La frontera de la verdad en el falso documental (VII)

Por   ・ México
Imagen: The Flat Earth Flip Book 14 junio, 2018

Séptima entrega: Entre dos bordes: el falso documental y el documental científico.

Encuentra aquí las entregas anteriores.

 

Un modo de entender la investigación científica es con los rompecabezas: muchas piezas sueltas que parecen no tener relación, pero que conforme se van poniendo unas junto a otras, empiezan a revelar una imagen más grande. La dificultas es que no siempre se tiene la imagen de referencia de la caja. Esta falta de la imagen de referencia puede subsanarse con dos vías: aludiendo a una imagen ya formada, que debe deformarse ligeramente para acoplarse a lo que recojan nuestros sentidos, o la de buscar nuevas herramientas, además de los sentidos, para construir conocimiento.

La lucha entre estos dos modos se manifiesta en falsos documentales científicos, como In Search of the Edge, “En busca del borde”, que supone una burla a la hipótesis de que la Tierra es plana a partir de su presentación como documental científico. Aquí se presentan uno de los mejores modos de mostrar la arbitrariedad con la que se confía en una supuesta “forma documental”, mostrando las grietas de su construcción como un pretexto para pensar nuevamente en la construcción de lo que consideremos como verdad científica.

De la representación como solución…

El documental inicia narrando la historia de Andrea Barnes, una supuesta exploradora que quería llegar lo más lejos posible al Polo Sur, y desapareció. En los créditos finales nos enteraremos que esta historia ha sido totalmente inventada para el documental.

Varios personajes son entrevistados por el presentador del filme, todos argumentando que la Tierra es plana. Para sus explicaciones se usan animaciones y cualquier retórica científica que puedan tener a la mano. Sus cintas identificadoras resultan tan genéricas y poco claras como absurdas: “profesor universitario”, “científico”, “profesor retirado”.

Fotogramas del documental “In Search of the Edge”.

La cinta presenta los argumentos que han dado origen a la teoría heliocéntrica (la Tierra gira alrededor del Sol) que desbancó a la geocéntrica (el Sol gira alrededor de la Tierra). Se presenta el famoso experimento de Eratóstenes, donde el científico griego calculó la distancia al Sol, eje de inclinación y circunferencia del planeta con gran precisión cerca del Siglo II a.C.

Para desechar sus resultados, los entrevistados mencionan las grandes carencias de avances tecnológicos que partían de supuestos erróneos (la distancia entre las ciudades no era exacta, por ejemplo). Pero no se menciona que estos números se mantuvieron muy similares en los siguientes cálculos de la circunferencia en los siglos posteriores, con sus respectivos avances científicos.

Se propone el modelo de Ptolomeo (geocéntrico), y la gran defensa que se hace del porqué es superior a los previos y posteriores es porque nadie lo cuestionó seriamente durante 1’200 años. Es decir, lejos de exponer lo sólido de sus argumentos, la defensa es que nadie lo haya criticado. Esto, por supuesto, ignorando que fue defendido por instituciones medievales durante ese tiempo.

Al llegar a hablar de Copérnico y su propuesta del modelo heliocéntrico en el siglo XVI, el narrador/presentador lo desecha al decir que el propio autor dijo que era “sólo una hipótesis”. Además de ignorar la persecución que Copérnico sufrió en vida, se demuestra un total desconocimiento del método científico: efectivamente, el modelo era sólo una hipótesis, del mismo modo que el modelo geocéntrico era sólo una hipótesis también.

Para defender nuevamente a Ptolomeo, el documental muestra el POV de un aviador de combate surcando el cielo, y nos recuerda que el argumento se mantuvo intacto tanto tiempo porque es “lógico” cuando vemos al horizonte: no vemos una curvatura, sino una línea recta. Es decir, resultan para el documental “lógicas” las conclusiones que se tomen de las percepciones sensoriales.

Se mencionan posteriormente los experimentos del canal de Belford, ejecutados por Samuel Rowbotham y John Hampden, donde un velero avanzó en línea recta sobre el canal algunos kilómetros, y permanecía visible ante un observador inmóvil. Lo que convenientemente no se menciona son los experimentos hechos por Alfred Russell Wallace en el mismo canal unos años después, donde explica que la refracción atmosférica produce la ilusión de que el objeto es visible en una línea recta.

Hacia el final del documental, para poder explicar cómo se hacen el día y la noche en un planeta plano, se presentan dos propuestas: 1) el planeta se eleva sobre el Sol (haciéndose de noche) y luego desciende bajo él (haciéndose de día), aunque esto no explica por qué en algunas partes del mundo es de día mientras que en otras es de noche; y 2) la más creativa propuesta con la que cierra la película: cuando nos movemos en la Tierra lo hacemos en un tiempo y espacio, pero cuando salimos del planeta estamos en el no-espacio, y por lo tanto, en el no-tiempo, así que cuando el Sol se mueve encima de la Tierra de un lado a otro está en el espacio del planeta, pero cuando sale de nuestra vista significa que está en el no-espacio, y por lo tanto en el no-tiempo, y en conclusión, puede aparecer en otro espacio al instante.

Todo esto, además, se dice ser causado por los “muy conocidos” fenómenos de complementariedad y reflectividad: como dice el “científico”, esto es muy “obvio”.

Era importante dar el espacio para toda esta charlatanería porque muestra cómo el documental pervierte la retórica científica al declarar que hay cosas muy ‘obvias’, y que lo captado por los sentidos es prueba suficiente de una realidad más allá de ellos.

Podría decirse que In Search ofrece no sólo una burla a la hipótesis de que la Tierra es plana, sino a la construcción del discurso del documental científico. Estoy de acuerdo parcialmente en ello: sí, es verdad que la torpeza con la que se extraen conclusiones de animaciones, la confianza ciega que se deposita en alguien que “luce” como un científico y que tiene un identificador que así nos invita a considerarlo, es el mismo discurso en el que se sostiene un documental científico de renombre.

Ya se había expuesto un ejemplo similar desde otro campo: el discurso del documental de teoría conspiratoria de extrema derecha usa los mismos recursos que el de extrema izquierda, haciendo que nuestra decisión de confiar en uno y desconfiar en otro sea un proceso casi aleatorio.

… a la representación como problema

Pero para entender que esta crítica encuentra sus propios límites, podríamos comparar la cinta con una escena más o menos similar de un documental científico: la serie Cosmos, presentada por Carl Sagan. En el capítulo 10 (curiosamente para esta argumentación, titulado The Edge of Forever, “El borde de la Eternidad”), Sagan resume el argumento de la novela de ciencia ficción Flatland: A Romance of Many Dimensions, escrita en 1884 por Edwin Abbott Abbott. En ella, un cuadrado que vive en un mundo de dos dimensiones conoce, gracias a una esfera, la tercera dimensión. El cuadrado sólo reconoce esto gracias a que se le da la capacidad para ver en tercera dimensión –antes sólo veía capas transversales de la esfera–.

Sagan luego explica que las dificultades que tuvo el cuadrado para ver la esfera también las tenemos nosotros para ver objetos en la cuarta dimensión. Cuando hacemos una figura bidimensional en un soporte bidimensional (un cuadrado dibujado en una hoja de papel) podemos obtener una figura correctamente hecha. Pero si hacemos una figura tridimensional en un soporte bidimensional, necesariamente se pierden propiedades: el dibujo de un cubo en una hoja de papel es bien conocido, pero no corresponde con un cubo realmente –una figura de la tercera dimensión–, cuyos ángulos son todos de 90º. Parafraseando a Sagan, el cubo no es correctamente representado en un dibujo, pero ése es el costo de la proyección en otro soporte.

Así, podemos hacer un modelo tridimensional de un teseracto –un cubo de la cuarta dimensión–, pero ese modelo no corresponde con cómo sería un teseracto en su dimensión, ya que no tendría todos sus ángulos rectos. La propia dificultad de imaginar cómo luciría es suficiente para mostrar nuestra imposibilidad de entender algo fuera de los sentidos y de la tridimensionalidad en la que habitamos.

Más interesante aún es que Sagan utiliza animaciones para explicar cómo podemos deducir que una superficie es esférica –como la Tierra– sin necesidad de alejarnos de ella. El habitante de un mundo de dos dimensiones podría asumir que existe una tercera dimensión al avanzar en línea recta y llegar al lugar de partida. Lo que hace Sagan es partir de premisas similares (lo captado por los sentidos) pero aplicando una lógica científica que en In Search no se tiene.

Fotogramas del documental “The Edge of Forever”

Mientras que en Cosmos se construye conocimiento al crear un sistema de verdad que sea puesto a prueba continuamente en distintas condiciones, y sobre todo e igual de importante, asumiendo la incapacidad de este sistema para aprehender toda la realidad, en In Search se trata de parchar las fallas en el sistema de verdad con lo que se tenga a la mano. En Cosmos se demuestra que el conocimiento se puede deducir más allá de los sentidos (podemos entender cómo funcionaría un cubo en la cuarta dimensión a pesar de no poder aprehenderlo en su totalidad), mientras que en In Search todo el conocimiento debe establecerse en los sentidos (los sentidos indican que la Tierra es plana, entonces sí lo debe ser).

Hay modos más contundentes para distinguir las conspiraciones de las investigaciones periodísticas / científicas / académicas genuinas a través de la metodología para llegar a la verdad de los hechos: mientras que las segundas (deben) suponer una constante autocrítica, las primeras suponen un dogma que puede explicarlo todo. Para las conspiraciones, y cualquier argumento que en apariencia sea menos escandaloso o extravagante pero que use una lógica igual de torcida, toda evidencia supone siempre evidencia a favor: es prueba de que se tiene la razón, e incluso cuando la evidencia parezca estar en contra, es prueba de cómo los demás tuercen los hechos para quitar la razón.

In Search propone que detrás de una argumentación “obvia” se puede llegar a premisas sumamente equivocadas, que además deben de sostenerse con absurdos parches que disfracen su débil construcción (“el Sol desaparece y reaparece instantáneamente en el no-espacio”). Si bien la retórica de documentales científicos funciona por igual (animaciones, entrevistas a desconocidos que dicen ser expertos, presentación de leyes y conceptos científicos complejos), la distinción es la capacidad autocrítica de la ciencia para construir un conocimiento más sólido, cosa que las teorías de conspiración, a pesar de disfrazarse de reflexivas y poco polémicas, siguen sin tener.

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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Maestrante en Comunicación por la UNAM (México). Ha sido profesor en cursos de teoría y análisis de cine, cine de terror, cine documental, pornografía y políticas culturales en universidades y centros especializados. Es miembro del Seminario Permanente de Análisis Cinematográfico. También le encanta la música electrónica y la cerveza oscura. Pueden seguir otros textos suyos en: https://unam.academia.edu/AguilarS
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