista, en «una versión metamorfaseada de sí mismo, en la que él mismo ha pasado a existir, pero solo en tanto que valor económico que se autovaloriza»; de esta suerte, se enajena y, por ende, se esclaviza.

Así, «la promesa de emancipación del individuo singular –abunda– se ha efectuado (usando) la libertad como instrumento de una constricción totalitaria del horizonte de la vida para todos y cada uno de los seres humanos.» (Echeverría, 2008: 17-18). Esto es, entre otras cosas, lo que Fulanas y Menganas desnuda en Panfletarias: que en «la modernidad capitalista», para seguir con Echeverría, la promesa de la emancipación se cumple haciendo de la libertad un instrumento de constricción. Es como sentirnos libres si, y sólo si, nos mantenemos esclavos.

Julia Giletta, en “Panfletarias” de Fulanas y Menganas. Foto: Archivo El Teatrito / Facebook.

Y, bueno, Panfletarias pone el dedo en la llaga del consumismo; donde, de algún modo, ya se ha ido aceptando por tirios y troyanos que se superpone un mecanismo de esclavitud en nombre de la libertad del mercado; pero, pienso en nuestras propias producciones estéticas, o séase, de las producciones en el campo de la belleza, la creatividad, la intuición, la imaginación y las ideas, bajo los tiempos y los modos que dictan los calendarios y programas de nuestras financiadoras, ora públicas, ora privadas, todas capitalistas, y en eso de creernos, acaso sentirnos, todavía, artistas independientes.

¿Qué tan independiente se puede ser cuando la financiadora que nos apoya marca los tiempos en que tenemos que producir y los criterios para hacerlo, haciéndonos creer que aunque se meta periféricamente con nuestra poiesis nos da libertad de creación? Creo que allí radica la diferencia nodal entre los grupos y colectivos que se están presentando en este y otros FITI, cuyos procesos de producción han buscado y logrado, no sin contradicciones y sin contratiempos, es verdad, la autogestión, y otras compañías que se autonombran independientes pero que, en realidad, se han acomodado tan bien al canon institucional de financiamiento que solo producen si y sólo si cuentan con apoyos de sus financiadoras y lo hacen en los tiempos y criterios que éstas dictan.

Julia Giletta y Elina Martinelli, en “Panfletarias” de Fulanas y Menganas. Foto: Archivo El Teatrito / Facebook.

Estoy cansado; sin embargo, no quiero irme a dormir sin haber leído “En busca del guardián de las begonias”, de Carmencita Guillén Ortúzar; texto segundo del Con/texto en Obra (2018)… Este festival me va a causar estragos… Pienso en mi viaje, en esto de la cartografía resistente, divergente, hacia este Gran Circo de Morada Tendencia y el Encuentro Internacional de Pulgas Circenses y llego a la conclusión, quizás verdad de Perogrullo, que mi viaje viene de muy atrás a este tiempo de ahora: el momento en que conocí virtualmente a Asdrúbal Huracán y, por su pluma, supe de la existencia del Gran Circo. ¿2002? ¿2003? ¿2004? No lo recuerdo bien…

Pienso en el viaje tragicómico de Duyé y Frifor en busca del Guardián de las Begonias, y que yo no soy el hijo del medio, y que mi acostumbrada desesperanza y el derrotismo que no pocas veces me acompaña bien podrían alimentar al Trovoltononón que llevo dentro…  Pienso, también, de nuevo, en la definición de Eli y Julia como militantes, y no puedo dejar de pensar en mis propias militancias que me han traído hasta aquí; en específico, la RED@ctuar… pero, ya es tarde… hay que (intentar) dormir… mañana, quizás, escriba de ello.

* * *

Día 3… o 4. 5 minutos, un canto polifónico al amor.

Son casi las 4 de la mañana del que sería el cuarto día, no el tercero. La charla con Asdrúbal y Omar se ha alargado un poco. Todos estamos un tanto cuanto emocionados y el cansancio aún no hace mella en nosotros, lo que está muy bien porque aún queda mucho camino por recorrer. Hace unas horas terminamos de prepararlo todo para la presentación de Bienvenida Casandra, con Nadia Grandón, del grupo Teatro del Bardo. Yo, voy en una espiral ascendente de emociones gozosas: Teatro del Bardo es un grupo al que conocí a través de Valeria Folini, su actual directora, y Gustavo Bendersky, quien hace 17 o 18 años dirigía a Valeria en algo que se llamaba Antígona, La Necia.

Valeria y Gustavo habían llegado al CUT cuando mi generación cursaba el primer año de la carrera de actuación y ellos, ella y él, aparecieron para ofrecer una especie de paquete-experiencia escénica que incluía dos funciones de teatro, cada una de una puesta en escena distinta: Antígona, La Necia y Amarillo, y un seminario que llamaban de “Resistencia trágica”. Mañana… u hoy, al finalizar la jornada, escribiré de lo que significa para mí haber preparado junto con Asdrúbal las luces para Nadia y su Bienvenida Casandra y llevarme mañana… hoy, pues, su técnica.

Quisiera hablar, mejor, de lo que ha movido en mí 5 minutos, la puesta en escena del grupo Inclassificáveis (Florianópolis, Brasil); tercera producción del FITI, segunda escrita y dirigida por mujeres. 5 minutos es uno de esos montajes en que todo recae en la palabra y en el cuerpo del actor; ni siquiera la iluminación está fuera de su alcance, y, no obstante, no completa su discurso escénico si no cuenta con las imágenes que saldrán del proyector, ora con la voz y el rostro de Víctor Jara, ora con la de hombres y mujeres manifestándose en las calles de Brasil y, tal vez, Chile, ora con la burla sutil a ese mundo feliz que prometen la Coca-Cola y el capitalismo, y, que él, como en el ethos barroco de Echeverría, no controla. Es, como Escorial o Panfletarias, un montaje de teatro militante, de esa doble militancia que desde hace años he buscado hacer que dialoguen en mi propio quehacer.

Leandro Batz, en “5 minutos” de Inclassificáveis. Foto: Sabina Shutter / Spocket.

5 minutos es una polifonía cuasi barroca donde las voces de los muchos Manueles del mundo se multiplican, se encuentran y se ramifican al mismo tiempo. En principio, se trata de dos Manueles, el Manuel de la canción emblemática de Víctor Jara, Te recuerdo Amanda, y Manoel Fiel Filho, operario metalúrgico, militante del Partido Comunista Brasileiro (PCB), arrestado por la dictadura en Brasil en 1976 y asesinado mientras era torturado.

Pero, las voces se multiplican: habla Víctor Jara y, por su voz y su recuerdo, la voz de su digna respuesta a la represión con que se inauguraba el golpe militar de 1973 en Chile; hablan, también, esas dos dictaduras, la chilena del 73 y la brasileira del 76, y el terror que representaron, y, por la voz de Leandro Batz encarnando a ambos Manueles, hablan dos mundos, cada cual su grupo étnico: el Brasil blanco en la historia de sus personajes y el Brasil negro de su propia historia: «Hay gente que ve la obra –nos dice Leandro–  y, al final, preguntan: ¿por qué hablar de nuevo de la dictadura, si eso ya pasó?

Pero, no ha pasado; la dictadura es hambre, es discriminación, es normalizar la presencia de la policía y el ejército en las calles: yo, por mi color, desde niño he sabido que si la policía quiere detenerme, porque por ser negro soy sospechoso, puede hacerlo… y, ¡el policía o el soldado que me detiene también es negro!»

Leandro Batz, en “5 minutos” de Inclassificavéis. Foto: Jorge Verde / Spocket.

Habla, con voz central, el amor. En su dramaturgia, Marilia Carbonari nos regala un poema al amor, un amor también polifónico: el amor del Manuel de Jara a Amanda; el amor de Jara al pueblo al que pertenecen su Manuel y su Amanda, ese pueblo al que le escribía en el estadio nacional que ahora lleva su nombre, mientras otros escribían a sus madres, esposas e hijos, y en el que fue asesinado por los militares golpistas; el amor mismo de Marilia a Jara, el militante artístico y político; el amor de Marilia y Leandro, al teatro, a la política y al amor, valga la doble redundancia.

Sí, 5 minutos es un poema, al amor y a la escena; también, a la doble militancia: estética y política, que ha marcado a este FITI; un canto, como el de Víctor Jara, a la esperanza: en su Te recuerdo Amanda, cinco minutos era el breve lapso de tiempo en que Amanda y Manuel podían verse y hacer la vida eterna para regresar, ella, la sonrisa ancha, la lluvia en el pelo, caminando, iluminándolo todo, tras esos cinco minutos que la han hecho florecer.

Y, por supuesto, 5 minutos es también, como el canto y el teatro de Jara, un poema de denuncia: el arresto injustificado o la tortura hasta la muerte se toman de la mano de un Manuel a quien la explotación de su fuerza de trabajo lo ha embrutecido al grado de amenazar con golpear a la mujer que es madre de sus hijos; y, nosotros, como público, escondidos entre las sombras de su lámpara de gas butano, en medio de la intimidad más incómoda y, al mismo tiempo, acogedora, somos testigos de su descomposición.

Uno sale de 5 minutos con el corazón estrujado, el cuerpo aterido, la memoria sacudida, los ojos inundados, la garganta seca; con ganas de abrazarse a la persona que se tenga más a la mano, de tomar al Manuel de Jara, que es el Manoel Fiel Filho, que es el Manuel-Leandro, que es el Manuel-43 de Ayotzinapa, y no soltarlo(s), pero no perderlo(s), para no perderse una misma, uno mismo…

Este FITI, escribía ayer, me va a causar estragos: es el tipo de teatro del que uno no sale igual que como entró; un teatro militante, un teatro amoroso, un teatro de la esperanza, un teatro que se sostiene a sí mismo, un teatro que se hace a lomo de actor, un teatro del cuerpo y la palabra sin el imperio de uno sobre la otra y viceversa, un teatro que es ritual y es encuentro, un teatro para mirar y mirarse en él… el teatro por el que bien vale la pena dedicarse a hacer teatro, para que el teatro, como el amor, nos haga.

Leandro Batz, en “5 minutos” de Inclassificáveis. Foto: Jorge Verde / Spocket.

 

Espera próximamente más del 16º FITI – Encuentro Internacional «Huellas» 2018


Referencias:

• Echeverría, Bolívar (2008). “La modernidad: versiones y dimensiones”, en Contrahistorias, 11.

• Quezadas Llanes, Amanda y Andrade Jardí, Ricardo (2018). “La fuga de Asdrúbal Huracán y Estrellita Pocaluz. Acercamiento testimonial a la Trama íntima del Gran Circo”, en Con/texto en Obra. Hacia una cartografía de dramaturgias resistentes. Argentina: funda/mental ediciones.

tipea, CON/TEXTO (2018). Con/texto en Obra. Hacia una cartografía de dramaturgias resistentes. Argentina: funda/mental ediciones.

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

 

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México

Mi nombre es Sebastián; es el nombre de mi padre, un jubilado telefonista, y el de mi bisabuelo, un panadero. Mi apellido legal se lo puso así mismo mi tatarabuelo después de desertar del ejército francés y quedarse en las tierras que vino a invadir; de modo que yo adopté para mí otro apellido, el que a su vez adoptara quién sabe de dónde un hombre que escribió, dirigió, actuó y produjo teatro en el norte del país en que nací: Liera. Nací en una de las ciudades más grandes, pobladas y contaminadas del mundo, pero digo que soy de otras tierras porque "mi siento" es que mi piel sabe a desierto y "mi pienso" es que mi corazón late al ritmo desafinado de la música cardenche. En mis venas, junto a la sangre de mi tatarabuelo francés, corre la sangre de por lo menos un bisabuelo español, pero también la de dos bisabuelas huachichilas y otra bisabuela cuya herencia antillana de negritud la porto con orgullo en la chatura de una nariz y un par de piernas que tiemblan cuando suena algún tambor. No sé quién soy, pero si mis oficios me lo dijeran, diría que por encima de todo he sido un hombre de teatro. Comencé a serlo poquito a poco desde 1990. Un año después, en 1991, la soberbia y la vanidad me llevaron a "dar clases" y comencé entonces a ser aprendiz de maestro. Un año más tarde, en 1992, las ganas de contar cosas que no podía desde las tablas me llevaron a mi primera redacción y desde aquel día colaboro para medios de comunicación. Al año siguiente, en 1993, comencé a caminar otra forma de hacer política. Y, a los dos años, en otras tierras y otros cielos, me di a eso de ser promotor sociocultural para intentar juntarlo todo en un solo oficio. Soy, pues, un hombre del siglo pasado; uno que se rehusa a seguir siendo el hombre que aprendió a ser y está allí: necio como es (qué razón tienes Juana), intentado desaprender a serlo. Una razón doble me motiva a ello: soy papá de otro hombre y no quiero que ese hombre sea un hombre como el que yo he sido, sino por el contrario, que sea un hombre libre y deje ser libres a quienes quieran compartir su libertad con él. Hace años, los suficientes para casi urdir dos décadas, un neologismo mösiehuali llegaría a mi vida para resignificar mi quehacer sobre las tablas: tlatulteketke. Tlatul, en mösiehuali, quiere decir: palabra; Teketke: trabajador o trabajadora. Sí, soy un trabajador de la palabra. Sin embargo, no cualquier palabra: la palabra que se encarna, que se hace cuerpo, para ser dicha sobre un escenario... sea cual sea el escenario. Es este trabajar con la palabra hecha cuerpo para la escena lo que me ha llevado por el triple camino de la estética teatral, la pedagogía popular (aunque no exento otros espacios de compartición de saberes y experiencias) y el del periodismo que se dice ciudadano porque habla (o quiere hablar) de una democracia participativa con diversas trincheras. En Miradas Múltiples, estos tres caminos tienen un punto de convergencia. Creo en las artes escénicas, en la pedagogía y en el periodismo como una red de redes de fenómenos de transformación de nuestras sociedades; pero, sólo si quienes la caminamos y tejemos nos comprometemos a ello sin soberbias ni vanidades. Estoy convencido de que Miradas Múltiples será el nodo para serlo y hacerlo. Escribir para el microblog "Artivismo" significará, pues, el reto de entretejer, como su nombre sugiere, una multiplicidad de miradas que, cada quien su modo, consideren que el quehacer estético y el quehacer político no pueden ir el uno sin el otro; que crean en una praxis, en el sentido más marxista de la palabra, de las artes vivas.
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