Brexit en la oficina

Por   ・ Inglaterra
Texto y fotografías por Roxana Allison. 22 febrero, 2019

Hace tres semanas tuve una agitada discusión con un compañero de trabajo acerca de la salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE) o, lo que es lo mismo, del Brexit.

Vivo en Inglaterra y desde que a través del referéndum de 2016 en el que 52% por ciento de la población votante decidió que el Reino Unido debía salir de la Unión Europea, el tema ha sido una constante en los medios nacionales, en el parlamento británico y en conversaciones entre familiares, amigos, colegas y conocidos.

De manera que mi lugar de trabajo no es la excepción. Entre compañeros de trabajo quisiéramos que el referéndum nunca hubiera ocurrido y vemos con tristeza y nerviosismo el impacto negativo que tendrá; intentando predecir qué pasará después del 29 de marzo e imaginando los posibles escenarios y, en nuestra opinión, ninguno es alentador. Si bien la mayoría se muestra cansado del tema y preocupado por la incertidumbre, en algunos ha aflorado su lado más obscuro al manifestar su postura a favor del Brexit, desenmascarando su racismo reprimido y sus ideas en contra de la migración.

La universidad donde trabajo se localiza en Bolton, un pueblo a 16 km al norte de la ciudad de Mánchester en el que 58.3 por ciento de la población votó a favor de la salida de la UE, lo cual resulta relevante porque la universidad fue construida con financiamiento europeo y una porción de sus estudiantes (aunque no es posible consultar el porcentaje exacto) son originarios de países miembros.

La conversación con mi colega me llevó a escribir este articulo y aunque sospechaba que su ideología sería opuesta a la mía, nunca imaginé el grado de racismo y supremacía blanca que sus argumentos contenían, muchos de los cuales fueron parte central de las campañas a favor, especialmente de UKIP (UK Independence Party, por sus siglas en inglés) en las que los inmigrantes fueron inculpados por  el deterioro de la economía británica con afirmaciones tan simplistas y sin fundamento como que son ellos quienes se “roban” los empleos de los británicos o abusan del sistema de pensiones, del seguro de desempleo o del sistema de salud.

De acuerdo con el análisis realizado por el Migration Advisory Committee es decir, el comité independiente encargado de aconsejar al gobierno en cuestiones migratorias, la inmigración ha tenido efectos positivos para la economía británica. No es posible ver el reporte en línea pero el Financial Times publicó un resumen de sus conclusiones en septiembre de 2018 donde aparecen en cifras los cinco puntos principales del estudio que básicamente contradicen todos los discursos anti-migratorios impulsados por tal partido y el sector mas conservador de la población.

Esto me hizo recordar, justo posterior al referéndum, otro acalorado intercambio de ideas con un miembro de mi familia quien expresó que no estaba tan seguro de que la principal razón fuera anti-migratoria, específicamente contra el libre tránsito de personas entre residentes de los estados europeos miembros, mientras que yo le aseguraba que sí. Entonces nos enfrascamos en una discusión sin salida que a mi parecer reflejaba el estado de polarización de la nación en ese momento y hasta ahora.

Hoy es aun más claro que el motor principal (pero no el único) del Brexit fue frenar la migración hacia la isla británica y aunque es interesante escuchar puntos de vista opuestos para saber donde está una parada, sobre todo en el trabajo, cuando el contrario no está dispuesto a escuchar y activar su pensamiento más crítico, considero que no tiene caso abrirse.

Aunque se piensa que el Brexit representa primordialmente la postura de personas mayores de 60 años, lo cierto es que gente de todas edades y sectores son afines: académicos e intelectuales, maestros, estudiantes, oficinistas, granjeros, pescadores, panaderos, cajeros, pensionados, políticos, choferes, desempleados, amas de casa, etc. No obstante, cabe recordar que no fue la mayoría absoluta de la población quien cambió el curso de la historia, pues el 48 por ciento restante de votantes y los residentes originarios de otros países europeos no tuvieron derecho a emitir su voto, así que el estado actual en el que se encuentra el Reino Unido no es resultado del Brexit por sí solo.

A pesar de que las leyes migratorias están en constante ajuste desde hace tiempo y que fue Teresa May, la Primer Ministra actual, quien impulsó diversas reformas entre 2010 y 2016, siendo secretaria de estado, sin duda el  Brexit ha servido para promover cambios contundentes en los últimos dos años con requerimientos que se modifican en cuestión de semanas.

No obstante, el principal responsable de la crisis generalizada que enfrenta la sociedad británica es el gobierno conservador (The Conservative Party o Tory, en inglés) que ha impuesto recortes presupuestales a todos los servicios públicos afectando no solo a sectores de la población vulnerables, sino también a aquellos que gozaban de una cierta estabilidad, de modo que 14 millones de personas viven actualmente en situación de pobreza, de las cuales 1.5 millones viven en extrema pobreza en un país que ocupa el quinto lugar dentro de las economías más fuertes a nivel mundial según los resultados arrojados por el Instituto de Estudios Fiscales y la Robert Rowntree Foundation.

Para confirmarlo, basta con citar a Philip Alston, relator especial sobre extrema pobreza y derechos humanos de la ONU, quien declaró en su conferencia de prensa de noviembre en Londres que: “Austerity Britain” (Gran Bretaña Austera) incumplió cuatro acuerdos en materia de derechos humanos establecidos por la ONU y relativos a mujeres, niños, personas con discapacidad y asuntos económicos y sociales. “Si en una sala se reuniera un grupo de misóginos que indicara cómo podrían hacer que este sistema funcionara para los hombres y no para las mujeres, no habrían tenido muchas ideas ajenas a las que están siendo implementadas”, dijo.

De igual forma, precisó que los niveles de pobreza infantil en el Reino Unido son “no solo una desgracia, sino una calamidad social y un desastre económico”.

Aunque la insuficiencia económica en el Reino Unido aún no es comparable con la de países latinoamericanos como México, mi país de origen y donde aproximadamente el 40% de la población vive en la pobreza según cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, es alarmante saber que el grado de desigualdad económica entre ricos y pobres se ha hecho más evidente desde que el partido conservador ocupa el poder, pues me atrevo a intuir el curso de la economía británica podría encaminarse hacia patrones semejantes a los de países en desarrollo más rápido de lo que parece si las medidas de austeridad continúan.

La Inglaterra en la que vivo no es aquella que luce estable y boyante. Aquellas imágenes de Londres donde los turistas pululan en las calles y la zona financiera se levanta como fortaleza con sus inmensos edificios de cristal no es la misma en la que vive la mayoría de la gente. La Inglaterra que habito está al norte donde altas chimeneas en desuso prevalecen como vestigio de un pasado industrial, donde los recortes presupuestales han sido extremos y gente sin hogar ocupa esquinas y banquetas y un sin fin de negocios, grandes y pequeños, independientes y transnacionales, han cerrado sus puertas.

Para ejemplificar, hace un par de semanas tuvimos la visita de una ex alumna quien terminó la carrera de fotografía hace algunos años y ahora vive con su hija. Nos confesó que está desempleada desde hace tiempo y entrevimos que no había comido nada en todo el día y que algunos amigos le proveen víveres básicos para alimentar a su pequeña.

Similar es la historia de otra ex alumna polaca con dos licenciaturas terminadas en el Reino Unido quien recientemente recibió la orden de tramitar su estancia permanente, pero debido a su situación legal irregular en este país, no tiene forma de comprobar los diez años que ha residido en el país. Así que sus dos hijos nacidos en Inglaterra tienen derecho a quedarse, pero ella debe irse.

En el pasado, estudiar una licenciatura era más asequible y garantizaba encontrar trabajo dentro del campo estudiado; sin embargo, a raíz de los recortes a las becas de manutención y transporte y al incremento de las colegiaturas anuales (nueve mil libras por año a nivel licenciatura para residentes permanentes), la educación superior se ha convertido en un privilegio y un negocio, por lo que aquellos sin los recursos suficientes enfrentan deudas de aproximadamente 30 mil libras al concluir sus tres años de educación.

Por otro lado, en la cooperativa de vivienda de la que formo parte del comité general, hemos observado un repunte en el incumplimiento de pago de las rentas de aquellos residentes que reciben beneficencia económica del estado; esto desde que el gobierno actual les impusiera el nuevo sistema llamado universal credit (crédito universal) en el que cada beneficiario administra una cantidad total para todos sus gastos de manutención y vivienda en lugar de ser el estado quien reparta los pagos a los diferentes proveedores de servicios. Por si fuera poco, debido a la ineficiencia en la transición al nuevo sistema los apoyos han sido retrasados y mal administrados, lo que ha dejado a cientos de personas en situación de calle, especialmente a personas discapacitadas y mayores.

Fotografía: Roxana Allison.

Recurrir al sistema de ayuda pública es un derecho que se solicita temporalmente; no obstante, hay ciudadanos que han permanecido por muchos años o toda su vida como beneficiarios debido a diversas circunstancias, una de ellas el desmantelamiento de la industria británica (algodonera, de hidrocarburos y del acero) que resultara en amplias fracciones de la población sin empleo y a la deriva, sin opciones de trabajo digno donde sus habilidades sean útiles, valoradas y con salarios que les permitan alcanzar la solvencia económica.

Las experiencias descritas no son casos aislados, otros ex alumnos y miembros de la cooperativa nos han hecho saber que su situación personal es semejante; es decir, que estos ejemplos reflejan una problemática global. En comparación con otros países, aún hay beneficios a los que se tiene derecho, como la pensión por desempleo o discapacidad o el servicio de salud gratuito, pero bajo el régimen conservador están en riesgo de desaparecer.

Como residente en el Reino Unido, es imposible hacer a un lado cuanto ocurre en el plano socio-político actual. En su mayoría, mis amistades están atemorizadas al no saber si podrán quedarse, algunas de ellas tienen toda una vida en este país, pero dudan cumplir con los requisitos para comprobar su estatus legal y solicitar su estancia permanente, ya que hasta hace dos semanas no había sido necesario y nunca antes se vislumbró que esto ocurriera.

Por supuesto, las circunstancias de cada persona y cada familia son distintas.

Frente a este panorama, han surgido campañas anti Brexit a lo largo y ancho de todo el país. Hubo un tiempo en que cada fin de semana los ciudadanos se manifestaban para protestar portando calcomanías en la ropa con la leyenda “Bollocks to Brexit” (Brexit al carajo) y diariamente en redes sociales no dejan de leerse mensajes dando razones y declarando que el referéndum no nos obliga legalmente a salir de la UE, así como diálogos acalorados y polarizados como el mío con el colega de trabajo.

Inmediatamente después del referéndum el ambiente se sintió tenso, mucha gente, británicos y extranjeros, dejó de ver este país como un lugar incluyente que recibe a personas de cualquier nacionalidad. Conozco a más de una que decidió regresar a su país de origen o buscar otro como alternativa. Si bien es cierto que el racismo ha existido siempre, anteriormente no estaba considerado como una amenaza porque se encontraba reprimido y no era tan abierto, al menos en las grandes ciudades.

En síntesis, muchos británicos nativos ya no reconocen su propia tierra ni a su propia gente. Se sienten tan extraños como los inmigrantes que viven en el limbo de su permanencia en este país.

 

Las ideas aquí expresadas son responsabilidad de sus autores. Miradas Múltiples las ha incluido en apoyo a la libertad de expresión y el respeto a la pluralidad.

Comparte: Brexit en la oficina

por

Inglaterra

Mi nombre es Roxana Allison. Aunque nací en Inglaterra, soy mexicana y, entre otras cosas, me dedico a la fotografía documental. Mi práctica fotográfica se centra en temáticas de identidad cultural, memoria, sentido de pertenencia y migración. He hecho radio comunitaria y también he trabajado en colectivo por diversas causas. Los proyectos en los que me involucro nacen de un interés personal por tratar de cambiar algo o exponer una problemática que me preocupa y que necesita ser conocida en distintos lugares con la intención de que otros puedan reflejarse. Miradas Múltiples me da la oportunidad de aprender y colaborar con un equipo de personas comunes en un ambiente positivo, amigable y solidario
Contacto

Ver artículos relacionados