Wild-Style-Wars | Los estilos se mueven al ritmo de la crisis

Por   ・ México
Imagen: Niños en medio de edificios en ruinas, New York South Bronx, 1970´s, fotografía de Mel Rosenthal del libro "In the South Bronx of America". 19 febrero, 2019

Están diciendo que los niños corren en
el metro, que el sistema está fuera de
control, que muchachos de entre 15 y 16
años están dominando el sistema y el
graffiti es el símbolo de ello.

Style Wars, 1984

 

En las últimos días he leído diversas notas respecto a las celebraciones que se están realizando sobre el nacimiento del hip hop en los Estrados Unidos. Por ello, presento un primer boceto de reflexiones alrededor de dos referentes visuales y sonoros de la cultura juvenil y popular de finales del siglo XX: Wild Style (Charlie Ahearn, Estados Unidos, 1983) y Style Wars (Tony Silver, Estados Unidos, 1984).

Antes de adentrarnos en cada uno de estos filmes, es importante mencionar que el marco de este primer esbozo se encuentra en la denominada teoría de los estudios culturales, la cual destaca que todos los fenómenos sociales son susceptibles de estudio, como el cine, el hip-hop o el graffiti. Como bien señala Robert Stam, “si la semiótica del cine se interesaba por códigos específicamente cinematográficos tales como el sonido, el movimiento que se dio a conocer con el nombre de cultural studies pretendía situar a medios como el cine en un contexto histórico y cultural más amplio” (Stam, 2001: 259). En este sentido, los estudios culturales ponen un gran énfasis en “la cultura que se extiende a lo largo y ancho de un vasto continuum discursivo, donde los textos [en este caso cinematográficos] se inscriben en una matriz social y repercuten en el mundo” (Stam, 2001: 261).

El lenguaje cinematográfico funciona de una manera particular y con códigos especiales, como el tipo de encuadre, movimiento de cámara, color o diálogos, y «lo que es interesante para los estudios culturales es cómo el espectador interioriza esos códigos más complejos como representaciones mentales. Por ejemplo, nos referimos a cómo un personaje conocido para el público lleva puesta una indumentaria  concreta y esa, además de vestir al individuo en cuestión, transmite una serie de valores, por ejemplo, asociados al glamour o al deporte, entre otros muchos posibles» (Martínez García, 2016: 496).

A su vez, los estudios culturales se mueven bajo la coordenada de entender a la cultura como una forma de vida global y un conjunto narratológico, en la cual se construye lo colectivo y lo subjetivo. Dicha construcción está estrechamente relacionada con las representaciones mediáticas de toda clase, como el cine. Por otra parte, esta teoría nos invita a la búsqueda de momentos de subversión y resistencia subcultural planteadas desde abajo.

Estas conceptualizaciones nos permitirán acercarnos a las obras cinematográficas de Wild Style y Style Wars. Los momentos de encuentro en ambas obras son diversos. En primer lugar, ambas obras construyen un discurso sobre la juventud marginal, talentosa y creativa, de la ciudad de Nueva York y nos muestran cómo alrededor de la llamada cultura del hip hop se comienzan a desarrollar distintas prácticas sociales como el rap, el graffiti y el break-dance. En segundo lugar, a partir de lo que José Revueltas afirma respecto a que el principio ordenador en donde radica la fuerza del cine es el ritmo, podemos decir que ambas obras se desplazan al ritmo de la crisis de una comunidad en ruinas situada en el epicentro del país más capitalista del mundo; pero también estas obras se mueven al ritmo de los versos, los colores, el baile, el estilo y una creatividad desbordada de la juventud multirracial.

Es la crisis el escenario de ambos filmes en los que se muestran la creatividad de los jóvenes neoyorquinos, en particular del distrito del Bronx. Dicha crisis, de acuerdo al legendario fotógrafo Henry Chalfant, fue originada por las decisiones políticas, las cuales llevaron a miles de jóvenes hacia la marginalidad. Chalfant, en su última visita a la Ciudad de México, enfatizó que el Bronx era un desastre en los años setenta y ochenta creado por los políticos que preferían invertir en el sur de los Estados Unidos.

La educación era también desastrosa y había muchas negligencias, por lo que “los chicos de Nueva York desafiaron al poder”, enfatizó Chalfant, quien no dudó en emitir la siguiente afirmación: “¡Sin la corrupción de los políticos no hubiera nacido el graffiti!”. Otros testimonios afirman que a mediados de la década de 1970, esta ciudad estaba al borde de la banca rota, por lo que el sistema de escuelas públicas recortó de manera drástica los fondos para las artes. Pero los jóvenes del sur del Bronx y del Harlem hallaron una vereda para caminar junto a la crisis.

Imagen: Jóvenes entre las ruinas, Bathgate Avenue and East 173rd, Fotografía de Mel Rosenthal, en In the South Bronx of America, España, Plan B Barcelona Press, 2000.

A espaldas de Manhattan, uno de los iconos del capitalismo norteamericano, se creó una periferia de pobreza y marginalidad. La vida cotidiana en el Bronx se fue llenando de edificios devastados, drogadicción, escuelas cerradas y pobreza. Los testimonios son diversos y las imágenes también. La crisis inmobiliaria orilló a los dueños de los edificios a quemarlos o abandonarlos. El escenario fue el idóneo para que otros males sociales se enraizaran en las comunidades principalmente afroamericanas y latinas. Los jóvenes no asistían a las escuelas y vagaban por el subterráneo y las calles de la ciudad. Pero, las crisis en la historia representan también rupturas y las rupturas dan pauta al nacimiento de algo nuevo. En este caso, la crisis dio nacimiento a una nueva cultura juvenil que desde el Bronx se extendió al resto del mundo. Ante la crisis los jóvenes del sur del Bronx y del Harlem hallaron una solución:


Era el verano de 1973, en el conjunto habitacional Bronx River, en el número 15595 de la East 174 Street. Un adolescente negro, de nombre Afrika Bambaataaa, colocó una bocina en la ventana de la sala, en un primer piso, tendió un cable hasta la tornamesa de su habitación y les dio el festejo de la música a los 3000 habitantes del conjunto. Al mismo tiempo, un adolescente jamaiquino, Kool DJ Herc, ponía el ambiente en el lado este del Bronx y, mientras, un genio de la tornamesa, llamado Grandmaster Flash, ganaba nombre a unos cuantos kilómetros al sur. El vecindario se convirtió en un imán musical para los puertorriqueños, jamaiquinos, dominicanos y negros de las zonas circundantes. Entre ellos se encontraba un maestro de ceremonias (MC) de nombre Lovebug Starsky, a quien se le atribuye haber murmurado la frase “hip hop” entre los solos instrumentales (breaks) para mantener el ritmo. (McBride, 2007: 65)

La crisis se movió al ritmo del hip-hop y es así que tanto Wild Style como Style Wars, en esta encrucijada, nos muestran, desde su particular configuración interna –la ficción y el documental- la mutación de la marginalidad hacia la creatividad visual, sonora y performativa. Ambas obras, nos presentan cómo en el subterráneo y las calles de la ciudad neoyorquina la juventud construyó, a partir de prácticas de resistencia, una identidad individual y grupal que les permitió afrontar los estragos de la ideología hegemónica estadounidense.

En este punto, es importante mencionar que derivado de la difusión mediática de ambas obras cinematográficas es que las prácticas juveniles del Bronx se extendieron a otras ciudades del mundo, especialmente europeas, durante los años ochenta, propiciando la conformación de un movimiento con dimensiones mayores que permitió a los jóvenes relacionarse y comunicarse con códigos propios que se construyeron “desde abajo”. Graffiti, rap y breakdance fueron los eslabones que unieron a estos jóvenes y que les permitió decirle al  mundo: ¡YO SOY…! ¡NOSOTROS SOMOS…!

Los acercamientos entre ambas obras cinematográficas son evidentes y, como ya mencionamos, nos sitúan en los bordes y la marginalidad de la sociedad estadounidense. Pero también existen distanciamientos que a continuación vamos a exponer brevemente.

En primer lugar, Wild Style, obra de ficción que se ubica en el género drama-musical, escrita y dirigida por Charlie Ahearn, es considerada la pionera en la representación cinematográfica del movimiento hip-hop en el mundo. En ella se muestra la relación que existe entre las diversas prácticas que conforman el hip-hop, permitiendo entender a este movimiento como algo multidisciplinario, fraternal y de celebración racial. En Wild Style los protagonistas deben hacer coexistir los problemas de su vida familiar con su deseo de sobresalir en la escena callejera del barrio más pobre de Nueva York. La estética y forma narrativa se acerca mucho a la del documental; sin embargo, lo que la hace una pieza única es su juego entre la realidad y la ficción, al tener como actores a los artistas y personajes reales (Maestros de ceremonia, músicos,  escritores y bailarines) que cimentaron a este movimiento.

Imagen: Rodaje de Style Wars, del libro “Martha Cooper Hip Hop Files. Photographs 1979-1984”.

En este sentido, Wild Style abre una ventana para observar la vertiente esencialmente artística y estética del movimiento, dejando de lado las tensiones sociales y raciales de las que eran objeto, principalmente, los escritores de graffiti. Por ello, este filme alcanza su cúspide cuando el espectador presencia en la pantalla los actos de fraternidad y alegría que los cantantes, escritores y bailarines muestran frente a un micrófono, en medio de la pista o frente a un muro. El baile, las rimas y los colores se mantienen en todo momento como protagonistas, con la finalidad de que el espectador reconozca la frescura y originalidad en la forma de hablar y moverse de estos jóvenes afroamericanos y latinos.

Por ello, Wild Style se posiciona, a diferencia de Style Wars, como un producto comercialmente atractivo para la industria del entretenimiento y la moda, pues permite la comprensión de los códigos de una nueva cultura que con el paso del tiempo se posicionó en el las altas esferas del mundo norteamericano. Wild Style, transformó lo clandestino del graffiti, la energía del breakdance y lo festivo del rap, en algo rentable y en un producto de consumo de masas, anunciándole al mundo: el hip-hop is made in America.

Por su parte, Style Wars es un documental proyectado en la televisión pública de los Estados Unidos en 1984, dirigido por Tony Sylver y se centra en la práctica del graffiti en la ciudad del Nueva York, aunque fue pensado originalmente para hablar de los bailarines de breakdance o b-boys. Cabe destacar que éste fue censurado por algún tiempo debido a las repercusiones en el modo de actuar de los jóvenes neoyorquinos, como ejemplo tenemos el testimonio de Henry Chalfant: “después de la proyección en la televisión pública de Style Wars unos jóvenes fueron sorprendidos en las líneas del tren pintando y se les cuestionó del por qué lo hicieron ante lo que respondieron que lo hicieron porque vieron el documental. Ante esto, el documental fue retirado de la televisión”.

A diferencia de Wild Style, este documental aborda y construye de una manera particular la representación de la cultura hip-hop. En primera instancia, Style Wars es un documental inscrito en la antropología visual que pone énfasis en la práctica del graffiti. En este documental se percibe cómo los jóvenes cuestionan el orden social y la autoridad institucional, representadas por la alcaldía de la ciudad de Nueva York y los responsables del transporte urbano. Al ritmo del subterráneo se presenta al espectador los testimonios de los escritores callejeros y sus detractores.

Imagen: El director Tony Silver y y el fotógrafo Henry Chalfant, durante la filmación de Style Wars, del libro “Martha Cooper Hip Hop Files. Photographs 1979-1984”.

Es el año de 1982 y el tren de la vía 16 está a punto de iniciar su marcha. Éste, con paso zig-zagueante, se muestra al espectador en la obscuridad del anochecer, mientras que parcialmente es iluminado por algunos reflectores colocados a lo largo de la vía. El tren, frío y solitario, comienza a revelar las  señales de vida y reclamo de la juventud marginal, mientras que parte de El ocaso de los dioses de Wagner zigzaguea nuestros oídos. Letras, colores y estilos se desplazan sobre las vías férreas. El tren se convierte en el gran lienzo artístico de los pintores callejeros: es el escenario en el que sus nombres se deslizan por toda la ciudad. La guerra de los estilos ha comenzado, el control por la ciudad también y los jóvenes dicen: ¡YO SOY… NOSOTROS SOMOS!

Style Wars, en voz de sus propios creadores “es el registro fílmico de la época de oro de la creatividad juvenil que explotó para el mundo desde una ciudad en crisis”, en donde podemos hallar una dialéctica discursiva sobre la identidad juvenil. En este filme aparece la noción de resistencia de los estudios culturales, que resalta como “las clases populares movilizan un repertorio de obstáculos para enfrentarse a la dominación” (Eguzki Urteaga: 2009), lo cual lleva a la creación de micro-espacios de autonomía y de fiesta, como es el caso del hip-hop y el graffiti-

De este modo, Style Wars es un campo adecuado para desentrañar esta noción de resistencia, ya que esta obra cinematográfica expone dialécticamente las implicaciones sociales de una práctica como el graffiti en una sociedad híper-capitalista, hegemónica y alienada. Respecto a los sistemas de valores y las representaciones del status quo o los discursos y símbolos que participan en el registro alienante de la aceptación de las ideas dominantes, el documental Style Wars exponen distintas expresiones de critica hacia la práctica del graffiti. Por ejemplo, tenemos el testimonio del detective Bernie Jacobs del Departamento de la Policía de Transito, el cual dice:


El graffiti, como su nombre lo indica, no es arte. El graffiti es solo la aplicación de un medio a una superficie. Te mostraré graffiti, como las letras que están en el extremo de ese tren atrás de mi. Eso es una forma de arte? Yo no sé. Yo no soy un crítico de arte criminal. Pero puedo asegurarte que eso es un crimen.

Así, desde esta primera noción, el graffiti simbolizaba la pérdida del control, la desobediencia y el descontento social, encabezada, sorprendentemente, no por delincuentes, asesinos o traficantes de drogas, sino por  jóvenes de 15 años creativos y con intereses artísticos comunes. Por ende, dicha situación se convertía en una cuestión de dominación del sistema. Esos niños y jóvenes eran una amenaza al estilo de vida norteamericano, como destaca un escritor:


Están diciendo que los niños corren en el metro, que el sistema está fuera de control, que muchachos de entre 15 y 16 años de edad están dominando el sistema y el graffiti es el símbolo de ello…

En contraparte, la forma narrativa del documental presenta las opiniones de estos jóvenes, pertenecientes a las clases populares, para hacernos comprender como desde la resistencia cultural ellos movilizan un repertorio de obstáculos para enfrentarse a la dominación y crear  micro-espacios de autonomía y de fiesta, que les ayuda a la conformación de una identidad grupal e individual.

“Ellos se hacen llamar a si mismos escritores…Ellos escriben sus nombres, entre otras cosas, en todas partes”, enfatiza el narrador inicial del documental. A esta acción de pintar los trenes se le llamó “bombardear”, que, de acuerdo a estos jóvenes, se equipara con la música rap y el break dancing, por lo que  “la escritura del graffiti en Nueva York es una vocación. Es una tradición que se pasa de mano en mano de una generación a la otra”.

Otro aspecto importante que destaca el documental es que en este movimiento no sólo participaban jóvenes afroamericanos o latinos, sino también anglosajones, como a continuación menciona un “escritor”:


Me encanta robar la pintura.  Lo sé, ya sabes, todo el mundo sabe cómo se roba.  A veces me robo 15 latas en una sola vez.  Guardándolos en tu abrigo, en tu camisa, en la parte posterior de tus pantalones…Es fácil. Es más difícil para los niños negros o para los hispanos, porque como todo el mundo piensa que un escritor de graffiti es negro y puertorriqueño, y eso es como, ya sabes, está mal. Mucha gente blanca también pinta.

Finalmente, ante las acciones del gobierno por controlar el graffiti, un joven afirma:


Siempre habrá graffiti. Es una parte de Nueva York. Estará allí para siempre. Alguien siempre querrá saltar en la vía, o mientras el tren se está moviendo, simplemente sacará una lata de pintura o un marcador y colocará su inicial.

De este modo, Style Wars nos traslada al nacimiento del arte callejero y nos permite observar la interacción internas de los practicantes de graffiti y también sus relaciones con las formas hegemónicas de control. Si Wild Style patentó el hip hop, Style Wars le dijo al mundo: el graffiti es un símbolo de Nueva York y llegó para quedarse.

Finalmente, podemos afirmar que las obras fílmicas de Style Wars y Wild Style, entendidas como hechos cinematográficos, presentan la construcción de una identidad juvenil en los Estados Unidos denominada hip-hop, materializada en distintas prácticas de subversión y resistencia subcultural como el rap, el graffiti y el break-dance. En este sentido, ambas obras pueden ser consideradas documentos que permiten entender esos momentos de subversión y cuestionamiento del orden social por parte de los jóvenes marginados y así entender sus prácticas como actos de resistencia planteados desde abajo.

Fuentes de consulta

Cooper, Martha, Hip Hop files. Photographs 1979-1984, Alemania, From Here to Fame Publishing, 2004.
De los Ríos, Patricia, “Sociedad y cultura en Estados Unidos, 1960-1980”, en EUA. Síntesis de su historia IV, México, Instituto Mora, 1998.
Eguzki Urteaga, “Orígenes e inicios de los estudios culturales” en Gazeta de Antropología, núm. 25, 2009.
Martínez García, María Angeles, “Los estudios culturales y el cine en España. Prospectiva de una desavenencia”, en Mancinas-Chávez, R. (ed.), Actas del I Congreso Internacional Comunicación y Pensamiento: comunicracia y desarrollo social, Sevilla, Egregius, 2016, p. 496.
Mattelart, A. y Neveu, E., Introducción a los estudios culturales, Barcelona, Paidós, 2004.
McBride, James, “Planeta hip-hop”, en National Geographic, abril del 2007.
Naar, Jon, The birth of graffiti, Munich, Prestel Verlag, 2007.
Rosenthal, Mel, In the South Bronx of America, España, Plan B Barcelona Press, 2000.
Sardar, Z. y Van Loon, B., Estudios culturales para todos, Barcelona, Paidós, 2005.
Stam, Robert, Teorías del cine. Una introducción, Barcelona, Paidós, 2001.
Filmografía
Style Wars, dirigida por Tony Silver, producida por Tony Silver y Henry Chalfant, Estados Unidos, Public Art Films, 1983.
Wild Style, dirigida por Charlie Ahearn, producida por Charlie Ahearn, Estados Unidos, Wild Style, 1983.

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

 

 

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Me muevo entre la fragilidad y la intensidad, con la hermenéutica como mi herramienta para adquirir conocimientos. Soy egresado de la Maestría en Historia por la Universidad de Guanajuato y de la Licenciatura en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialización en historia del siglo XX e historia del cine. Mis intereses: el estudio de los imaginarios, los simbólismos y las representaciones visuales en la sociedad. Mis investigaciones: «¡Órale vato!: La representación de la violencia en American Me», «Simbolismo e imaginario social en la representación cinematográfica Zoot Suit: la construcción del discurso identitario chicano» y «Proyecto Chicano: cine e identidad»
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