Recados (II)

Por   ・ Inglaterra
Fotografía: Edgar M. Caamaño 20 septiembre, 2018

Yo soy talentosa,
sensible, esquizofrénica,
una escuchadora de voces,
o una persona mentalmente discapacitada,
dependiendo de con quién estoy hablando y cómo percibe el mundo.
Elizabeth Svanholmer, Dinamarca.1

 

Entre que se me cierran los ojos y meso la almohada, he escuchado sonidos detrás de mis oídos. Sé bien que no están en la calle o en el pasillo porque los he sentido cercanos, en la caída detrás de mi cuello. Si los sonidos son más que balbuceos, nunca me he enterado. Transitan entre ritmos musicales y bulla de poco sentido. Me contaron de una persona acá en Manchester que sintonizaba comentarios dirigidos únicamente a él, enviados desde una estación de radio local. ¿Cómo sabía que eran programas locales?

Sus personajes se presentaban hablando en fuertes acentos regionales. Cuando esta persona iba en el tren y pasaba por otras ciudades o condados, sus estaciones de radio, y los acentos de las voces, también cambiaban, perdiendo unas señales mientras iban recogiendo otras.

Así como se pueden escuchar voces particulares de la mente, también se puede hablar con presencias que otrxs no perciben o reconocen. Le hablamos a la tumba, donde abajo viven gusanos y demás animalitos. Hablamos con las cenizas o con el espacio que ha quedado ausente, aquella presencia que conocíamos bien, y que ahora tiene partes vacías, las cuales llenamos cuando le dirigimos palabras o le evocamos en recuerdos. Hubo un viudo que fue a poner flores a la tumba de su difunta. Este hombre, al ver a un santero ofreciendo frutas en la tumba vecina, le preguntó: “Disculpe, ¿de verdad cree usted que su difunto vendrá a comer todo eso?”.

El santero contestó tranquilo y amable: “Sí, cuando su esposa venga a oler sus flores”. Tenemos charlas con nuestro interior, donde debatimos pensamientos o nos convencemos de hacer o no hacer acciones. Amamos nuestro trabajo, nuestro arte o nuestra ciencia, y nos convencemos de que hemos nacido para realizarlo, siguiendo una vocación. Esta palabra, vocación, originalmente significa seguir el llamado de la voz del dios de la tradición Católica, que inspira, convoca u ordena a realizar una acción.2

Pensando en esos diálogos anteriores, ¿qué tan versátil es tu capacidad de conversación? La escucha, y el habla con presencias peculiares, según J.V. Voix dice:

“De una rama selvática de encina colgaba, abandonada, la veste estival de una muchacha.
Le hablé como si ella estuviera.”3

El lenguaje y sus palabras, lo que se dice y lo que se escucha, son ligas vitalicias para el entendimiento de la característica mental de escucha de voces. Como muchas otras palabras, lo esquizo y la frenia son heredadas del idioma griego. Schizo o skhizein refieren a una división, rajadura o separación, y phrenos o phren pueden ser la mente, unas entrañas o el alma.4

Un lenguaje carnicero nos expone a una mente rajada, un cuerpo cortado, dividido de su todo muscular y de sus conexiones eléctricas. Se ha separado algo que debiera estar sincronizado Al cerebro schizo se le plantea una frontera, donde una mitad permanece dentro de la realidad, mientras la otra es exiliada. Es un exilio de la norma donde se sufren alucinaciones y otros padecimientos.

Fotografía: Edgar M. Caamaño

Aún así, recordemos que la esquizofrenia, como otras categorías de enfermedad mental, son primero palabras, antes de proponerse, aceptarse o imponerse como realidades o verdades universales. Dividir, esquizar, también es categorizar. Una mente categorizada es una mente esquizada. De este lado está tu razón, de este lado está tu locura. Tu diestra y tu siniestra. Son los terrenos del cerebro pensado como planeta, con su hemisferio norte, sur, este y oeste. Las coordenadas cerebrales, como las divisiones políticas sobre la tierra, pueden ser afectadas por el poder y el control dentro y fuera de nuestras atmósferas.

He ahí una mente categorizada, catalogada como rota en el peor de los casos. La esquizofrenia empieza como metáfora, para después formarse como diagnóstico. Esta metáfora nos obliga a imaginar que algo se partió en dos. Al cerebro, como fruta madura, la partieron en gajos. Se quebró la unidad, reventando en pedacitos. ¿Quién vio a dónde fueron a dar las partes? Quizás se esquizó en más de dos. Hay tres, nueve, dos millones de partes. Tenemos una sola mente dividida en cien mil millones de partes, que es el número aproximado de neuronas en un cerebro adulto tradicional.5

Fotografía: Edgar M. Caamaño

¿Porqué hay personas que escuchan voces intensamente? ¿Qué les ha pasado en sus vidas? Solemos nacer al paso y a la merced de historias ya comenzadas, que no elegimos. La vida puede ser muy cabrona, injusta y cruel. Con la pertinente distancia y conciencia, los traumas experimentados deben de hablarse y compartirse, preferentemente con grupos y/o comunidades de confianza, que permitan abrir narraciones, ventilando el encierro de una sola explicación o una sola alternativa.

Aquí entra la importancia de la aceptación de la polisemia, la variedad de sentidos, donde diferentes puntos de vista son validados y respetados, no descalificados o limitados como alucinaciones o síntomas. A la par de esto encontramos la lucha por legitimar las verdades de lo vivido. ¿Quiénes tienen la autoridad para acreditar o desacreditar lo contado? Una vez expulsado de la boca, ¿cómo se puede interpretar lo dicho y quiénes lo interpretan?

Peter Bullimore y Kate Crawford,6 escuchadorxs de voces, comparten sus experiencias de vida en pláticas, conferencias, publicaciones y talleres en varios países, para generar conciencia y mejorar las prácticas médicas y psiquiátricas relacionadas con la salud mental y la escucha de voces. Dedicadxs a invalidar juicios nocivos para la salud, no reconocen la esquizofrenia como un diagnóstico o una etiqueta práctica o positiva. Los nombres de algunas enfermedades mentales son designios que se acatan, pero esto no los hace verdades absolutas o realidades incuestionables. ¿Qué opciones se abren al entender la escucha de voces como algo más que una enfermedad o un síntoma? ¿Cómo aceptar estos cambios?

En contraste con lxs expertxs por estudios y profesión, las personas que se identifican como escuchadores y escuchadoras de voces son expertxs por experiencia. Nos recuerdan la diferencia entre el ojo únicamente teórico comparado con la mente y el corazón prácticos y teóricos. En esta negociación hay que considerar con igual importancia las explicaciones ofrecidas por quienes experimentan los hechos de primera mano – o primer oído. No hay personal médico o psiquiátrico que tenga la autoridad absoluta de definir algo que no ha experimentado en carne y mente propia. A partir de una redistribución de poderes se puede vislumbrar un progreso hacia la colaboración, no la obediencia.

Fotografía: Edgar M. Caamaño

Un diagnóstico común es decir que no hay cura o sanación para ciertas enfermedades mentales. Esta idea, que puede volverse un impedimento, es lo que motiva a lxs escuchadorxs de voces a ir más allá del diagnóstico de esquizofrenia, sin fijar o atenerse a un objetivo específico de lo que se entiende por la recuperación o la salud. Hay muchas maneras de sanar, y la psiquiatría y la medicina pueden equivocarse. ¿Porqué curar algo que quizás nunca fue una enfermedad? No hay que limitar la idea de lo que es, o puede ser, una recuperación, dejando abierta la posibilidad de que las personas definan y entiendan sus propios parámetros de recuperación.

Algunas personas escuchan voces. ¿Qué son esas voces? Kate y Peter parten de sus propias experiencias para entender lo que les pasa en la mente. Ambxs sufrieron y sobrevivieron graves abusos sexuales, psicológicos e institucionales desde pequeña edad.7 Reflexionando sobre los grandes impactos que tuvieron estos traumas en sus personas, resolvieron que escuchar voces es una señal o un índice de un problema, no una enfermedad mental. Para comenzar a entender el problema, hay que abrir espacios para la narración de lo ocurrido.

¿Cómo siembra traumas la violencia? ¿Cuál es la relación entre la violencia y la escucha de voces auto-destructivas, negativas y cáusticas? La violencia comienza, en la mayoría de estos casos en la infancia, que es cuando somos más vulnerables. A esto se añaden circunstancias precarias de atención y apoyo, que permiten el desarrollo de los abusos. Ninguna clase social está exenta de estos crímenes. La violencia física, la indiferencia y el desapego emocional no necesitan de riqueza o de pobreza para carcomer con furia a la persona. En cuanto al tema de abuso y abandono, Peter y Kate procuran recordarnos que el abuso emocional o psicológico puede ser peor que el abuso físico o sexual.

Los residuos de las penetraciones forzadas en los pensamientos y las emociones tienen una permanencia distinta a la de cicatrices y moretones. Es un abuso que tiene la capacidad de pasar inadvertido por mayor tiempo. El abuso emocional se puede camuflar más fácilmente que el abuso físico y/o sexual, infectando en pequeñas dosis a veces desapercibidas. El dolor corporal va y viene, tiene un umbral. Pero ¿qué tanto sabemos del umbral del dolor emocional y/o mental? ¿Dónde en el cuerpo nos duelen las emociones y los pensamientos? ¿Sabemos localizar las memorias que lastiman? ¿Dónde se les pone hielo o pomada?

Cuando se priva totalmente a una persona de atención, se abren las posibilidades del abuso. Somos animales sociales, y en distintos niveles, necesitamos ser vistxs, ser reconocidxs como personas que existen, que abrazan, que platican, que pueden reír y pueden llorar. Recuerda bien tus experiencias y compara la complejidad de los dolores. ¿Duele más que te den la espalda o que te golpeen la espalda? ¿Qué tan fuerte tiene que gritar un ser que no existe ante los oídos de su especie?

Fotografía: Edgar M. Caamaño

La sordera y la distancia pueden ser asfixiantes, dentro de la confusión de vivir el aislamiento en compañía de iguales, que ven y respiran, que sabes que sienten igual que tú, pero que se rehusan a aceptar que mereces su atención, sus ojos, su oxígeno. Experimentas como tu presencia se evapora en su indiferencia.

Quienes entienden y practican instintos predatorios hábilmente perciben el olor de quien sufre malnutrición de atención. Construyen con cuidado una red de amenazas en secreto, de violaciones y sufrimiento. Se instituye e implanta cuidadosamente el miedo, con las palabras como una base que puede pasar desapercibida, a diferencia de las marcas en el cuerpo. Como ya mencionamos, la verdadera fuerza está en lo que entra en la mente, no en el cuerpo. Son susurros que se vuelven cadenas. Nadie te va a creer. Si cuentas esto, mato a tu familia. Es por tu propio bien. Es porque yo sí te amo de verdad. Todo esto es tu culpa.

¿Cómo se construye esta arquitectura de la culpa? Se convence a la persona de que lo que le está pasando, los abusos, golpizas y violaciones, son reacciones normales a sus acciones. Estas personas son niñas y niños a quienes se les acusa de provocar la lujuria o la ira de la persona adulta. La culpa es una emoción poderosa, bien lo saben muchas religiones. Se inventa una normalidad de secretos, dependencia, amenazas y violencia. El silencio es impuesto, cerrando la posibilidad de narrar los hechos ocurridos en las periferias de la atención, a la sombra de la impunidad. Hemos caído entonces en la intoxicante celda del poder absoluto ajeno. Es en esta confinación donde puede llegar a surgir la escucha de voces, como una de varias respuestas a los traumas.

En su taller, Kate y Peter nos presentaron el miedo como la emoción humana más poderosa. De momento, esa es una verdad que puedo aceptar. La segunda emoción más fuerte es la agresión. Primero nos asustamos, luego nos violentamos. Pensemos en el miedo desde lo personal y lo privado, también desde lo comunitario y lo público. Aparte de la escucha de voces y las enfermedades mentales, en tu vida diaria, ¿qué rol juega el miedo? ¿Cuáles son sus orígenes? ¿Quiénes lo imponen y controlan? ¿Cuánto te motiva?

Donde hay agresión, ya sea dentro o fuera de nuestra persona, es porque hay miedo. Sin importar tus características y cualidades mentales, recuerda que si se ha establecido fijamente el miedo, se facilita el abuso, en cualquiera de sus formas. ¿Cómo lidiar con nuestros miedos?

Como expertxs y sobrevivientes por experiencia, Peter y Kate encontraron un antídoto menos inmediato que las drogas de prescripción, sin duros efectos secundarios o gastos vitalicios: la narración. No pensemos que esta opción debería de reemplazar absolutamente a todos los demás métodos médicos o psiquiátricos, simplemente es necesario establecerla como una forma de sanación viable y realista, económicamente más accesible y que establece relaciones con una comunidad más extensa de personas con problemas e intereses similares.

Una de las condiciones en las que el miedo prospera es cuando se cierran las posibilidades de narrar nuestras historias, especialmente aquellas que involucran emociones e ideas que se van suprimiendo durante las etapas del abuso. Sin querer queriendo, con o sin permiso o conciencia, nuestros cerebros siempre lidiarán con nuestras experiencias de vida y sus respectivos traumas, nos guste o no. Escuchar voces puede ser, simplemente, una de tantas consecuencias que el cerebro experimenta después de vivir circunstancias difíciles.

En este proceso, el miedo es el patógeno, y la confianza es el antídoto. Para abrir la posibilidad de narrar y sanar, hay que encontrar a quienes sepan escuchar los testimonios, buscando espacios de confianza donde se comparte el entendimiento de las dificultades específicas para cada persona. Las redes de escuchadorxs de voces nos recuerdan el poder de la tradición oral, y su estrecha relación con la salud mental, la aceptación de la diferencia y el combate contra la violencia institucional.

Fotografía: Edgar M. Caamaño

Peter Crawford compara los traumas con las minas terrestres. Todo secreto, mal detectado, explota. Si no aceptamos, o no sabemos que están ahí, las explosiones nos regresan a la edad emocional en la cual sufrimos el trauma. Los procesos de narrar y compartir historias es una forma de evitar el estallido, buscando las minas y aprendiendo a desactivarlas. Con distancia y perspectiva, tenemos que ver los traumas con ojos adultos, entendiendo que los miedos que nos generan son irracionales e infantiles. Las voces, más que alucinaciones, son experiencias o situaciones que despiertan emociones, y por lo tanto pensamientos. Para entender lo que pasa hay que escuchar lo que las voces dicen, que no es lo mismo que obedecerlas.

Si hemos de continuar sobre la ruta de las enfermedades mentales como etiquetas con signos y síntomas, entonces hay que extender nuestro entendimiento sobre aquello que nos enferma. Invitando a muchos ojos, y así a muchas perspectivas, tratemos de ver todos los lados del problema. Ningún campo del conocimiento humano, aislado en sus fórmulas, mercados e interpretaciones, traerá soluciones definitivas. La OMS establece que, aunque las causas de los trastornos o enfermedades mentales no son perfectamente conocidas, sí dependen de una combinación entre la biología, la psicología y nuestra cultura inmediata o sociedad.8

Debido a nuestra innata inclinación por la jerarquía y el control, el desafío consiste en mantener un balance al observar y entender todos los factores que pueden contribuir a dañarnos, y no limitar los procesos de sanación a una sola alternativa. ¿Qué te puede enfermar la mente? Rupturas familiares o craneales, la violencia gubernamental y doméstica o el desbordante egocentrismo obsesionado con desfilar y comparar el ‘yo’ dentro de las redes sociales. Exceso en el consumo de cualquier droga, el desempleo y el estrés ocasionado por la competitividad profesional. Guerra. Violaciones. Tus genes. La falta o sobra de químicos en el cerebro. Simplemente la apuesta riesgosa de nacer. Y de ahí a un siempre creciente etcétera, que debe tener abundantes espacios adecuados para ser narrado.

Hay estilos de vida excesivos y exitosos que te pueden trastornar la mente. No sería la primera vez que celebremos aquello que bien pudiera estarnos matando lentamente. ¿Cómo aceptar que quizás algunas de nuestras verdades mejor asentadas y más celebradas traen consigo nuestra eficaz destrucción? Reflexionemos sobre las consecuencias de nuestros sistemas dominantes en niveles más sutiles, aquellos eventos microscópicos al lado de la explotación innecesaria de recursos y vidas no humanas, la creciente desigualdad económica, los virus informáticos dentro del torrente sanguíneo y la vigilancia empresarial y estatal de casi toda la ciudadanía del globo.

Fotografía: Edgar M. Caamaño

La escucha de voces destructivas y venenosas no es simplemente algo aislado o resignado a la salud y la enfermedad mental. Son respuestas y manifestaciones, nervios pellizcados o comprimidos dentro del cuerpo social, que se retuercen, como cualquier sistema nervioso saludable lo haría, ante la aplicación de fuerza excesiva.

Kate y Peter abogan por darle sentido a las voces. Esto no significa responder literalmente a lo que dicen, sino que implica desarrollar la capacidad de interpretar los mensaje de acuerdo a cada situación. Una de las lecciones más importantes de la escucha de voces, fuera de los campos de la medicina y la psiquiatría, es que hay sociedades que son adictas a evitar procesos de diálogo, ya sea porque estos procesos no son lo suficientemente rápidos o inmediatos, o porque podrían desencadenar cuestionamientos sobre lo enseñado o comprado como inamovible o incuestionable, que tradicionalmente está ligado a la posesión y manutención del poder de un grupo sobre otro. Ahí se asoman las inevitables amenazas sobre un cambio de administración o un cambio de jerarquía.

Del poder como audiencia y no como protagonista, pensemos que, antes de caer al coliseo de ganar o perder, podemos tener diálogos, por muy breves o locales que sean, para tratar de escuchar sin mala fe. Un balanceado espacio de escucha y habla es difícil de generar, pero es preferible, cuando de traumas se trata, a ignorar o forzar al silencio nuestras historias.

 


Referencias:
1- The Voice-Hearer Trad.EMC
2 – https://definicion.de/vocacion/ & Voice Hearing in History & Religion
3 – P.67. VII. Las irreales omegas. J.V. Foix. Alianza Editorial / Enciclopedia Catalana. Madrid 1988.
4 – https://definicion.de/esquizofrenia/ & http://etimologias.dechile.net/?esquizofrenia
5 – ¿Cuántas neuronas tiene el cerebro humano?
6 – Comentarios y notas tomadas del taller de entrenamiento para entender la escucha de voces dentro del contexto de trabajo en servicios de salud mental, impartido por Peter Bullimore y Kate Crawford. Hearing Voices Workshop, Stockport, UK. 19-12-1027. Página de Peter Bullimore. Página de Kate Crawford.
7 – Testimonio de Kate y otros dos escuchadores de voces.
8 – ¿Cuáles son los primeros signos de los trastornos mentales?
 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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