Esto también pasará: Testimonio y crónica de una depresión

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Fotografía: Miradas Múltiples. 14 febrero, 2019

Comenzó en el 2014, o quizás antes. Quizás, como dijo mi primer psiquiatra, desde que nací. Comenzó porque así tenía que ser. Porque, como escuché en una serie policiaca, los seres humanos somos como la pólvora: basta una llama para encendernos. Y alguna vez muy orgullosa, leyendo sobre famosos que se han suicidado, encontré en la red la última carta de Kurt Cobain que al final decía: “Es mejor arder que extinguirse”.

Arder… justo la misma palabra que utilicé en terapia, cuando la psicóloga me preguntó cómo me sentía durante mi primera crisis y contesté: “Quería arder y que todos ardieran conmigo”. Efectivamente, mi depresión tenía que ver más con la rabia que con la tristeza a la que suele asociarse. Porque, en mi experiencia, hay distintos tipos de depresión en los que más adelante profundizaré, ya que ninguna depresión es igual.

Soy Gina Martínez y en octubre del 2014 entré en un cuadro de depresión endógena generada por estrés post-traumático. Eso según el psiquiatra. Y por intolerancia a la frustración, según la psicóloga del hospital psiquiátrico en el que me revisaron aquella vez. Desde ese día fui diagnosticada con trastorno de ansiedad y a la fecha he tenido distintas crisis o recaídas en donde se combinan la depresión y la ansiedad. Cada una es muy distinta, a veces más fuertes, otras más suaves, y generadas especialmente en momentos de cambios, estrés o tomas de decisiones importantes.

Esta columna es una recopilación de testimonios, que incluyen el propio. Son sensaciones, percepciones, opiniones (algunas científicas), poemas, diálogos y cuanto abarca esta condición que, según algunas fuentes, en el 2020 será la primera causa de incapacidad en la población mexicana. Se dice que actualmente es una epidemia y he escuchado que es muy de millennials, por nuestra intolerancia a la frustración y nuestra constante búsqueda de aceptación que se ha incrementado con el uso de las redes sociales. Conforme los años han pasado y he ido haciendo pública mi condición, me doy cuenta que, para mala suerte de mi ego, no soy la única ni la primera y que, de hecho, es más común de lo que pensaba.

Imagen: Miradas Múltiples.

Recuerdo cuestionarme en la universidad por qué el ser humano es el único animal que tiende a la autodestrucción y mi respuesta fue que piensa demasiado, que un día descubre la verdad, no puede con ella y decide ponerle fin a esta gran mentira que llamamos vida. Y, ¿cuál es esa verdad? “La peste”, me dijo cierto maestro citando a Sartré. El ser humano no soporta la idea de saberse solo en este mundo, el hecho de que no existe ningún propósito por el cual deba estar y que su vida, simplemente, no tiene sentido. Por lo tanto, todo da igual: morir, reír, amar, odiar, ir a la guerra o permanecer en el campo, da igual. Y en cuanto esa peste nos invade, nuestro cerebro se apaga. Eso fue lo que yo sentí en mi primera crisis.

Nací en un año crucial para nuestro país, en 1988, cuando la sucesión presidencial, después de tantos fraudes electorales que han existido en nuestra historia. Nací ocho meses antes de lo anunciado como consecuencia de que mi abuela paterna murió de cáncer, en diciembre. Según me cuentan, la suya fue una muerte melodramática. Ese día mi papá se emborrachó y mi mamá pasó buscándolo por las calles toda la noche hasta la madrugada, mientras mi abuela, agonizante, esperaba a despedirse de su hijo. Aquí en México dicen que una embarazada no debe estar cerca de la muerte, pero mi madre lo estuvo. Y justo ocho días después, nací yo. Mi llegada fue igual de dramática como secuela de haber internado a mi mamá en el hospital por una infección urinaria grave que la puso al borde de la muerte.

Imagen: Miradas Múltiples.

Así que mi psiquiatra concluyó que padezco de ansiedad desde niña, pero lo ignoraba. La ansiedad es un trastorno común en nuestros días, en parte por el ritmo acelerado de vida que solemos llevar, particularmente en las ciudades. Se caracteriza por exacerbar cualquier idea y adelantarnos a los resultados del futuro que, en nuestra mente, suelen ser catastróficos.

No obstante, también tenemos muchas herramientas a la mano para combatirla o aminorarla: está el yoga, la meditación, los medicamentos, el biomagnetismo, las terapias alternativas. Durante mi propio viaje a la sanación he probado casi todas y, por supuesto, aquí compartiré cada experiencia, pues he descubierto que en este camino no estoy sola y quiero contribuir a que otras personas con depresión mejoren su calidad de vida. La mía ha disminuido considerablemente a través de años de estudio e introspección.

Hoy pienso que se puede vivir plenamente, incluso en esta condición y que podemos aprender de la enfermedad si desarrollamos nuestra sensibilidad en vez de combatir nuestra depresión. Si la miramos con amor y dejamos que del fango surja una hermosa flor de loto. Con paciencia y disciplina, y en esencia, con grandes dosis de amor hacia nosotros mismos.

Continuará…

 

Lecturas sugeridas:
La depresión en 2020 será la primera causa de discapacidad en México (Animal Político).
La infelicidad de los jóvenes se duplica en 10 años (The Guardian, texto en inglés).
El agotamiento emocional: la consecuencia de exigirse ser fuerte
(El Club de los libros).
Depresión y ansiedad, los daños colaterales de la diabetes que causa 80 mil muertes al año en México (SinEmbargo).

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

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Xalapa, Veracruz, 1988. Licenciada en Teatro por la Universidad Veracruzana (Mención honorífica, 2013). Ha tomado clases y talleres con creadores como: Liliana Hernández, Mauricio Jiménez, Marco Petris, Martín Zapata, Adriana Duch, Tony Cots, Alicia Sánchez, Tatiana Zugazagoitia, Margarita González, Diana Bayardo, Diana Sánchez, Rafael Hernández Ramos, entre otros. Fue integrante de la compañía de Teatro Infantil de la Secretaría de Educación del Estado de Veracruz (2015) y ha sido dirigida por Roberto Benítez, Nelson Cepeda, Ángel Fuentes Balam, Raquel Araujo, Ulises Vargas y Nara Pech. Ha participado en eventos como el “Festival Día Mundial del Teatro” (Xalapa 2010, 2011. 2013)”, el “Coloquio para las Artes Escénicas. Corporalidades Escénicas” (Xalapa, 2013), el “FIC Maya” (Mérida, 2013 y 2017), el “7° Festival de La Rendija” (2016), la 37º, 38º y 39° Muestra Nacional de Teatro (2016, 2017 y 2018 respectivamente). Festival Interfaz del ISSTE a nivel nacional. El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro en España (40° y 41° Ediciones), así como varias ediciones del Festival “Wilberto Cantón”, La Muestra Estatal de Yucatán (2018), el evento municipal “La noche blanca”, entre otros. En el cine ha participado en el cortometraje “Guardianes” (2015) de Ernesto Arteaga y “Vas a terminar muerto” de Pepe Perruccio que se encuentra en postproducción actualmente. Actualmente es miembro de la compañía Belacqua y actriz en La Rendija.
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