FITI, Encuentro Internacional Huellas (Cuaderno de bitácora IV)

Por   ・ México
Imagen: La diáspora del llanto. Fotografía: Daniel Lobato / Sprocket 1 febrero, 2019

El artivista (artista + activista)
usa su talento para luchar
contra la injusticia y la opresión
por cualquier medio que sea necesario
y fusiona su compromiso
con la libertad y la justicia,
con la pluma, la lente, el pincel,
la voz, el cuerpo; con la imaginación.

—M.K. Asante

Encuentra aquí el resto del Cuaderno de bitácora.

 

Día 6. El Gran Circo.

Después de mucho tiempo y distancia de pausa, llegamos al final de esta crónica. Entre la entrega anterior, donde hablamos de Célula CYPE (cuerpopalabrayestrépito) y su Ifigenia trifásica, y de mis primeros encuentros (entonces virtuales) con Asdrúbal Huracán, mejor conocido como Ricardo Andrade Jardí, en la otrora RED@ctuar de la que ya nadie, o casi nadie, se acuerda, a esta entrega de ahora, muchas cosas han pasado en nuestro múltiple entorno mundial, regional, “nacional”, local.

En la escena continental, por ejemplo, la extrema derecha asienta sus reales en el Cono Sur con Piñera, en Chile; Macri, en Argentina, y el neofascista Jair Bolsonaro recién ascendido al poder, en Brasil. En Nicaragua, la pareja Ortega-Murillo continúa reprimiendo a sangre y fuego a “su” pueblo en la dolorosa traición que están protagonizando a la revolución sandinista. En Venezuela, el indefendible Nicolás Maduro, quien ha hambreado al pueblo venezolano de la mano del criminal bloqueo estadounidense, enfrenta el más reciente embate de Washington con la autoproclamación del opositor Juan Guaidó como “presidente encargado” en lo que a todas luces es un capítulo más del intervencionismo capitalista yankee que, para decirlo con Eduardo Galeano, ha chupado las venas abiertas de América Latina.

Y todo esto no parece sino reflejo de lo que ocurre en otros continentes de la aldea global con sus respectivas dosis de desprecio (donde el racismo y el machismo parecen llevarse los primeros lugares), despojo (donde la palabra extractivismo cada vez es más un sinónimo), explotación (donde la precarización de las clases medias, vía por ejemplo la uberización de la economía, y la esclavitud de las clases más empobrecidas se han vuelto moneda corriente y hegemónicamente aceptadas) y represión (propia de Estados policiales militarizados perfectamente afines al neoliberalismo, amén de lo que dicten los clásicos).

En la escena que llamamos “nacional” (el término nacional, después de leer a Yásnaya Elena Aguilar, me parece cada vez más impreciso para hablar del país México), el neoliberalismo ha conseguido llevar a la presidencia de la República a Andrés Manuel López Obrador, un hombre proveniente del capitalismo de viejo cuño, el monopolista de tintes nacionalistas, con la extraordinaria aprobación en las urnas del 53 por ciento de un electorado harto de los abusos y la corrupción de los operadores del mismo neoliberalismo en tierras que el neocolonialismo llama (imposibilitado de entender que las naciones, pueblos y tribus originarias son muchas y muy distintas) “aztecas”: las otras opciones para escoger capataz, como dijeran las y los zapatistas, eran francamente mucho peores.

En la escena local, el recambio político es reflejo de lo que ocurre en las esferas nacional e internacional: el capitalismo se afianza y las derechas ganan terreno. En la informe comunidad artística del Mayab quizás lo más destacable haya sido el robo a despoblado de los funcionarios de cultura de la administración anterior: hay oficinas de la SEDECULTA donde hasta con los focos cargaron, y la denuncia pública y legal de la actriz Patty Pérez a la compañía La Rendija por maltrato laboral en vísperas de la recepción de la Medalla “Xavier Villaurrutia” por parte de su directora artística, la actriz, pedagoga, directora y perfomer yucateca Raquel Araujo Madera.

El caso, que en las llamadas redes sociales desató una nube de descalificaciones de ida y de vuelta, apunta a la nuez de los usos y costumbres creativos y financieros de muchos espacios que diciéndose independientes han vivido bajo la protección y el subsidio a manos llenas proveniente del “ogro filantrópico” (Octavio Paz, dixit); usos y costumbres que, es importante decirlo, no son exclusivos de estos espacios, pues, son copia fiel de los dinámicas de poder que se pueden observar en los sectores público y privado donde los derechos laborales cada vez más brillan por su ausencia.

Bueno, puesta la mesa, descrito el escenario grosso modo, regresemos a nuestra bitácora y poco a poco iremos trenzando estos temas con los que esta memoria en torno al 16º FITI nos ocupa. Desempolvemos, pues, las notas de aquél que ahora llamo «Día 6». Ésa mañana, si no mal recuerdo, fue el “desmontaje” o devolución crítica de La diáspora del llanto, coproducción Estados Unidos – México de Palabra y Silencio Teatro y C.I.E. El Teatrito, en casa de Sarah. Saber que se trataba de una experiencia operada conjuntamente entre Sarah Jaffe y Amanda Quezadas me hizo pensar, equivocadamente, que Palabra y Silencio Teatro era el colectivo de Sarah, pues, me dije: El Teatrito es el de Amanda; sin embargo, en el “desmontaje”… ¿o fue en el conversatorio más tarde?… Amanda nos compartió que Palabra y Silencio Teatro era su propio proyecto dentro de El Teatrito; algo así como su territorio-laboratorio de exploración personal al interior del propio C.I.E., su versión escénica de la woolfoniana habitación propia.

Y, de pronto, por esa razón, Palabra y Silencio Teatro se me revistió de un significado mayor: es el no-lugar donde el carácter feminista de El Teatrito se hace de manifiesto. No es casualidad, entonces, que el trabajo de lo corporal sea la línea de investigación que prime en Palabra y Silencio; como tampoco lo es que Amanda y Sarah, con La diáspora del llanto, hayan tejido un puente-danza-teatro-palabra-escena donde El Gran Circo (Estrellita y Asdrúbal dixit) se dilata y robustece.

Imagen: La diáspora del llanto, Sarah K. Jaffe. Fotografía: Sara Aleman / Sprocket.

Yo vi La diáspora del llanto en El Albergue del Arte, cuartel general de Tadeco Teatro en Ciudad Monstruo y coincidí con mucho de lo conversado en el “desmontaje”. En lo personal, me parece una especie de dispositivo que, como su nombre lo enuncia, puede ir de la tristeza, acaso la desolación, a la catarsis del encuentro con las y los demás. La diáspora del llanto es un viaje de ida y vuelta en muchos sentidos: hay un venir de Sarah a México, venir que sabemos verdadero, y un ir de Amanda a Estados Unidos, que parece estar suspendido en el mundo de la ficción; ello abre el significado de la pieza, fundamentalmente dancística, para que Sarah y Amanda ya no sean solo ellas, sino la mar de mujeres que por diversas razones, desde las más íntimas hasta las más colectivas, se ven ante la necesidad de caminar las fronteras impuestas por los Estados-nación. Quiero imaginarme La diáspora del llanto representada en los albergues de las y los cientos de miles de migrantes que están cruzando territorio mexicano desde Centroamérica, con rumbo a unos Estados Unidos donde les espera la explotación capitalista que en sus propios países ha roto las condiciones mínimas de sobrevivencia: ¿cuál sería la experiencia?

En El Albergue del Arte, y tengo entendido que así pasó también en El Teatrito, la experiencia fue de la soledad al encuentro y de éste de nuevo a la soledad; porque La diáspora del llanto es, además, un himno corporal a la sororidad: son los cuerpos, cuerpos de mujeres, los que cómplices hacen el viaje, los que se ponen en juego, los que asumen el riesgo escénico, los que van al encuentro a veces inclusive erótico; son cuerpos, cuerpos de mujeres, los que llaman a los otros cuerpos, los del público, a subirse a la escena y compartir la celebración por el viaje realizado.

Entonces, los cuerpos son un solo cuerpo sin dejar de ser todos los cuerpos que allí son, y en ese ser, en ese estar, cada cuerpo adquiere una nueva dimensión: el dolor, la soledad, se permutan en ternura, en, de nuevo, más complicidad; más aún: en una sororidad que de tan generosa es capaz de invitar cuerpos masculinos a la celebración, pues, la diáspora ha sido también un ritual de purificación del espacio escénico donde los cuerpos van más allá de construcciones binarias y, por ende, puede ensayarse el destierro de las dinámicas del poder machista que de suyo hay en lo genérico-binario… aunque sea por un brevísimo instante.

El Gran Circo. Estamos en el conversatorio de la tarde para platicar de la poética de El Teatrito; ésa tarde: abril de 2018; hoy, febrero de 2019. Pongo la mirada unos 15 años atrás, en el 2004, para observar lo más de cerca que nos sea posible ese momento que en entregas anteriores he llamado axial, pues, en él está parte del porqué de la distancia y la difícil posibilidad de diálogo entre el proyecto de El Teatrito y el resto de la comunidad artística escénica yucateca; distancia e imposibilidad que han marcado la poética de El Gran Circo/ElTeatrito. Ustedes sabrán disculpar, espero, la enorme tangente de la entrega anterior (que seguro a estas alturas ya olvidaron); necesitaba que ubicaran, más o menos, a los personajes y a los escenarios de esta historia; en especial un escenario virtual: la RED@ctuar.

Cuando ésta estaba en su momento de más apogeo, Asdrúbal (Ricardo) hizo una denuncia a través de Por Esto! y otros medios y tribunas, la misma RED@ctuar incluida, que sería el punto de quiebre: el programa de apoyo a grupos artísticos profesionales de artes escénicas «México en Escena» había sido otorgado en Yucatán a una funcionaria pública del gobierno del estado, y varias y varios creadores habían callado el acto de corrupción con el que su colega (porque la funcionaria era y es una creadora escénica) se beneficiaba, ya que en el fondo esperaban ser también, algún día, beneficiadas y beneficiados por esa misma corrupción.

El Grupo Yahoo donde estaba alojada la RED@ctuar desapareció hace ya algunos años, y con él prácticamente todos los archivos digitales que contenía; pero, haciendo un pequeño trabajo de investigación en Internet, he encontrado un par de notas del mismo Asdrúbal en las que retoma el tema. La primera es una nota publicada en Por Esto!; cuando la extraje no tenía fecha (el portal digital del rotativo es un dolor de cabeza cuando de buscar información en sus contenidos se trata), pero se puede colegir, por una mención del mismo Ricardo, que ha sido escrita y publicada en el marco del sexenio calderonista (entre 2006 y 2012). El epígrafe a mi parecer es una delicia y queda muy ad hoc con estos tiempos: «Era un país curioso, la mayoría de la gente inteligente dependía de un grupo de idiotas. Era asombroso observar cómo este grupo de idiotas supervisaba la suerte de los talentosos.» –Eduardo Pavlovsky.

Cito en extenso:

La política cultural no es el fuerte del prianismo ni de los gobiernos tecnócratas neoliberales, de ahí que la corrupción que caracteriza a la clase política de México ha encontrado en el llamado sector cultural una estupenda mina de oro (…) Por eso los abusos institucionales en el poco presupuesto público cultural son el pan de cada día. Los gobiernos utilizan el arte y la cultura como mero escaparate de lucimiento en tanto que los funcionarios culturales hacen del presupuesto sus pequeños feudos de poder “turístico-cultural”.

Pero lo anterior no pasa sólo porque se trata de funcionarios corruptos. Pasa porque los Ejecutivos del poder político se hacen de la vista gorda ante la presunción de corrupción de ese sector de su propia política pública, al tiempo que una pandilla de presumidos “creadores artísticos” acaparan el monopolio de “la acción cultural” y se benefician convenientemente de la opacidad con la que se manejan los recursos públicos destinados al desarrollo artístico.

Por eso es que el FONCA-CONACULTA ha entregado en poco menos de 30 años el 80% de los recursos destinados al fomento del arte al mismo 20% de “creadores”. Lo que supone corrupción en toda la extensión de la palabra, tanto de funcionarios como de “creadores de arte”, le moleste a quien le moleste.

(…)

Cómo olvidar que el programa de México en Escena en su primera edición le fue otorgado, en Yucatán, a una funcionaria pública que hoy se pretende “lo mejor del arte en el Estado”, cuando su “arte” es en todo caso la más fiel representación de un sistema decadente y mediocre, aunque “grandes” sectores de lo que llaman comunidad artística cierren filas a su alrededor.

(…)

La subjetividad corrupta se alimenta del confort del pantano, de ahí que los “artistas” callen la corrupción con las que “sus colegas” se benefician, pues en el fondo esperan ser algún día también beneficiados; y así la política cultural del PRIAN no busca un beneficio cualitativo para México, sino cooptar a aquellos “artistas”, cuyo ego los hace sentir merecedores del reconocimiento de políticos corruptos, asesinos y profundamente mediocres, cuyo discurso no supera nunca lo políticamente correcto, en tanto los funcionarios culturales desvían los recursos públicos ante la ceguera conveniente de quienes los nombran; la maquinaria está bien engranada en beneficio de una política de Estado opresiva y represora imposible de entender sin la complicidad de una buena parte de los propios y pretendidos “hacedores de arte”.

Como bien decía el poeta alemán Bertolt Brecht: “Quien desconoce la verdad es un ignorante, pero quien la conoce y la calla es un criminal”. Y la corrupción en materia cultural en México es posible por las enormes complicidades y silencios de “artistas” y funcionarios que han hecho del presupuesto público un productivo y criminal negocio. (Andrade Jardí, 2008).

Una década y un ganchito más tarde el texto de Ricardo Andrade Jardí (Asdrúbal Huracán) no solo mantiene su vigencia, sino que adquiere una relevante actualidad ahora que esa misma ex funcionaria ha sido señalada por maltrato laboral, que entre otras cosas incluye el retraso de pagos a la actriz que demanda formalmente a su compañía y, por deslinde, al productor ejecutivo del proyecto donde se enmarca la disputa: Luis Velázquez, el mismo personaje que encabezaba la Jefatura de Teatro en 2016 y que fue removido a la dirección del Centro Cultural del Niño Yucateco (CECUNY) tras la denuncia en medios de comunicación que impidió que la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán (SEDECULTA) bajo la dirección de Roger Metri Duarte siguiera jineteándose los recursos del Programa Nacional de Teatro Escolar destinado a Yucatán para producir La hija del rey de José Peón Contreras dirigida por el maestro Juan Ramón Góngora. Dios los crea y ellos se juntan.

El proyecto por el que la actriz Patty Pérez demanda a La Rendija es el de la puesta en escena Amor es más laberinto, original de Sor Juana Inés de la Cruz y Juan de Guevara, beneficiado con 4.4 millones de pesos provenientes del Fondo Regional para la Cultura y las Artes de la Zona Sur (FORCAZS) en coproducción con la Compañía Nacional de Teatro y la Secretaría de Cultura federal peñanietista; el juicio de demanda está en curso. La denuncia de Ricardo Andrade Jardí había sido por un apoyo de alrededor de 1 millón de pesos.

La segunda nota de Ricardo la publica Interescena el 14 de marzo de 2016, en honor a Ludwik Margules; no es difícil imaginar que fue la puntilla que terminó de herir las susceptibilidades de una comunidad de artistas que en aras de contar con un espacio escénico como lo fue Escena 40º terminaron siendo cómplices de un actuar poco honesto, por decir lo menos:

Una fuente confiable del (otrora) Instituto de Cultura de Yucatán nos comentaba que a mediados del 2004 se presumía, al interior del propio ICY, que un funcionario público del Estado de Yucatán había convocado a un grupo de “creadores escénicos” para informarles que el apoyo del programa nacional de CONACULTA “México en Escena” en (el estado) se le otorgaría a ese funcionario, que aprovechó inmoral y alevosamente la información privilegiada con la que contaba. Pero, dado que por su condición de funcionario “no sería correcto” que lo recibiera con su nombre, apelaba a los ahí reunidos para que formaran un “consejo consultivo”, a la medida de sus intereses, para, con aquellos que prestaran su nombre, formalizar su solicitud. Y, mientras el jurado, cómplice, junto con los funcionarios federales, otorgaban el apoyo de un millón de pesos proveniente de recursos públicos, en Yucatán, en el (otrora) D.F. se le hacía saber al solicitante de los recursos de “México en Escena” del proyecto del Foro Teatro Contemporáneo, por parte de jueces y jurado, que siendo el del Foro “el mejor proyecto presentado”, se le negaba por una tontería administrativa. Se le negaba a Ludwik el apoyo que hacía viable la existencia o no del centro de producción y formación pedagógica que durante más de diez constituyó el Foro Teatro Contemporáneo. (Andrade Jardí, 2006).

Y, así, el Centro de Investigación Escénico El Teatrito, El Gran Circo, quedó más o menos segregado; por un lado, por una comunidad cuyos integrantes han guardado una sana distancia: no fuera que eso de andar de “revoltosos” y quedarse fuera del presupuesto se contagiara; por otro lado, por una actitud de radicalidad que desde afuera se ha leído como cerrazón y autoaislamiento. De lo primero, lo que puede decirse es que evidencia cómo se mueven las cosas en ése sistema de complicidades y corruptelas denunciado por Ricardo; de lo segundo, conversando con Amanda y con Ricardo, que quizás haya algo de razón en ello.

* * *

Día 7. Tadeco Teatro

Aquí estamos, en el seno de una casa ubicada en una de las esquinas de la colonia Chuburná de Hidalgo, en la cada vez más calurosa Mérida de Yucatán, donde se encuentra alojado un espacio escénico, acaso un circo, uno de morada tendencia, en el que poco a poco han transitado hombres y mujeres, quizás pulgas, que en principio parecieran muy diferentes entre ellas y ellos, pero que si uno, o una, o une, como usted se nombre, se acerca un poco más, descubre que comparten, por ejemplo, el brillo en la mirada, la palabra cabalgando, la resistencia destilando por los poros, la independencia como modelo de producción autogestiva a contracorriente en tiempos en que el capitalismo hace creer a propios y extraños que no hay otras formas de producir que la explotación, el desprecio, el despojo y la miseria que le son característicos.

Amén de mis choros, a cual más panfletarios o cursis, o ambos, ¿qué convoca ése brillo, ésa palabra, ésa resistencia, ésa independencia como modelo de producción… qué les convoca? El teatro: el circo, si seguimos la metáfora de Asdrúbal Huracán y Estrellita Pocaluz. No un teatro con mayúsculas, que podría serlo por las historias que cuentan y por las mujeres y los hombres que hablan por esas historias; un teatro de a pie, que va al encuentro de quienes sus voces han sido invisibilizadas, ora por el olvido, ora por la hipocresía; un teatro pequeñito, con “tecnología de punta de bajo presupuesto”; un teatrito, y un su festival de teatro íntimo, que se hizo internacional porque las y los locales muchas veces hemos brillado por nuestra ausencia, y que, a fuerza de una tozudez compartida, se hizo, siempre, encuentro… encuentro internacional de pulgas.

El FITI, según se lee en algún documento difundido por correo electrónico, «es una iniciativa del Centro de Investigación Escénica El Teatrito (que) por séptima ocasión, como parte de un proceso de construcción de autonomía y autogestión artística», realiza una extensión, esta vez a la Ciudad de México, «en colaboración con Tadeco Teatro, Palabra y Silencio Teatro y El Teatro del Fantasma A.C., grupos mexicanos de teatro independiente con reconocidas trayectorias a nivel nacional e internacional.» La finalidad del FITI, continúa el mismo documento, es «contribuir a la descentralización cultural y la creación de públicos críticos y participativos», y entre sus objetivos se pueden mencionar:

  • El encuentro de grupos, artistas y activistas sociales de diversas disciplinas (fotografía, cine, danza, música, artes plásticas, teatro, ecología, educación, genero, derechos humanos, comercio justo, etc.), con el fin de conocer la experiencia autogestionaria desde diversas disciplinas y su injerencia en la política pública de sus lugares de origen,
  • Presentar las obras de teatro, danza y música de los grupos convocantes al FITI, de entrada libre y cooperación solidaria,
  • Conocer y difundir el trabajo e investigación teatral, artística y autogestionaria que se realiza en México e Iberoamérica, a través de debates, conversatorios, desmontajes críticos, mesas de reflexión y talleres, foros de poéticas de producción, etcétera,
  • Dialogar, franca y abiertamente, con el público y otros creadores sobre procesos y políticas de trabajo en los ámbitos de conocimiento de cada uno de los participantes, socializando experiencias y metodologías individuales y colectivas de los distintos procesos de gestión y producción simbólica,
  • Impulsar la convivencia entre creadores artísticos y público en general para lograr un intercambio y una retroalimentación constructiva entre ambos y su relación comunitaria,
  • Contribuir a generar espectadores críticos y participativos de la difusión y realización de producción simbólica y fundamentalmente de procesos de transformación social de su comunidad de origen.

Tadeco Teatro son, para decirlo de algún modo, la otra parte de la mancuerna que sostiene este festival, en esta edición díptico. Las, los y les tadecos fueron llegando a Mérida a cuenta gotas; los últimos de ellos arribaron a Chuburná de Hidalgo la víspera de su presentación el 20 de abril con Acteal, puesta en escena basada en textos de José Antonio Reyes Matamoros y Adriana Becerra, adaptados y dirigidos escénicamente por Margarita Hernández Navarro con la complicidad de Miguel Ángel Flores. Yo había leído de Tadeco Teatro, una de las agrupaciones del teatro popular independiente en México vivas con más trayectoria, en alguna semblanza de la Latin American Theatre Review, revista editada por el departamento de Español y Portugués de la Universidad de Kansas que desde 1967, año de su fundación, ha cubierto asuntos relacionados con la escena latinoamericana, incluyendo la escena latina en Estados Unidos; en particular el teatro y el performance. Mi expectativa, como puede suponerse, era grande.

La representación de Acteal se comenzó con una larga espera en la calle. Uno de los actores, vestido con uniforme de campaña y el rostro cubierto por un pasamontañas de esos que uno ha visto usar por comandos de reacción rápida de las fuerzas represivas del Estado (diferente a los pasamontañas de estambre que distinguen a las y los zapatistas) trepa por la fachada de El Teatrito y se pasea por la azotea amenazante y en silencio. Uno no puede dejar de pensar que se trata de un actor, pues, el dispositivo de la ficción no se ha roto; pero, no deja de ser escalofriante la sola presencia de un ente que traiga a los recuerdos lo militar o, como en Acteal, lo paramilitar. Al cabo de un tiempo se nos permite entrar al café que hace las veces de vestíbulo y se nos dan las instrucciones del dispositivo: pasaremos a un primer momento de cierta intimidad de “la comunidad”: un velorio, y, acto seguido, se nos pedirá vendarnos los ojos para ser conducidos al interior de “la comunidad”.

Imagen: Puesta en escena de Acteal. Archivo FITI 3.

La convención escénica nos pide, pues, volver borrosa la frontera entre el espacio de ficción y el de realidad; en la medida en que aceptemos a hacerlo la experiencia será menos o más impactante en términos emotivos. La puerta de entrada son las sensaciones físicas; cancelada la vista, la potencia de los estímulos estarán en los voluntarios o involuntarios sonidos, aromas y, en menor medida, texturas.

La intención de Tadeco Teatro, parece, es la empatía: desarrollar en unos minutos la capacidad de ponernos en el lugar de la otra o del otro; empero, no se trata de un ponerse en sus zapatos en un momento cualquiera: es el momento en el que un grupo paramilitar de extracción priísta ha sido activado por parte del gobierno mexicano para su asesinato. Al final, vendas aparte, un vídeo que debió haber sido proyectado completaría la experiencia sensorial incorporando las imágenes que algunos medios recogieron días después de la masacre.

Imagen: Puesta en escena de Acteal. Archivo FITI 3.

Me gusta, en términos de dispositivos escénicos, la propuesta; es la segunda vez que experimento como espectador una puesta sensorial de escena. Me parece delicado el tema que decidieron abordar les tadecos: la masacre en Acteal. Amén de lo que en lo personal Acteal representa para mí, me parece bastante arriesgado abordar un acontecimiento de ésa índole con un dispositivo que acuse a una convención de liminalidad entre la ficción y la realidad; precisa, para hacerlo verosímil, de un rigor mucho mayor que el desempeñado, y, sin embargo, no puedo sino celebrar el esfuerzo.

Imagen: Puesta en escena de Acteal. Archivo FITI 1.

Puede ser que los dos o tres descuidos: unos huaraches casi recién estrenados que no aguantarían la primera jornada de camino por la montaña en el actor que hace del muerto al que velan, una veladora rota en medio del baile en el que su espíritu celebra la vida pasada poniendo en riesgo real la seguridad de algún espectador o alguno actor y un vídeo que nomás no arrancó, produzcan una falta de verosimilitud que haga rayar a la propuesta en lo trivial; pero, el valor político de no dar lugar a la desmemoria, las actuaciones vocales de las actrices y los actores (adoré el trabajo vocal de Lupita, envozada por Lucila Velázquez) y el despliegue, algo incompleto, del sensorama escénico me parecen de lo más valioso de la propuesta. Ojalá Tadeco Teatro continúe haciendo exploraciones de este mismo concepto para contarnos otras historias y mantenernos viva la memoria.

* * *

Epílogo.

La extensión del FITI en esta 16a. edición se hizo, justamente, en El Albergue del Arte; allí, sin “desmontajes” ni conversatorios, se llevaron a cabo las representaciones de las puestas en escena que habíamos visto en la ciudad de Mérida. La fiesta teatral, íntima, continuó. Gracias a haberme llevado la técnica de Panfletarias, de Fulanas y Menganas, y Bienvenida Casandra, de Teatro del Bardo, y, desde luego, a la defensa que de mí hicieron Estrellita Pocaluz y Asdrúbal Huracán, pude ir a la extensión del FITI en Ciudad Monstruo.

Durante una semana viví en El Albergue del Arte, donde pude conocer a más banda teatrera que coincide con Tadeco Teatro, como el maestro Cayetano Martínez y los entrañables Elizabeth Guerra y Santiago Ávila, de Alebrije Teatro; me reencontré con dos hermanitos de camada del CUT-UNAM: mi querida Alicia Lara y un tal Juan Carlos Cuellar y, al menos por un instante, me sentí parte de esa familia que son Tadeco Teatro: bueno, hasta su consola de luces pude usar para programar tres de los montajes y tuve una noche entera con todo y su madrugada para escribir con gis en una de sus paredes algunos versículos del Levítico y dibujar motivos de textos medievales para un cuarto montaje.

La edición 17 del FITI está en camino y se llevará a cabo del 21 al 31 de marzo de 2019 con dos ideas nodales: “Polinizar”  y “Salirse del Centro”. K’íiwik luk’o’on (Nos salimos de la plaza), reza uno de sus afiches; su hashtag: #SalirDelCentro, porque en los pueblos la plaza es el centro de la vida pública, dónde pasan las cosas, y la plaza es también el cuartel general, el lugar seguro, el sitio desde el que dimanan todas las decisiones y las acciones.

Imagen: Cartel del 17 Festival Independiente de Teatro Íntimo FITI 2019.

Así que la apuesta en este #17FITI2019 en el que El Teatrito cumple sus 20 años de vida escénica es la de ir a la periferia y, allí, desde o para la periferia, tejer otras redes y hacer otro arte; porque otras redes y otras artes son posibles. Polinizando y siendo polinizadas y polinizados, la próxima edición del FITI parece acusar a un acto múltiple de fecundación con la presencia de grupos de Argentina, Turquía y México en Mérida y algunas comunidades de Yucatán y ya han echado a andar su campaña de apoyo solidario con tres figuras: Socio FITI, aportando de $500 a $1,000 pesos y/o colaborando de manera solidaria; Socio Amigo FITI, aportando de $1,001 a $5000 pesos o en espacie y/o colaborando de manera solidaria, y Socio Familia FITI, aportando de $5,001 pesos en adelante o en especie y/o colaborando de manera solidaria.

magen: Cartel del 17 Festival Independiente de Teatro Íntimo FITI 2019.

Si deseas echarles la mano, o el hombro, no dudes en contactarte con ellas y ellos. Su correo-e, es: teatrointimo@gmail.com. Su teléfono fijo: +52 (999) 289 01 29; móvil, vía WhatsApp o Telegram: +52 1 999 178 0796 y +52 1 999 154 5407. En el feudo Zuckerberg (Feisbuc, pues) las y los encuentras como: FITIEncuentro Internacional y El Teatrito Yucatán.

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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por

México

Mi nombre es Sebastián; es el nombre de mi padre, un jubilado telefonista, y el de mi bisabuelo, un panadero. Mi apellido legal se lo puso así mismo mi tatarabuelo después de desertar del ejército francés y quedarse en las tierras que vino a invadir; de modo que yo adopté para mí otro apellido, el que a su vez adoptara quién sabe de dónde un hombre que escribió, dirigió, actuó y produjo teatro en el norte del país en que nací: Liera. Nací en una de las ciudades más grandes, pobladas y contaminadas del mundo, pero digo que soy de otras tierras porque "mi siento" es que mi piel sabe a desierto y "mi pienso" es que mi corazón late al ritmo desafinado de la música cardenche. En mis venas, junto a la sangre de mi tatarabuelo francés, corre la sangre de por lo menos un bisabuelo español, pero también la de dos bisabuelas huachichilas y otra bisabuela cuya herencia antillana de negritud la porto con orgullo en la chatura de una nariz y un par de piernas que tiemblan cuando suena algún tambor. No sé quién soy, pero si mis oficios me lo dijeran, diría que por encima de todo he sido un hombre de teatro. Comencé a serlo poquito a poco desde 1990. Un año después, en 1991, la soberbia y la vanidad me llevaron a "dar clases" y comencé entonces a ser aprendiz de maestro. Un año más tarde, en 1992, las ganas de contar cosas que no podía desde las tablas me llevaron a mi primera redacción y desde aquel día colaboro para medios de comunicación. Al año siguiente, en 1993, comencé a caminar otra forma de hacer política. Y, a los dos años, en otras tierras y otros cielos, me di a eso de ser promotor sociocultural para intentar juntarlo todo en un solo oficio. Soy, pues, un hombre del siglo pasado; uno que se rehusa a seguir siendo el hombre que aprendió a ser y está allí: necio como es (qué razón tienes Juana), intentado desaprender a serlo. Una razón doble me motiva a ello: soy papá de otro hombre y no quiero que ese hombre sea un hombre como el que yo he sido, sino por el contrario, que sea un hombre libre y deje ser libres a quienes quieran compartir su libertad con él. Hace años, los suficientes para casi urdir dos décadas, un neologismo mösiehuali llegaría a mi vida para resignificar mi quehacer sobre las tablas: tlatulteketke. Tlatul, en mösiehuali, quiere decir: palabra; Teketke: trabajador o trabajadora. Sí, soy un trabajador de la palabra. Sin embargo, no cualquier palabra: la palabra que se encarna, que se hace cuerpo, para ser dicha sobre un escenario... sea cual sea el escenario. Es este trabajar con la palabra hecha cuerpo para la escena lo que me ha llevado por el triple camino de la estética teatral, la pedagogía popular (aunque no exento otros espacios de compartición de saberes y experiencias) y el del periodismo que se dice ciudadano porque habla (o quiere hablar) de una democracia participativa con diversas trincheras. En Miradas Múltiples, estos tres caminos tienen un punto de convergencia. Creo en las artes escénicas, en la pedagogía y en el periodismo como una red de redes de fenómenos de transformación de nuestras sociedades; pero, sólo si quienes la caminamos y tejemos nos comprometemos a ello sin soberbias ni vanidades. Estoy convencido de que Miradas Múltiples será el nodo para serlo y hacerlo. Escribir para el microblog "Artivismo" significará, pues, el reto de entretejer, como su nombre sugiere, una multiplicidad de miradas que, cada quien su modo, consideren que el quehacer estético y el quehacer político no pueden ir el uno sin el otro; que crean en una praxis, en el sentido más marxista de la palabra, de las artes vivas.
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