De la pasividad a la acción vecinal: Historia de dos callejones

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Texto autoría de © Roxana Allison 2018. Fotografías: Roxana Allison / Ciara Leeming 29 mayo, 2018

Escribo esto con la intención de inspirar y motivar a otras personas a dar el primer paso, ese que nos cuesta tanto y para el que tenemos tantos pretextos y razones para no atrevernos a dar. Mi experiencia se da en Inglaterra, en el llamado primer mundo, donde se reconozca o no, existen problemáticas compartidas con todos los países a lo largo y ancho del planeta.


 

Hace aproximadamente cinco años nos mudamos a un barrio a unos diez minutos del área en donde habíamos vivido desde que llegamos a Mánchester, Reino Unido. Nunca pensamos vivir en esa zona, es más, casi nos prometimos nunca vivir ahí pues sospechábamos que sufría de diversos problemas.

Las casas en general se veían menos cuidadas, con muebles desvencijados en el frente, basura por doquier; percibíamos que los automovilistas manejaban extremadamente rápido para sus calles tan angostas, había coches mal estacionados invadiendo las rampas de las banquetas y el hecho de que carecía de una estación de tren aumentaría el costo de nuestro tránsito por la ciudad, todo eso y más nos disuadía de vivir ahí.

Imagen: Coche estacionado sobre la rampa de discapacitados, Longsight, 2018. Fotografía: Roxana Allison

¡Cómo es la vida que más pronto cae un hablador que un cojo!

Nos instalamos en Longsight, un área predominantemente asiática-musulmana al sureste de la ciudad de Mánchester, por mera coincidencia. Finalmente, se nos había presentado la oportunidad de habitar un departamento perteneciente a la cooperativa de vivienda de la que éramos miembros desde hacia varios años, y no era algo que podíamos desaprovechar, así que lo pensamos un poco y celebramos la oferta.

La bienvenida fue un pequeño reflejo de la problemática de la zona. La noche que nos mudamos alguien se robó las macetas que habíamos dejado en nuestro jardín pero antes de siquiera poder hacer conjeturas, descubrimos que había sido el vecino contiguo, pues había pensado que no las queríamos, se disculpó y afortunadamente fue un buen motivo para romper el hielo.

Poco tiempo pasó para que nos diéramos cuenta de que nuestra esquina era ruidosa, las actividades ilícitas se veían con cierta frecuencia, los automóviles pasaban incesantemente y usaban nuestra calle como atajo. Los inmensos tráileres que abastecen a las muchas tiendas de abarrotes (corner shops) de la zona, comúnmente se quedaban atorados en la esquina de nuestra casa por la estrechez de la calle, provocando el enojo de otros conductores que inevitablemente tocaban el claxon hasta el hartazgo mientras se gritaban improperios a diestra y siniestra hasta que lograban pasar, por otro lado, las pocas áreas verdes invadidas de restos de comida y descuidadas no pasaban por alto. En fin, había y sigue habiendo, un surtido rico de inconvenientes sin embargo, el problema más grande al que no estábamos dispuestos a acostumbrarnos era otro.

Imagen: Callejón 1, Longsight, 2016. Fotografía: Roxana Allison

Han de saber que las casas de Mánchester, la ciudad cuna de la Revolución Industrial, son muy parecidas y la mayoría están construidas con ladrillo rojo dispuestas en hileras a lo largo y ancho de sus calles; generalmente cuentan con callejones entre hilera e hilera, aquí les llaman ‘alleyways’. Muchos de estos callejones se vuelven tierra de nadie donde la gente tira cuanta cosa le estorba ya sea en su casa o en su persona; uno puede encontrar desde ropa, zapatos y paraguas desechos por el viento hasta camas, colchones y sillones malolientes, además, por si fuera poco, no es raro encontrar evidencias del consumo de drogas como jeringas usadas y grandes números de casquillos metálicos que alojan óxido de nitrógeno llamado también laughing gas (gas de la risa). Pues así, detrás de nuestro pequeño hogar, se encuentra un callejón que justo servía para tales propósitos.

La situación parecía no tener remedio pues dichos callejones tienen una larga historia de servir para todo eso. El pensar en cambiarlo asumíamos sería una tarea titánica e imposible.

Varios años de quejas formales, llamadas por teléfono a las autoridades, pesadillas, noches en vela en que pensábamos que habíamos por fin logrado dar con los sospechosos, quejas y más quejas entre vecinos y conversaciones centradas en el tema con nuestros amigos a los cuales teníamos hartos, solo nos llevaban a más frustración por lo que un buen día nos cansamos de la pasividad y pasamos a la acción…

Imagen: Callejón 1, Longsight, 2016. Fotografía: Roxana Allison

En enero de 2017 una vecina de la cuadra (Catherine) y yo nos juntamos con ánimo de ver qué podíamos hacer para resolver el problema que nos agobiaba tanto. Nos dimos cuenta de que dependía de nosotras dos dar el primer paso y convencer a los demás de que si queríamos que cambiaran las cosas, tendría que ser a través de la suma de esfuerzos entre vecinos, algo que no sería nada fácil sin embargo preguntando y asistiendo a varios eventos que nos inspiraron a dar ese gran salto, conocimos a Anne, una mujer incansable, generosa y luchadora, que logró cambiar su barrio para bien.

Anne, con su determinación y esa energía que la caracteriza, nos dio el empujón que necesitábamos. Cuando menos lo pensamos, ya teníamos el apoyo de las autoridades, la escuela local y la cooperativa de vivienda; habíamos planeado un taller de reciclaje para niños y tocábamos puertas invitando a los vecinos a sumarse a la primera limpia de la manzana. Aún estábamos escépticas, pero emocionadas.

El mero día llegaron alrededor de cuarenta personas. Resultó que lo habíamos agendado un día de las madres, temimos que nadie viniera pero ¡oh sorpresa, fue todo un éxito!

La escuela abrió sus puertas ese domingo, la directora repartía chalecos de alta visibilidad mientras que, equipados con pinzas recogedoras de basura (litter pickers), los maestros se alistaban y llamaban a los niños para comenzar, sacrificando parte de su día de descanso. Los vecinos se integraban después de asistir a la iglesia o la mezquita y la energía de todos nos estimulaba a dejar nuestras calles libres de basura. Al cabo de dos horas dejamos los callejones y calles más cercanas impecables, listas para la siguiente fase.

Imagen: Basura apilada después de la limpia, Longsight, marzo 2017. Fotografía: Roxana Allison

Ya con más seguridad de que podríamos lograr cambios más duraderos, nos animamos a solicitar una pequeña beca para comprar equipo y hacer una segunda limpia.

Una vecina del otro lado de la colonia quien llevaba un proyecto similar, nos donó fondos para comprar plantas, maceteros y platillos para convivir al final de la jornada. Cabe mencionar que la segunda emisión la hicimos durante las semanas de Ramadán, periodo en el que los musulmanes ayunan todo el día hasta que se mete el sol, de modo que se fatigan mucho más rápido con el trabajo físico; aunque no podrían probar la comida en ese momento, las mujeres estaban agradecidas que se pudieran llevar un itacate a casa para darle de comer a los más pequeños, pues cocinar durante el ayuno es tortuoso.

Los dos problemáticos callejones empezaron a verse totalmente distintos. Las plantas les cambiaron la cara y por fin daban ganas de caminar o jugar en ellos, empero lo más significativo de la mejora fue el comienzo de un cambio de mentalidad, la toma de responsabilidad y el empoderamiento vecinal.

Imagen: Primera limpia, Longsight, marzo 2017. Fotografía: Ciara Leeming

Imagen: Pintando maceteros reciclados durante la primera limpia, Longsight, 2017. Fotografía: Ciara Leeming

En noviembre de 2017 nos cayó de sorpresa que Catherine y yo fuéramos nominadas al premio ‘Be Proud’ en la categoría de “Clean Neighbourhood” (barrio limpio) creado por el gobierno de Mánchester. ‘Be Proud’ es una celebración que le da reconocimiento a individuos y organizaciones locales por su trabajo. No ganamos el trofeo pero ni hacía falta ganarlo para valorar lo que habíamos logrado. Durante la ceremonia de premiación conocimos a muchas personas que como nosotras, han tomado las riendas y confiado en el trabajo colectivo para transformar sus colonias . Al final simplemente confirmamos que vamos por buen camino.

Imagen: Arriba: Callejón 1. Abajo: Callejón 2. Ambos callejones al final de la primera limpia, Longsight, 2017. Fotografías: Roxana Allison

Hoy, a un año de la primera limpia nos atrevemos a decir que nuestros callejones han mejorado un 90%. Aunque ha habido uno que otro incidente en el que alguna planta o maceta han sido robadas, las casas y comercios más cercanos los han respetado y protegido.

El segundo domingo de mayo organizamos la primera limpia del 2018, vinieron menos de diez personas incluidos niños. Aún y con todos nuestros esfuerzos por invitar a la gente, hay poca participación vecinal, a pesar de ello, apreciamos que aquel día se integraran caras nuevas. Fue conmovedor que Jim, el señor irlandés de noventaytantos años que tiene un pequeño huerto al final de la calle, acudiera con toda la energía del mundo listo para echarnos una mano. Nos dio varias lecciones pues además de su experiencia para deshierbar de la manera más eficiente, fue el único con ganas de seguir trabajando aun después de que se había terminado el tiempo y todos quedáramos agotados.

Imagen: Deshierbando y barriendo, Longsight, 2018. Fotografía: Roxana Allison

La mayor parte de los residentes locales se ha dado cuenta de que la labor ha sido fructífera, sin embargo, estamos conscientes de que aun falta mucho por hacer.

Al término del 2017, nos animamos a solicitar una financiamiento más jugoso que afortunadamente nos fue otorgado. Con el dinero hemos continuado con la plantación de flores y plantas, instalamos tableros para anunciar nuestros siguientes eventos y publicar noticias, e impartimos un taller de esténcil para los niños de la primaria St Agnes, que nos ha apoyado desde el primer día, los cuales contribuyeron al mural pintado por el artista mexicano de nombre Loya quien también vive en la zona y es parte del grupo.

Imagen: Loya pintando el mural en el callejón 1, Longsight, 2018. Fotografía: Roxana Allison

Imágenes: Taller de stencil en St Agnes Primary School y estudiantes de 5to. grado aplicándolos en el mural, Longsight, mayo 2018. Fotografías: Roxana Allison

Hasta ahora, el mural ha sido bienvenido, quienes transitan el área no dan crédito de lo diferente que se ven los callejones en cuestión, algunos se atreven a preguntar si puede ser pintado uno en donde viven o trabajan.

No hay día que pase en que alguien no se pare a mirar y hacer algún comentario positivo. La gente sonríe al ver su colorido, al ver las plantas. Les da esperanza y alegría. A nosotros también.

Creíamos que la labor seria imposible, que no teníamos suficiente presencia, que solo éramos dos personas contra muchas más, que requería de mucho tiempo y no lo teníamos, que era obligación de las autoridades y que para eso pagamos impuestos, que no era nuestra responsabilidad, que no teníamos los recursos, que no lograríamos nada, que sería una pérdida de tiempo y esfuerzo, que nadie nos apoyaría, que esto que lo otro…

Poco a poco vamos abriendo paso, forjando comunidad, haciendo camino al andar.

Imagen: Mural pintado por el artista mexicano Loya, Longsight, 2018. Fotografía: Roxana Allison

Imagen: Mural con stenciles de flores creados por los estudiantes de St Agnes Primary School, Longsight, 2018. Fotografía: Roxana Allison

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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Mi nombre es Roxana Allison. Aunque nací en Inglaterra, soy mexicana y, entre otras cosas, me dedico a la fotografía documental. Mi práctica fotográfica se centra en temáticas de identidad cultural, memoria, sentido de pertenencia y migración. He hecho radio comunitaria y también he trabajado en colectivo por diversas causas. Los proyectos en los que me involucro nacen de un interés personal por tratar de cambiar algo o exponer una problemática que me preocupa y que necesita ser conocida en distintos lugares con la intención de que otros puedan reflejarse. Miradas Múltiples me da la oportunidad de aprender y colaborar con un equipo de personas comunes en un ambiente positivo, amigable y solidario
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